Matteco, más allá del hidrógeno verde: afianza su producción con 50 empleados y abre mercado en China

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La tecnológica valenciana, fabricante de catalizadores, explora aplicaciones de sus catalizadores en el tratamiento de aguas y la reducción electroquímica de CO₂

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VALÈNCIA. Matteco empieza a ampliar el horizonte de su tecnología más allá del hidrógeno verde. La compañía valenciana, con sede en Paterna, explora nuevas aplicaciones de sus materiales en el tratamiento de aguas y la reducción electroquímica de CO₂ mientras consolida su producción industrial. Impulsada por el investigador Gonzalo Abellán y el empresario Iker Marcaide, la firma cuenta ya con cerca de 50 trabajadores y ha realizado sus primeras ventas en China, un mercado en el que dispone de una persona que trabaja de forma permanente. 

El hidrógeno verde fue el punto de partida, pero la familia de catalizadores que ha patentado permite abordar otras actividades próximas, explica Abellán, CTO y cofundador de Matteco. En el tratamiento electroquímico de aguas, algunos de sus electrodos pueden incorporarse directamente a los equipos. En el caso del CO₂, la compañía ya ha dado los primeros pasos. Según señala el investigador, una empresa ha probado sus cátodos y los está utilizando en electrolizadores destinados a la reducción electroquímica de este gas.

Estas son las dos vías más cercanas para diversificar el negocio a partir de los materiales desarrollados por la tecnológica. Tras cerrar una ronda de 15 millones de euros en 2024, la compañía construyó su fábrica en Paterna, que actualmente están terminando de poner a punto. "Ahora estamos en una fase más de pura industrialización", señala Abellán. Tras acometer la preparación de las instalaciones, la reforma del edificio y su adaptación a las necesidades de una industria química, el esfuerzo se concentra en mejorar la cadencia productiva, reducir las tasas de rechazo y comprobar que los materiales fabricados mantienen las prestaciones obtenidas en el laboratorio.

El objetivo para 2027 pasa por afianzar esa producción, aumentarla y reforzar los controles de calidad. "La máquina ya está construida y hay que engrasarla y que el engranaje funcione bien", resume. La transición exige también anticipar las necesidades de los clientes para acompasar la capacidad industrial a la demanda. Como recuerda el investigador, construir un reactor requiere tiempo y planificación, lo que convierte ese equilibrio en uno de los retos de esta etapa.

Componentes para abaratar el hidrógeno sin metales preciosos

Los clientes de Matteco son fabricantes de electrolizadores, las máquinas que permiten obtener hidrógeno a partir del agua. La firma les suministra electrodos, los componentes donde tienen lugar las reacciones que separan el agua en hidrógeno y oxígeno. Abellán compara su importancia dentro de estos equipos con la de un microchip en un ordenador. Su rendimiento influye en la eficiencia del proceso y, por tanto, en el coste de producción del hidrógeno.

La propuesta de la compañía consiste en desarrollar materiales que permitan mejorar esa eficiencia y prescindir de metales preciosos. Según explica el CTO de Matteco, elementos como el iridio o el platino presentan problemas de escasez, precio y concentración geográfica. Disponer de alternativas permite abordar tanto el coste de los componentes como la dependencia de determinadas materias primas, una cuestión que considera especialmente relevante para la industria europea.

Matteco empezó por el ánodo, uno de los dos electrodos del equipo, porque concentraba uno de los principales problemas que querían resolver. "Nuestros electrodos son más eficientes, por lo tanto puedes producir hidrógeno más barato, que es el gran caballo de batalla", explica Abellán. Ese fue su primer producto comercial y es el que está industrializando en la fábrica. El siguiente paso es el cátodo, el electrodo donde se genera el hidrógeno, para el que ha desarrollado una solución que tampoco utiliza metales preciosos.

"Hay gente que ha apostado por bajar el metal precioso muchísimo, nosotros por eliminarlo completamente", apunta Abellán. La empresa ya ha empezado a compartir este nuevo producto con algunos clientes de forma precomercial y prevé que sea el siguiente en pasar a producción preindustrial. Entre sus características, el investigador destaca que soporta las condiciones de intermitencia de los electrolizadores. 

Primeras ventas en China

La actividad comercial de Matteco tiene un marcado carácter internacional. La mayor parte de sus clientes está fuera de España, con presencia en países como Alemania, Austria o Francia, aunque también mantiene proyectos con compañías españolas como Técnicas Reunidas. A esos mercados se suma China, donde ha realizado sus primeras ventas y cuenta con un trabajador que permanece en el país para explorar las oportunidades de negocio.

El mercado chino representa también uno de los grandes focos de competencia. Abellán destaca la rapidez de sus empresas y el esfuerzo inversor que está desplegando el país en hidrógeno verde. "Cuesta muchísimo competir porque son extremadamente rápidos", reconoce. A su juicio, las diferencias en inversión y en los plazos para poner en marcha nuevas instalaciones obligan a las compañías europeas a sostener una ventaja en su tecnología.

Para Matteco, esa diferenciación pasa por desarrollar materiales cuyo rendimiento les permita mantenerse por delante de otras soluciones. El investigador describe una carrera constante en la que no basta con alcanzar un resultado, sino que es necesario seguir avanzando para que los competidores no lo igualen. Una exigencia que acompaña al proceso de escalado industrial y a la incorporación de nuevos productos a su oferta.

Consolidar la fábrica antes de nuevas rondas

La dimensión industrial del proyecto condiciona sus necesidades de financiación. Abellán prefiere hablar de hardtech para subrayar el peso de las inversiones en equipos e instalaciones. "Comprar un reactor vale mucho y acondicionar un espacio para que cumpla la normativa de química es muy costoso", explica. La prioridad ahora es consolidar la producción y demostrar la integración de sus componentes con los clientes, pasos que considera necesarios antes de plantear futuras rondas de mayor volumen.

En las primeras fases, la compañía ha apostado por family offices especializados en tecnologías limpias y por lo que define como "capital paciente". Según señala, la investigación química y su traslado a la fábrica necesitan tiempos propios. "Un pequeño cambio en una reacción exige probar, comprobar el resultado y volver a ajustar." apunta. A los años de investigación se suma la complejidad del escalado, un proceso que requiere inversores que comprendan sus plazos y necesidades.

La empresa tiene su origen en una spin-off de la Universitat de València constituida en 2022. Abellán recuerda que comenzó presentando la tecnología en congresos y foros, donde despertó el interés de potenciales inversores. Un contacto le facilitó una conversación con Marcaide y, tras una llamada y una reunión presencial, ambos decidieron aunar fuerzas. El investigador destaca el alineamiento entre su visión y la del proyecto empresarial como un elemento determinante para dar el salto.

Actualmente reúne a cerca de medio centenar de profesionales, con una presencia destacada de químicos e ingenieros químicos y una plantilla en la que más del 20% son doctores. El equipo incluye también ingenieros industriales y aeroespaciales, abogados y técnicos superiores de laboratorio. 

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