La relación entre tecnología y educación no es un tema nuevo. Sus abogados sostienen su potencial para democratizar el conocimiento, personalizar la enseñanza, mejorar resultados y aumentar la motivación y el tiempo disponible de aprendizaje. Puede que todo ello sea cierto, pero distintos estudios científicos demuestran que no somos ahora más inteligentes que nuestros abuelos, sin ver una pantalla en su vida.
En 1984, el investigador James R. Flynn descubrió que el cociente intelectual (CI) de los seres humanos se había incrementado de forma sorprendente en todos los países a lo largo de todo el siglo XX. Este aumento de la inteligencia de la población recibió el nombre de Efecto Flynn. El investigador justificaba que este fenómeno se debía, más que a un avance genético, a un entorno cada vez más complejo que nos obligaba a usar el pensamiento abstracto con más frecuencia. Sin embargo, los estudios más actuales relacionados con el Efecto Flynn apuntan a una reversión en los puntajes de CI, especialmente en los países más desarrollados. Otros estudios, como el de la americana Universidad de Northwestern, muestran caídas en áreas como razonamiento verbal, visual y resolución de problemas.
Tampoco en España la introducción de la tecnología en las aulas nos ha librado de ocupar los últimos puestos en el informe PISA, un indicador internacional que mide las competencias educativas de los estudiantes en más de ochenta países del mundo de entre quince y dieciséis años al finalizar la Educación Secundaria Obligatoria (ESO). Desde hace más de una década, dicho informe sitúa a España por debajo de la media europea.

- Equipo de la startup valenciana Kämpe. -
Algunos expertos explican este retroceso intelectual argumentando que no es que seamos más tontos, sino que nuestras mentes se están reconfigurando para un mundo digital donde el pensamiento lineal y abstracto de los test antiguos ya no es la prioridad.
Asumiendo que la digitalización no tiene marcha atrás y que, guste o no, hay que adquirir las habilidades mínimas para desenvolvernos en el nuevo entorno, en esa reconfiguración, educadores, psicólogos y pedagogos juegan un papel crucial. Pero también algunas startups tratan de hacer su peculiar aportación.
IA aplicada a la educación
«Llevamos muchos años trabajando para crear un impacto real en el aula desde el apoyo incondicional a los docentes», señala Alan Fusté, CEO de Mathew, una startup barcelonesa de tecnología educativa ganadora de la edición ibérica de los Global EdTech Startup Awards (GESAwards), la mayor competición internacional que reconoce a las empresas emergentes más innovadoras de la industria tecnológica educativa.
Lo que han desarrollado en Mathew es una plataforma con inteligencia artificial pensada específicamente para el aula en etapa no universitaria. Permite crear actividades adaptadas al currículo oficial, evaluar automáticamente —también tareas manuscritas— y acompañar de forma individualizada a cada estudiante. Quieren reforzar así el papel del profesorado, garantizar la inclusión y conectar a toda la comunidad educativa con transparencia y confianza.
Su tecnología permite digitalizar los procesos más costosos para el profesorado pero manteniendo el papel como soporte. De cara a la personalización, los docentes pueden hacer un seguimiento individual y grupal del alumnado con indicadores claros; detectar de forma temprana estudiantes en riesgo de suspenso; generar recomendaciones personalizadas según ritmo y necesidades, e integrarse fácilmente con entornos digitales como Moodle, Microsoft Teams, Google Classroom y Apple.
Aclarar también que Mathew acompaña; nunca sustituye las decisiones del profesorado. «La educación y el mundo están cambiando. La inteligencia artificial está aquí para ayudarnos a desbloquear nuevas posibilidades y oportunidades educativas», concluye Alan Fusté, cofundador de la startup junto con Xavi Velasco.

- Alan Fusté y Xavi Velasco, fundadores de Mathew. -
También en CenteIA recurren a la inteligencia artificial, no tanto como herramienta de apoyo a la comunidad docente, sino como a la formación de profesionales del futuro. «CenteIA Education es una institución académica especializada en inteligencia artificial diseñada para personas que no tienen conocimientos previos de tecnología. Nuestro foco está en un segmento tradicionalmente olvidado por el sector digital: profesionales de 35 a 65 años que no han crecido con la tecnología y que, sin embargo, necesitan adaptarse a los cambios que la inteligencia artificial está introduciendo en todas las industrias», es el resumen que hace de su solución Jordi Segura Pons, el joven cofundador de esta startup junto a Armand Pujadó.
Se enmarcan dentro del sector de la educación y formación online. La evolución de la empresa, hasta ahora, ha sido espectacular. En apenas un año de vida han conseguido facturar cerca de seis millones de euros con las distintas líneas de negocio que han puesto en marcha, incluyendo un servicio de consultoría de IA y un software de creación de chatbots. La intención es consolidarse «como la institución académica líder en tecnologías disruptivas en el mundo hispanohablante e internacional. Nuestra visión es formar a millones de profesionales y servir como puente para ese enorme porcentaje de la población (el 95%) que no es técnica y que, aun así, necesita adaptarse a los cambios acelerados que trae la inteligencia artificial», declaran.
Para los que no quieren estudiar
Lo que no soluciona la IA es dar respuesta a aquellos que se niegan a estudiar. Aunque la tendencia es a la baja, con un 12,8%, España sigue situándose entre los países con mayor abandono escolar de la Unión Europea, solo por detrás de Rumanía, y aún lejos del objetivo europeo del 9% fijado para 2030. Se incluyen aquí los jóvenes de dieciocho a veinticuatro años que no han completado la educación secundaria superior —etapa tras la ESO (dieciséis-dieciocho años), incluyendo Bachillerato y FP de Grado Medio, orientada a la universidad o inserción laboral— y que no participan en ninguna formación.
El abandono escolar temprano, además de medir la salud del sistema educativo, tiene consecuencias a nivel personal y social. Muchos de los que desisten se enfrentan a mayores tasas de desempleo e inestabilidad económica. Como factores agregados, se habla de un aumento de gastos sociales y un desaprovechamiento de mano de obra.
Es cierto que los perfiles tecnológicos son ahora los más cotizados en el mercado, pero hay sectores tradicionales que acusan la falta de mano de obra capacitada para cubrir las vacantes no atendidas por el relevo generacional. Aquí es donde pone el foco la startup valenciana Kämpe, que integra aprendizaje online y empleo en oficios técnicos desde el primer día.

- Equipo de la fintech Bcas. -
Impulsada por Zubi Labs, se dedica a desarrollar soluciones innovadoras para aumentar la inserción laboral en sectores estratégicos como las instalaciones, el mantenimiento y la construcción a través de un modelo de formación acelerada y mentoría que conecta directamente a trabajadores con empresas.
Fernando Marzal, CEO de Kämpe, explica que han creado una nueva categoría educativa que denominan Profesión Formacional. La diferencia con la Formación Profesional es que ellos unen aprendizaje y empleo desde el primer día. El acceso a esta formación no requiere de ningún título académico previo.
Sa basa en el aprendizaje práctico de un oficio que se inspira en la antigua fórmula del aprendiz bajo la guía y supervisión de un maestro experimentado. Imparten cursos dentro de las ramas de fontanería, electricidad, instalación de puntos de recarga o climatización, entre otros. Desde el inicio, los alumnos trabajan en alguna de las más de 120 empresas que colaboran ya con Kämpe cobrando no como aprendices, sino como contratados. La formación teórica se completa con píldoras de microlearning y otros recursos online que el alumno consume a demanda. La inteligencia artificial la utilizan en este caso para ofrecer rutas formativas personalizas, mentoría y matching con empresas.
Para los alumnos, funcionan con un modelo de suscripción B2C (Business-to-Consumer o empresa a consumidor). Culminar la formación da acceso a un certificado de profesionalidad o un carnet de industria que acredita sus competencias para el desempeño de esa actividad laboral específica. Para las empresas colaboradoras, el gasto se limita al pago del salario y las cuotas a la seguridad social del aprendiz. Según explica Marzarl, más del 90% de los alumnos egresados acaban trabajando en esa misma empresa.
Con el paso del tiempo, la propuesta de Kämpe ha evolucionado ampliando la oferta docente a mayores de 55 años en situación de desempleo mediante lo que han bautizado como BootKämp. Se trata de un programa intensivo de seis semanas en electricidad, fontanería y climatización.
Para que el factor económico no suponga una barrera de entrada, el programa incorpora un modelo de financiación condicionado a la inserción laboral. Gracias a una alianza con la startup fintech Bcas, los alumnos pueden formarse sin realizar un pago inicial y abonar el coste del programa cuando accedan a un empleo técnico.

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* Este artículo se publicó originalmente en el número 135 (abril 2026) de la revista Plaza