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De València al mundo: Flama diseña gafas de minimalismo brutalista contra la obsolescencia

La compañía busca adentrarse en el mercado internacional con dos colecciones y su propio sistema de reparación

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VALÈNCIA. En una industria dominada por grandes multinacionales y ciclos de producto cada vez más cortos, una joven firma valenciana quiere demostrar que otra forma de fabricar gafas es posible. Flama, fundada por Luis García, emprendedor valenciano formado en EDEM y el diseñador griego Paris Koutsavelis, propone una óptica que combina estética de minimalismo brutalista con un enfoque contra la obsolescencia programada: un sistema que permite reparar las gafas con más facilidad. 

García acumula más de diez años de experiencia en el sector óptico, un camino que comenzó ya durante sus años universitarios. "Empecé en la universidad con un proyecto de gafas que no tiene nada que ver con lo que hacemos hoy. Pero esa fue la semilla", explica. Entre medias, el emprendedor creó una empresa dedicada a la importación y distribución de producto sanitario. Sin embargo, el proyecto terminó resultándole demasiado centrado en la vertiente sanitaria. "La industria de la óptica es 50% salud y 50% moda. En ese proyecto había perdido completamente esa parte creativa", recuerda.

La oportunidad de reconectar con ese enfoque llegó con el encuentro con Koutsavelis, un diseñador con reconocimiento en la industria que se trasladó a València. Ambos comenzaron trabajando juntos como freelance, pero pronto comprobaron que compartían una misma visión. "Yo tenía muy clara la idea desde el principio y París ha sabido aterrizarla en el diseño de producto de forma muy atractiva", explica el fundador. Koutsavelis, que además es óptico, ingeniero de producto y diseñador, es hoy cofundador de la compañía. 

Un sistema de reparación contra la obsolescencia

La propuesta de Flama parte de una premisa poco habitual: antes de diseñar las gafas, desarrollaron un sistema de reparación. La empresa ha creado el proceso Modular Repair System (MRS), un sistema mecánico que permite desmontar y sustituir cada pieza de la montura. La idea nace de una reflexión sobre sostenibilidad. "Lo verdaderamente sostenible es que algo se fabrique una vez. Si lo haces pensando en que puede repararse y alargar su vida útil, ¿qué hay más sostenible que eso?", reflexiona García.

Para lograrlo, las monturas se ensamblan con tornillería en lugar de resinas o piezas inyectadas, lo que permite sustituir cada componente sin tener que reemplazar la gafa completa. Flama ha diseñado incluso sus propios tornillos y un set específico de destornilladores. Cuando una óptica comienza a trabajar con la marca recibe un kit de mantenimiento y reparación que permite arreglar las monturas directamente en tienda. Además, el sistema está respaldado por un seguro denominado Artefact que garantiza la reparación tanto a través del óptico como desde el propio taller de la empresa en València.

La filosofía también se refleja en su política de servicio. Mientras la mayoría de marcas ofrece garantías de tres años, Flama se compromete a reparar sus gafas incluso pasado ese periodo. "Si dentro de seis años quieres mantener tus gafas, la ley no te ampara, pero nosotros nos comprometemos a repararlas", afirma.

La primera colección de la firma está fabricada en acetato de celulosa prensado. A esta línea se suma otra colección en titanio puro con varillas de metatitanio, un material que aporta mayor flexibilidad y reduce el peso en diseños completamente metálicos. El resultado son monturas de estética marcada, con un lenguaje visual que la propia marca define como “minimalismo brutalista”. Diseños conceptuales que no buscan el mercado masivo, sino un público dispuesto a apostar por piezas más arriesgadas. "Hemos creado un ADN estético muy claro. Con el tiempo iremos ampliando hacia gustos más amplios, pero siempre manteniendo ese ADN creativo", apunta.

Un nicho frente al oligopolio

La industria global de las gafas mueve miles de millones de euros y está fuertemente concentrada en grandes grupos que gestionan licencias de marcas de moda y producen monturas de alta rotación. Frente a ese modelo, Flama busca posicionarse en un nicho mucho más reducido: ópticas boutique que seleccionan cuidadosamente las marcas que venden y un consumidor más exigente con lo que compra.

"Después de las grandes multinacionales hay espacio para proyectos pequeños con propuestas muy claras”, apunta el fundador. El objetivo es trabajar con entre 80 y 100 ópticas especializadas en España y a partir de ahí exportar su producto. En una etapa anterior, con una propuesta más comercial, la empresa llegó a tener presencia en alrededor de 400 puntos de venta. Ahora la compañía se encuentra en pleno proceso de redefinición de su red comercial.

"El óptico que vendía bien nuestra primera colección probablemente no encaje con estos nuevos diseños", admite. Por ello, Flama está renovando tanto su red de agentes como de distribuidores, especialmente fuera de Europa.

Primera prueba internacional

Hace algunas semanas, el equipo regresó de Milán tras presentar su propuesta por primera vez en el mercado internacional. El objetivo de la compañía es crecer fuera de España. "Los mercados del norte de Europa están más abiertos a propuestas conscientes como la nuestra", explica. La experiencia en la feria italiana sirvió para validar el interés por el proyecto.

Entre los contactos surgidos en el evento figuran oportunidades de distribución en Marruecos, Estados Unidos, India o incluso conversaciones con potenciales socios en Australia. A ello se suman mercados europeos donde la firma ya tenía presencia, como Italia, Francia o Grecia, y nuevas áreas de interés como Reino Unido, Bélgica, Suiza u Holanda. La próxima parada será París, donde en septiembre presentarán una nueva colección de acetato en la feria Silmo.

El impulso internacional llega acompañado de financiación. Hace un año la compañía cerró una ronda presemilla con siete inversores de su entorno cercano. Tres de ellos se sumaron tras un evento de inversión organizado por Lanzadera. La operación, aunque de tamaño reducido, ha permitido a la empresa avanzar en su nueva etapa junto a financiación pública a través de un préstamo de Enisa.

El proceso creativo se realiza en València, donde el equipo diseña y prototipa las monturas. La fabricación se realiza en Shenzhen (China), con visitas periódicas del fundador para supervisar los estándares de producción.

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