Una carta para mi primo Javier

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ANÁLISIS | LA CANTINA
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VALÈNCIA. El 12 de junio recibí un mensaje que me conmovió. “Querido primo, hay algo que llevo meses queriendo contarte…”. El corazón se me aceleró y, a continuación, mi primo Javier, que vive en Miami desde hace años, subió la foto que hizo en su día de su inscripción al Maratón de Valencia. “El objetivo es terminar. Sin andar. Sobrevivir… Y a ser posible, disfrutar”. Luego me sacó una sonrisa porque me dijo que pensaba viajar con el mayor de sus dos hijos, de seis años, y hacer que viniera su padre, de 83.

El reto y la presencia de los tres tenía su miga. Álex Heras, una de las grandes cabezas pesantes del Maratón de Valencia, me reñirá hoy por volver a contarlo, pero yo empecé a correr hace 41 años gracias a mi tío, otro Fernando Miñana, y padre de Javier. Él, que vivía en Alicante, corrió las cinco primeras ediciones: de 1981 a 1985. Durante la preparación, si venía a pasar el fin de semana a València con la familia, dejaba el coche, se presentaba en mi casa, me sacaba de la cama y nos íbamos a correr. Yo era un adolescente, pero era muy deportista y desde el primer día me pareció mágico eso de correr por la calle, los parques y hasta por el antiguo cauce del río, por donde, ojo, aún pasaba el Túria.

El día de la carrera, salía bien temprano de casa y buscaba un lugar por el que pasaban los corredores para intentar verle y animarle. No era fácil y a veces se me escapaba, pero no me importaba demasiado porque me resultaba hipnótico ver pasar a gente corriendo. Es algo que me ha pasado toda la vida.

Luego él se lo dejó, imagino que por alguna lesión y por esas decisiones absurdas que tomamos en la vida, y lustros después, en 2000, fui yo quien corrió el Maratón de Valencia. El segundo maratoniano de la familia. De ahí que, ahora que Javier quería convertirse en el tercero, propusiera un encuentro y una foto para inmortalizarlo el 6 de diciembre.

Javier no volvió a escribirme hasta el 11 de septiembre. Ahí me anunciaba que iba a correr una media en Toledo (Ohio) y otra en Nueva York. Ese día el tono era distinto. No se palpaba la ilusión. Mi primo estaba frustrado. En esos mensajes me contaba que pesaba más de 90 kilos pese a medir 1,76, y que no era por obesidad sino porque es un tipo grandote, con la constitución de un jugador de fútbol americano, con una masa ósea y muscular significativa. “Tristemente te comunico que no voy a ir al Maratón de Valencia”, me puso.

Eso me entristeció. Me hacía mucha ilusión verle convertido en el tercer maratoniano de la familia, pero me explicó que no estaba totalmente convencido de hacer menos de cinco horas y media a su trote cochinero. Y entonces sacó un argumento que no comparto pero que me pareció poco elegante rebatir en ese momento de dolor. “En casi todas las carreras americanas no hay prácticamente límite de tiempo. El recorrido está abierto por ocho o nueve horas”. Y remató con una frase que me entristeció. “Así que con dorsal y todo, renuncio a València hasta que esté seguro de que no me voy a meter el viajazo para que me obliguen a entrar en el coche escoba humillado por ser feliz a mi ritmo”.

Mi primo defendía las casi nueve horas de Nueva York o las seis y media de Chicago porque eso, insistía, era lo que las convertía en carreras populares de verdad. Le dije que Estados Unidos era otro rollo y no metí el dedo en la herida. Ya habría tiempo.

El tiempo ha pasado y hoy, un mes después, le escribo esta carta para explicarle lo que yo pienso: si no estás capacitado para correr 42,195 kilómetros en cinco horas y media, es que no es tu momento para correr un maratón. Lo siento pero es lo que pienso. Esa marca equivale a hacer cada kilómetro a 7 minutos y 49 segundos. Cuando yo camino deprisa, sin volverme loco, voy a cerca de nueve minutos por kilómetro.

La historia era perfecta y a mí me hacía una ilusión bárbara, pero, Javier, debes saber dos cosas: creo que es imposible disfrutar durante cinco horas y media corriendo a esa velocidad, y, por otro lado, te animo a no pararte, a seguir entrenando, a buscar un entrenador de carne y hueso que sepa de esto. Y si persistes y cuidas todo lo que no es correr, ademas de hacerlo con más ciencia, seguro que podemos hacernos la foto en 2027 o 2028.

Y si no, tampoco pasa nada. Yo no pienso volver a correr un maratón en mi vida y este año he corrido dos medias después de 18 años sin hacerlo. Soy feliz con esto. No necesito más. El objetivo, y más a determinadas edades, creo que no debe ser un desafío concreto, sino mantenerte en forma y cuidarte.

No desistas y sigue corriendo (no hagas como tu padre).

Te quiere, tu primo Fernando.

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