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Luces y sombras del sector agroalimentario valenciano

La Comunitat reafirma su posición como tercera potencia exportadora y líder absoluta en cítricos, aunque se enfrenta a la paradoja de destrucción de empleo en el sector mientras crece su productividad

  • El campo valenciano reivindica reciprocidad en las exportaciones.
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VALÉNCIA. El sector agroalimentario valenciano vive un momento de contrastes. El último informe del Observatorio regional de 2024 de Cajamar y el IVIE dibuja un escenario de alta eficiencia y especialización, donde la región no solo alimenta a buena parte de España y Europa, sino que lo hace siendo más productiva que nunca. Sin embargo, tras el brillo de los datos de exportación y VAB, aparecen grietas en forma de pérdida de puestos de trabajo y una flota pesquera que sigue encogiendo.

El peso del sector en la economía regional es indiscutible, tal y como indica el informe el. La cadena agroalimentaria valenciana aporta el 12% del Valor Añadido Bruto (VAB) total de la comunidad, una cifra que la sitúa por encima de la media nacional. Si analizamos su estructura, la comercialización es el músculo principal, generando el 7,5% del empleo regional, seguida de la industria de la transformación (2,3%) y el sector primario (2,1%).

En términos de eficiencia, los datos son excelentes. La productividad del sector en la Comunidad Valenciana creció un 7,3% en el último año, el mayor incremento registrado entre las principales regiones agrarias de España. Además, es la única comunidad donde la actividad de la industria de transformación aumentó en términos reales (un 0,6%), resistiendo mejor que otras zonas la volatilidad del mercado.

Liderazgo en el campo y en el laboratorio

El "huerto de Europa" sigue teniendo nombre valenciano. La región concentra el 45,7% de la producción nacional de cítricos, manteniendo una hegemonía que parece inalcanzable para otras regiones. Pero el éxito no es solo terrestre; la acuicultura valenciana se ha consolidado como la tercera potencia de España, aportando el 14% del valor total nacional.

Otro punto luminoso es la apuesta por el futuro. La Comunidad Valenciana destaca como un polo de innovación, participando en el 12,2% de los proyectos de los Grupos Operativos (AEI-Agri) a nivel nacional. Este empuje tecnológico se traduce en una balanza comercial envidiable: la región es la tercera de España con mayor superávit comercial, exportando mucho más de lo que importa y consolidando su presencia en mercados internacionales.

El empleo y el declive de la flota

Sin embargo, el informe también arroja datos preocupantes que matizan este éxito. La sombra más alargada es la del mercado laboral. A pesar de la mejora en productividad, la Comunidad Valenciana registró una caída del empleo agroalimentario del 2,8%, una cifra que contrasta negativamente con la estabilidad o el crecimiento de otras regiones. Esta destrucción de empleo sugiere que la tecnificación y la eficiencia están desplazando la mano de obra tradicional.

El sector pesquero también atraviesa un momento crítico. La flota valenciana, compuesta por 481 buques, sufrió una reducción del 3,4% en el último año. Aunque sigue siendo la quinta flota más numerosa de España, la tendencia a la baja es constante, reflejando las dificultades de un sector castigado por los costes y las restricciones de capturas.

A nivel empresarial, el sector valenciano presenta una estructura curiosa. Por un lado, está muy atomizado (el 62,7% son microempresas), pero por otro, tiene una de las tasas de "gran empresa" más altas del país (1,7%).

El desafío final que plantea el informe es la recuperación de la competitividad. Aunque la productividad sube, los costes laborales han crecido a un ritmo superior desde 2019, lo que impide que la región recupere los niveles de competitividad previos a la pandemia. Con una inflación industrial del 1,4% en la alimentación, el margen de maniobra para los productores valencianos sigue siendo estrecho.

El sector agroalimentario valenciano se mueve entre la excelencia de su producción cítrica y su músculo exportador, y la necesidad urgente de frenar la sangría de empleo y revitalizar sectores tradicionales como la pesca.

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