CASTELLÓ. El precio de los locales comerciales se está convirtiendo en uno de los principales factores de transformación del comercio urbano en la Comunitat Valenciana, según expone el último informe sobre el comercio minorista, elaborado por la oficina del Pateco para la Dirección General de Comercio, Artesanía y Consumo de la Generalitat.. El documento alerta de que el encarecimiento de los locales ha dejado de ser un fenómeno coyuntural para convertirse en un factor estructural "de expulsión del pequeño comercio y una barrera de entrada para nuevos operadores".
En Castellón, el precio medio de oferta del alquiler de un local comercial ronda los 800 euros mensuales, recoge el documento. Aunque la cifra se sitúa sensiblemente por debajo de la media autonómica, de 1.140 euros al mes, el coste es relevante, ya que supone un gasto de 9.600 euros al año que el establecimiento debe generar antes de afrontar el resto de sus costes de explotación.
Según Pateco, el local se ha convertido en un activo atractivo para los inversores y los propietarios de los locales, al subir la rentabilidad bruta hasta el 9,9% a nivel nacional. Las capitales valencianas se sitúan en la franja alta y Alicante alcanzó el 10% en 2025, una circunstancia que provoca tensión y propicia una presión creciente sobre las rentas, así como una mayor dificultad para que los pequeños comerciantes puedan acceder a las mejores ubicaciones.
El alquiler, junto con el aumento de los costes, las dificultades de relevo generacional y la adaptación tecnológica, ha situado al pequeño comercio valenciano en una situación complicada. Entre 2023 y 2025, Castellón se ha quedado sin un 9% de sus empresas de comercio minorista y ha visto cerrar el 6,7% de sus establecimientos, un descenso muy superior al registrado en Valencia y Alicante.
En la provincia, la mayor reducción se ha registrado en Castelló de la Plana, que ha perdido un 12,2 % de sus locales, el mayor ajuste porcentual entre las principales ciudades de la Comunitat Valenciana. No obstante, la capital mantiene una importante masa comercial, con 2.036 establecimientos, lo que la sitúa como la cuarta ciudad valenciana con mayor número de comercios, solo por detrás de València (8.900), Alicante (3.879) y Elche (2.629).
Del pequeño comercio a la franquicia y la restauración
El informe identifica ya un cambio en la composición de los principales ejes urbanos. Autónomos y microempresas están siendo desplazados de las zonas centrales, mientras los locales de mayor atractivo comercial son ocupados progresivamente por grandes franquicias, establecimientos de restauración y operadores con mayor capacidad financiera.
Pateco relaciona directamente este proceso con la capacidad de generar margen del comerciante. Cuando las rentas aumentan por encima de lo que puede soportar el negocio, el local deja de ser un coste asumible y se convierte en un elemento que determina la propia viabilidad de la actividad.
El problema se extiende también a quienes pretenden abrir un nuevo establecimiento. Un emprendedor debe asumir desde el inicio el alquiler, además de las inversiones necesarias para acondicionar el local, comprar equipamiento y poner en marcha el negocio, según el informe.
Castellón está por debajo de la media, pero la presión existe
La situación de Castellón presenta una particularidad frente a Valencia o Alicante: el precio medio del alquiler es considerablemente inferior. Los 800 euros mensuales están lejos de las rentas de los ejes prime de las grandes capitales valencianas.
Sin embargo, el análisis advierte de que el problema no debe medirse únicamente comparando ciudades. La clave está en la relación entre alquiler, facturación y margen del negocio. Un local de 800 euros al mes cuesta al comerciante 9.600 euros anuales. Si el establecimiento no dispone de suficiente margen para absorber ese coste después de pagar mercancías, personal y demás gastos, incluso una renta inferior a la media autonómica puede convertirse en una barrera.
Un mercado atractivo para el propietario, difícil para el comerciante
La paradoja que pone de relieve Pateco es que el mismo local puede ser un activo desde el punto de vista inmobiliario y, al mismo tiempo, resultar demasiado costoso para el pequeño empresario que necesita explotarlo.
La rentabilidad bruta cercana al 10% anima a la entrada de inversores. Pero esa presión inversora puede elevar las rentas y favorecer a los operadores con mayor capacidad económica.
De este modo, el mercado puede generar una selección progresiva de los negocios que consiguen permanecer en las mejores calles: menos pequeños comercios independientes y mayor presencia de franquicias, cadenas, restauración y operadores capaces de asumir alquileres elevados.
El diagnóstico de Pateco apunta, por tanto, a una transformación del comercio urbano que va más allá del precio de un alquiler concreto. El problema es que el coste del espacio comercial puede crecer más rápido que la capacidad del pequeño negocio para generar margen, elevando el umbral de viabilidad y dificultando tanto la permanencia de los comerciantes actuales como la entrada de nuevos emprendedores.
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