Opinión

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EN LA FRONTERA

El trallazo de Bad Bunny

Publicado: 15/02/2026 ·06:00
Actualizado: 15/02/2026 · 06:00
  • El cantante Bad Bunny en su actuación en la Super Bowl.
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Que Donald Trump está deconstruyendo la democracia en Estados Unidos es una realidad conocida por todos, y apoyada por algunos líderes populistas, pocos, de la Unión Europea. Digo que está deconstruyendo cuando en realidad se la está cargando a hachazos, la democracia,  con arbitrariedades y caprichos de todo tipo y color. En algunos de sus viajes internacionales, a Arabia Saudí por ejemplo, se hace acompañar de su yerno para que haga negocios inmobiliarios. También lo ha colocado en esa junta de paz, o algo así, para la reconstrucción de Gaza y crear en La Franja un resort de lujo a la manera de Capri: una ensoñación de un viejo chocho y maniqueo. Como si en Estados Unidos no hubiera más constructores y agentes inmobiliarios que el yernísimo (que se llama Jared Kushmer). O como si lo del resort no fuera más que una mera boutade, un obsceno insulto mientras Israel sigue asesinado a decenas de palestinos venga o no a cuento a pesar de la tregua. Si en España ocurriera algo así, llevarte al yerno me refiero, se montaba la de Dios. Y algo de eso hubo en las cacerías y excursiones del rey emérito haciéndose acompañar por la comisionista y novieta Corinna. Incomprensible que Tony Blair esté en ese teatrillo de Gaza.

 

Aún siendo importante todo lo señalado, incluida el ansia por Groenlandia, Trump está construyendo un Estado pos-fascista  recortando todo lo recortable: sanidad, fondos internacionales de cooperación, recortes drásticos a universidades, centros sociales, ayudas para los más desfavorecidos...y una persecución sistémica a todo elemento de lo que él cree como una  disidencia social o cultural con los latinos a la cabeza.  De ahí las actuaciones de los agentes federales de inmigración en Minneapolis (3.000 agentes, 70.000 detenciones) antes en California y en Washington. Alguien lo ha denominado como la Gestapo de Trump, una construcción hiperbólica fruto de la rabia que este emperador de pacotilla está sembrando en el país, incluso en sectores religiosos del Partido Republicano que han censurado públicamente lo de Minneapolis, con sus dos muertos incluidos.

 

No se atreve a llevar la gestapillo a Nueva York porque su alcalde Zohram Mandani es mucho Zohram Mandani. Un personaje laico (de remota cultura musulmana) y que dispone de un arma extremadamente poderosa: tiene feeling en el contexto de una nación ennegrecida por las fechorías de su presidente y su combate contra todas las minorías habidas y por haber. Aún así, nuestra Isabel Díaz Ayuso le va a conceder la medalla de honor de la Comunidad de Madrid bajo el ridículo pretexto de que se premia al conjunto de la nación, pionera en la construcción de las democracias, y no a Trump. Díaz Ayuso toma por idiotas a los ciudadanos y de paso marca estrategia política: para competir con Vox hay que ser Vox.

  • Ricky Martin, Bad Bunny y Lady Gaga, participantes en la actuación de la Super Bowl. -

 

La actuación de  Bad Bunny en la Super Bowl, en compañía de Lady Gaga y Ricky Martin, ha sido uno de los mayores trallazos que ha recibido El Energúmeno hasta el momento. Ni todos los intelectuales woke de las universidades norteamericanas, ni todos los chomskys habidos y por haber han conseguido tanto con tan poco: unas canciones del puertorriqueño que han sonado  a un grito de liberación para todas las comunidades hispanas del país, que también son el país (Puerto Rico es además Estado Asociado). Algo así como Luther King y Malcom X juntos en la lucha por los derechos civiles de los negros (hipérbole). El otro día revisité Haz lo que Debas de Spike Lee (película de 1989) que no es más que un homenaje a Luther y Malcom a través de un barrio en Brooklyn de negros e hispanos que el genial director racializa a cosa hecha, como una reivindicación gamberra de orgullo.

 

A mí, como a Rafa Burgos, no me emociona la música de Bad Bunny (me emociona y conmociona más Bruce Springsteen en Mineappolis), pero me pone mucho lo que Daniel Duque en El País ha denominado como "un acto de insurrección cultural, en el término más profundo del término, en el corazón del espectáculo más estadounidense que existe... no fue una anécdota pop, sino una intervención política". Un trallazo contra la identidad colectiva homogeneizante y fascistoide que persigue don Donald en un país que es "una mezcla indomable" (Duque). Es decir: es como intentar poner puertas al campo.

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