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Dibujando la trazada perfecta: Así se pilota un Mustang GTD en circuito

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VALÈNCIA. Nada se puede comparar a la emoción de pilotar un coche en competición. Llevo compitiendo desde los 15 años, pero todavía me entusiasma el reto de llevar un coche, y a mí mismo, al límite.

La mayoría de los pilotos de carreras quieren llegar a la F1, pero yo siempre quise ser el piloto de "coches reales" más versátil, razón por la cual he competido en el Dakar, el DTM, el WRC y el rallycross.

Para mí, lo más importante son los principios fundamentales del coche. Como piloto, quiero sentir el vehículo: necesita responder a mis indicaciones y transmitirme lo que está sucediendo. Este flujo constante de información es esencial para sentirte uno solo con el coche, como un guante en la mano.

Puede que los monoplazas de F1 tengan motor central, pero si vas a conducir un coche de calle en un circuito, no hay nada mejor que la clásica configuración de motor delantero y tracción trasera. Te ofrece un equilibrio excelente y neutro, sin demasiado subviraje ni sobreviraje. Si un coche se comporta bien, me produce una gran satisfacción —incluso yendo despacio— ver que hace exactamente lo que quiero. No hace falta ir rápido para divertirse. Cuando un coche hace lo que le pides, no debes preocuparte por parecer un novato.

Y ya que estamos haciendo una lista de deseos, si tuviera que elegir un motor delantero, escogería el rugido de un V8. Es un diseño clásico que lleva más de 120 años funcionando de maravilla, y por una buena razón. Un sonido inconfundible y un par motor contundente a bajas revoluciones, combinado con una gran potencia en la parte alta, significan que nunca te faltará empuje y que siempre estará listo para responder a tus indicaciones. El V8 ha formado parte de la historia del Mustang¹ desde el principio, hasta llegar a los actuales GT, Dark Horse y GTD².

También es importante reconocer la excelente historia de Ford en el mundo de la competición y cómo esta se traslada a sus coches de calle. Pocos fabricantes han competido en tantas disciplinas —F1, NASCAR, IndyCar, WRC, Rally-Raid, carreras de turismos, rallycross— con tanto éxito. Ese empeño por mejorar en la pista, sabiendo que cada fracción de segundo cuenta, se traduce en mejores coches de calle que han nacido al calor de la competición más exigente.

Así que aquí nos encontramos, en el circuito de Salzburgring (Austria), con las llaves de un Mustang GTD de 826 CV y la pista libre por delante. ¿Cuál es el secreto para ser rápido y, al mismo tiempo, mantener el control?

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El Mustang GTD reúne todas las cualidades necesarias para las exigencias de la pista: al activar el modo Track (Circuito), obtenemos una respuesta del acelerador más directa, mientras que los controles de estabilidad y tracción se reducen, dándonos más libertad y manteniendo una red de seguridad por si acaso. Además, la suspensión semiactiva se rebaja y se endurece, que es exactamente lo que buscamos en un circuito.

Independientemente de la forma o el radio de una curva, esta se puede dividir en tres puntos clave: el giro, el vértice y la salida. Para cuando llegues al punto de giro, ya deberías haber terminado de frenar, o al menos estar soltando el freno progresivamente a medida que giras el volante. Esto mantiene el peso en las ruedas delanteras, donde más agarre necesitas.

Mientras te diriges hacia el vértice —básicamente el punto medio de la curva—, necesitas mantener el acelerador en un punto de equilibrio para que el coche también se mantenga estable, conservando su velocidad hasta que empieces a salir de la curva. Es tentador acelerar antes de tiempo para ganar más velocidad en la siguiente recta, pero si lo haces demasiado pronto, tendrás que levantar el pie de nuevo. Pisar el acelerador en el momento exacto es crucial.

Al enfilar la salida y empezar a acelerar, la clave está en una aceleración rápida pero progresiva. Si pisas demasiado fuerte, las ruedas traseras deslizarán más de la cuenta. Sin duda es divertido, pero no es la forma más rápida de conducir. Si lo haces bien, podrás salir a toda velocidad, enderezando el volante para abrir el giro y dejando que los neumáticos dediquen todo el agarre disponible a impulsarte hacia delante.

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Esto es solo lo más básico, y hay muchísimos matices más allá de esto, por no hablar de que cada curva de cada circuito es diferente, con sus propias particularidades y secretos. Y todo esto, sin tener en cuenta el estado de la pista y la meteorología.

Esta infinita variedad es lo que convierte cada curva de cada vuelta en una aventura: el puro desafío de trazar lo más rápido y limpio posible. Circuitos como el de Salzburgring cuentan con esta variedad de curvas para ponerte a prueba de verdad a ti y al coche, un reto que el Mustang GTD supera con nota.

Seguramente habré completado miles de vueltas en docenas de circuitos de todo el mundo a lo largo de mi carrera, pero todavía me produce un subidón insuperable. Solo estáis tú y tu máquina contra la pista y el cronómetro.

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