Ya he llegado a esa edad en que casi que me conformo con dormir alguna noche ocho horas de un tirón. Como es poco previsible, anoche presumo que habré descansado aún menos, porque habré alargado todo lo posible mi pasión por las elecciones norteamericanas. Imagino que ya están al tanto. Ayer se celebraron los comicios de mitad de mandato, en las que se elegían 470 altos cargos de la política de los Estados Unidos. A estas horas, si están interesados, ya sabrán los resultados. Yo aún estoy por planear la noche de sofá. Me quedo porque, como digo, no duermo lo que a mi cerebro le gustaría, pero también porque siempre me han obsesionado las noches electorales de Washington y porque, en esta ocasión, el escrutinio es crucial para el futuro inmediato del planeta. Si la Cámara de Representantes y el Senado se pintan de azul, color de los demócratas, a Donald Trump le saldrá lo que no ha tenido durante estos dos últimos años. Una oposición respondona y con poder efectivo que le impida cometer sus peligrosas extravagancias en política exterior.
No se trata tanto de ideología, que también. Respiré aliviado con la victoria de Lula en Brasil no solo porque frenaba la expansión de la ultraderecha en toda Latinoamérica, sino, sobre todo, porque dejaba el pulmón del Amazonas en manos de alguien que no lo quiere desinflar. Y eso es fundamental para la conservación del medio ambiente. En este caso, maniatar, salvo golpe de Estado, que no será porque no lo haya intentado ya, al presidente de EEUU puede funcionar como el revoloteo de Superman alrededor de la Tierra en la primera entrega cinematográfica, la de Christopher Reeve, para atrasar los relojes y, así, poder elegir la puerta buena que da al futuro, que parece que en la primera ocasión nos equivocamos. Nos hemos pasado de frenada, nos encaminamos a una reedición de la primera mitad del siglo XX, que ya sabemos que no salió bien, y hay que relocalizar nuestra posición para el GPS nos conduzca hacia la estabilidad mundial. El planeta está hipertenso y tenemos que reducir el consumo de sal.
Si los demócratas toman el control de las dos cámaras, en estos momentos en que me leen estaré contento. Si no, me estaré frotando la mejilla de la tremenda bofetada. Ustedes, por supuesto, opinen lo que mejor les parezca, faltaría más. Pero creo que un Trump debilitado y en la vía de salida mejorará nuestras expectativas económicas, geopolíticas y sociales. Cuanto más se enrabiete y más tiempo decida marcharse a Florida a jugar al golf, más fácil será que amaine la tempestad global. A uno lo que le gustaría es que vinieran tiempos de bonanza, de vacas gordas. Pero, al igual que me conformaría con dormir ocho horas de un tirón, también me parecería bien pasar unos años de transición y aburrimiento. Soy un gran defensor del aburrimiento. Que llevamos todo un siglo, el XXI, de titulares extraordinarios y uno se cansa de vivir momentos históricos. A ver si el de ayer, ojalá que sea la derrota republicana, es el último durante un breve, aunque sea, espacio de tiempo.
@Faroimpostor