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El cierre fiscal: cuando las preguntas llegan demasiado tarde

"La carga impositiva no es solo un resultado: también es una variable que puede y debe gestionarse"

Publicado: 25/01/2026 ·00:00
Actualizado: 25/01/2026 · 00:00
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Cada mes de enero se repite la misma escena en muchas empresas. Con el ejercicio ya cerrado, se revisan los números, se analiza la carga fiscal y surgen las preguntas: ¿por qué hemos pagado tanto impuesto?, ¿había margen para optimizar?, ¿se podría haber hecho algo distinto? 

Como responsable fiscal, siempre tengo la misma sensación: esas preguntas llegan tarde. No porque no sean legítimas, sino porque llegan cuando ya no es posible cambiar nada. El cierre fiscal se convierte entonces en un ejercicio de explicación, no de decisión.

Y este patrón, que he visto repetirse a lo largo de los años, no es un problema técnico.  Es un problema de enfoque. En muchas organizaciones, la fiscalidad sigue tratándose como un efecto colateral de la actividad. Algo que aparece al final de la cuenta de resultados, una vez calculado el EBITDA, revisada la caja y ajustados los costes operativos. 

Sin embargo, desde dentro de los departamentos fiscales sabemos que la carga impositiva no es solo un resultado: también es una variable que puede y debe gestionarse. La planificación fiscal, entendida con rigor y dentro del marco legal, permite anticipar decisiones, evaluar alternativas y mejorar la eficiencia global de la empresa. 

 

Una de las grandes paradojas de la planificación fiscal es que planificar cuesta dinero, pero el beneficio fiscal suele llegar después"

 

No es una opinión aislada. El PwC Global CEO Survey 2023 muestra que más del 60 % de los directivos considera que los riesgos fiscales y regulatorios tienen un impacto relevante en la estrategia y en las decisiones de inversión, pero solo una parte de las compañías integra estas consideraciones de forma sistemática en fases tempranas de decisión. 

En la misma línea, el Deloitte CFO Survey (EMEA) señala que, aunque los CFO identifican la fiscalidad y el cumplimiento normativo como áreas clave para la sostenibilidad del negocio, las presiones a corto plazo sobre resultados y liquidez siguen condicionando la inversión en proyectos con retorno a medio y largo plazo. 

Aquí aparece una de las grandes paradojas de la planificación fiscal. Planificar cuesta dinero: asesoramiento especializado, proyectos internos, adaptación de sistemas, tiempo y coordinación entre áreas.

Estos costes impactan directamente en el resultado del ejercicio. Se ven. 

El beneficio fiscal, en cambio, suele llegar después: en forma de menor impuesto, mayor eficiencia o menor reducción de riesgos futuros. Y ese beneficio, al no formar parte de los indicadores operativos más vigilados, muchas veces queda diluido en la toma de decisiones. 

Esta tensión entre corto y medio plazo no es teórica. Es una realidad cotidiana en muchas empresas, también en nuestro entorno más cercano, donde conviven pymes y grupos empresariales con estructuras cada vez más complejas. Proyectos con retorno económico positivo a medio plazo se descartan por su impacto inmediato en la cuenta de resultados. 

Otro patrón que se repite es la concentración del análisis fiscal en el cierre anual. El resultado es previsible: cuando se detectan oportunidades o ineficiencias, ya no hay margen de actuación. El departamento fiscal pasa a desempeñar un papel reactivo, centrado en explicar cifras en lugar de influir en ellas. 

 

La verdadera eficiencia fiscal se construye durante el año, con visión, con datos y con la voluntad de invertir hoy para obtener beneficios mañana"

 

Desde mi punto de vista, aquí es donde muchas empresas aún tienen recorrido. El departamento fiscal no debería limitarse a cumplir y cerrar, sino actuar como socio interno durante todo el ejercicio, participando en decisiones de inversión, en el diseño de proyectos y en la evaluación de alternativas. 

El cierre fiscal seguirá siendo un momento clave. Pero no debería ser el único. La verdadera eficiencia fiscal se construye durante el año, con visión, con datos y con la voluntad de invertir hoy para obtener beneficios mañana. 

Porque no todo es EBITDA. 

No todo es resultado inmediato.

Y, desde luego, no todo debería decidirse en enero, cuando ya es demasiado tarde.

 

Marta Piqueras López 

Tax Manager Grupo Sonoco

Cátedra de la Mujer Empresaria y Directiva

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