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Fin al conflicto de Medicina, una crisis evitable

Publicado: 15/02/2026 ·06:00
Actualizado: 15/02/2026 · 06:00
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Este viernes hemos conocido que el Tribunal Supremo ha inadmitido el recurso de la Universidad Miguel Hernández de Elche contra el decreto del Consell de crear la Facultad de Medicina en la Universidad de Alicante. De esta manera, se pone fin a cuatro años de conflicto, que pudo tener algún fundamento entre universidades, pero no hasta el punto de exigir la anulación de los propios estudios; en todo caso, un reequilibrio de fuerzas. Si fue justificado, lo fue por la distribución de las prácticas, pero nunca para que la Administración concedente del permiso —en este caso, la Generalitat Valenciana de Carlos Mazón— ejerciera de VAR elástica franjiverde, con el objetivo de sacar rédito político y volver a meter la zarpa, como hace 30 años, en un ámbito, como el universitario, donde debería imperar la libertad de cátedra.

La suerte que ha tenido el PP en esta crisis es que ha tenido final feliz. De lo contrario, le hubiera perseguido toda la vida. Siempre he defendido que si alguien podía cuestionar el título esa era la Universidad Miguel Hernández, siempre que sus intereses no se vieran menoscabados por una nueva Facultad de Medicina, pero no hasta el punto de solicitar su anulación. Podría haber exigido un reequilibrio de fuerzas en caso de que la Universidad de Alicante hubiera menguado su capacidad de acoger estudiantes, que no era el caso. Y que, si en todo caso el error eran los informes que apuntalaban los estudios de Medicina en Alicante, la Generalitat siempre pudo defender su postura, que era corregir o subsanar lagunas, si es que las había. Otra cosa muy diferente era la distribución de las prácticas, pero para solventar esa cuita nunca fue necesario montar tal crisis como la que se montó en el verano de 2024. Es más con la solución de las prácticas, ¿tenía razón de ser mantener el recurso judicial?

Cabe hacer memoria de esta crisis porque no ha sido una mera disputa por un título de Medicina más. No. Según desveló la rectora de la UA, Amparo Navarro, además de ser informada por el conseller de Educación y Universidades, José Antonio Rovira, de que la Generalitat no iba a defender su postura (de amparar el texto) ante el litigio iniciado por la UMH, a la Universidad de Alicante se le conminó a desistir de impartir los estudios para que fuera la Facultad de la UMH la que únicamente concediera el título.

Y después apareció aquello del campus sanitario provincial, un eufemismo para combatir la decisión del Consell de Ximo Puig de conceder el título a la Universidad de Alicante. Un título que, si bien tuvo sus dudas en cuanto a financiación, contaba con todos los informes favorables. Y de haber sido anulado, hubiera sido el primer grado de España tumbado con todos los parabienes técnicos de los órganos sanitarios superiores.

Mazón proclamó a los cuatro vientos que la solución era el campus sanitario provincial, que UA y UMH debían compartir todos los estudios y medios relacionados con el ámbito sanitario. No digo que la solución fuera mala, pero (!oh curiosidad¡) solo se aplicaba en la provincia de Alicante —no en el resto— con el objetivo de lograr que la UA renunciara a Medicina y, en teoría, la UMH a Enfermería, y que ambos campus operaran conjuntamente. Los más viejos del lugar no daban crédito: los mismos que habían generado la escisión de Medicina de la UA y la posterior creación de la UMH en 1996 querían ahora la unidad. Y los alcaldes del PP se lanzaron en tromba a defender lo inédito. Incluso los ediles de Alicante y San Vicente tuvieron que moderar sus discursos para no echarse piedras sobre sus respectivas ciudades.

Nunca se debió llegar a ese extremo. Nunca la Generalitat se debió entregar a la causa de uno de los dos campus. Debió defender la decisión que adoptaron sus antecesores. Y si tenía errores —que no fue el caso—, subsanarlos. ¿Que el problema era resolver la cuestión de dónde hacían las prácticas los estudiantes de cada facultad? Bueno, pues para eso no era necesario humillar a la Universidad de Alicante en dos ocasiones: poniéndose del lado de la UMH en el litigio judicial e invitándola a renunciar a sus estudios de Medicina (con los precedentes conocidos). ¿Que había que conceder Enfermería a la UMH porque el Botànic se la había negado? Se hizo. ¿Ha habido algún problema? Que sepamos, no. La convivencia en Enfermería entre la UA y el CEU ya existía y pactaron las prácticas sin montar ningún numerito.

Entonces, la pregunta que cabe hacerse: ¿fue necesaria tal presión e intervención para acordar las prácticas de los estudiantes de Medicina? ¿No se podía haber hecho con diálogo y sosiego entre personas adultas? Claro que se podía. Y así se hizo. Pero ¿se imaginan que después del acuerdo los tribunales le hubieran arrebatado el título de Medicina a la UA, qué hubiera pasado? Un acuerdo de prácticas, y la UA sin Medicina. Pudo ser la solución de no haber avalado los tribunales los razonamientos del campus de Sant Vicent.

La suerte de este conflicto es que ha tenido final feliz, lo que ha evitado que más de uno se haya puesto colorado. Pero de haber salido mal, hubiera sido un escándalo. Hay dos facultades de Medicina públicas fundamentalmente porque hacen falta, porque España necesita producir médicos. La única sospecha que nos queda es saber si el Gobierno de Mazón quería una única facultad pública para que viniera otra privada. Con el tiempo lo sabremos, porque ya hay proyectos que asoman por ahí.

De este conflicto, ahora solo recordaremos a las personas que mantuvieron la calma y el temple. La rectora de la UA, Amparo Navarro, siempre confió en el proceder de la UA; el entonces alcalde de Elche, Carlos González, defendió la cohabitación de las dos facultades por el interés general; un hooligan hubiera defendido lo contrario. Del rector de la UMH comprendo que recurriera, pero una vez solventada la cuestión de las prácticas, el recurso no tení razón de ser. Y lo que nunca comprendí es el silencio sepulcral del padre de la criatura, Manuel Palomar. Si la Generalitat fue el VAR con camiseta, Palomar ha ejercido de delantero arrepentido. No defendió ni el gol, ni su legalidad.

Bien está lo que bien acaba. Pero el bochorno fue evitable

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