Opinión

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La madre de todos los acuerdos o el Tratado de Libre Comercio entre la India y la Unión Europea

Publicado: 08/03/2026 ·06:00
Actualizado: 08/03/2026 · 06:00
  • António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen.
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Una cosa me llevo de mi última visita a finales de febrero pasado a la India y concretamente a Nueva Delhi, con ocasión de la celebración del congreso anual de abogados de la IPBA (Inter Pacific Bar Association) y es la sensación de que la India se encuentra en un momento especialmente dulce. En efecto, se trata de un feeling que resulta de mis reuniones con numerosos despachos de abogados especializados en el derecho de los negocios. Ahora mismo existe una generalizada sensación de alegría, de cierta euforia sobre el futuro inmediato de la India. Algún abogado circunspecto y reflexivo, que conozco ya muchos años, y no dado a manifestaciones desbocadas de optimismo, me llegó a afirmar con una sonrisa triunfal que era una verdadera bendición estar viviendo en la India en este momento.

 

Es cierto que mucho de esto orbita en torno la imponente figura del presidente Narendra Modi y a su exitosa capacidad de gestión. Cuando perdió su mayoría absoluta en el Parlamento en las elecciones de junio de 2024, se temió que se pudiera convertir en un inerte pato cojo. Y no ha sido así. Más bien ha sucedido lo contrario: las políticas que está haciendo son más integradoras, más de largo plazo y menos inclinadas a favorecer a determinados grupos y proyectos empresariales. Escucha, busca consensos, resuelve con una visión más completa y largoplacista del interés general. Esto ha generado una confianza social sin precedentes ya que está consiguiendo garantizar cierta estabilidad de sus políticas, coherencia y consistencia.  Pero, además de los factores políticos, esta buena vibra tiene otros fundamentos yendo más allá. Los indios son conscientes de que en este nuevo mundo en el que la geoestrategia se ha convertido en un elemento determinante, la India tiene algunos elementos que le pueden resultar especialmente favorecedores. Para empezar la enorme población de 1.428 millones de habitantes en 2025 con cuya cifra ha superado ya a China. En segundo lugar, la equidistancia de su posicionamiento tradicional en las relaciones internacionales. Así, si la guerra fría no consiguió que se decantaran de forma específica por ninguno de los dos bloques antagónicos, tampoco lo van a conseguir las impulsivas actuaciones del presidente Trump o las reflexivas estrategias del presidente Xi Jinping. La India siempre encontrará una tercera vía que es la de sus intereses. Aquí la Unión Europea tiene un maestro al que debería seguir estar, atenga y escuchar más. Y es justo en este ámbito donde se encuadra el recientemente firmado acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y la India.

 

Tengo la certeza de que se trata de un hito histórico en el que el comercio ha alcanzado unas dimensiones de cierta épica. Por un lado, tenemos los 27 estados miembros de la UE, sus montañas de regulación en la forma de directivas y reglamentos, sus agricultores defensores de las esencias. Y por otro la India, como he dicho, ya el país más poblado del planeta, y además regida por un sistema democrático, y por ello con un mercado con un potencial colosal (a medida que la clase media va creciendo se vuelve más y más atractivo) a su vez gestionado por una burocracia poderosa, cada vez más eficaz y diversa. Las negociaciones para este acuerdo tan relevante arrancaron titubeantes en un mundo que poco tiene que ver con el actual, hace casi veinte años y tras un tortuoso proceso han alcanzado un acuerdo que se ha descrito acertadamente por la presidenta de la Comisión, Doña Ursula von der Leyen como la madre de todos los acuerdos al ser sin duda uno de los mayores acuerdos de libre comercio que se han firmado en la historia.

 

  • António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen. -

 

Vamos a hacer un breve repaso a cómo se ha desarrollado este proceso hasta el final feliz al que se ha llegado. Además, analizaremos sucintamente su contenido, sus implicaciones simbólicas que son relevantes y que nos espera a corto plazo con las muy recientes maniobras de los Estados Unidos e Israel en la región del Golfo Pérsico.

 

Las motivaciones que empujaron a la India y a la Unión Europea a iniciar las negociones ya en un jurásico 2007 poco tienen que ver con las que han impulsado que se consiguiese el acuerdo en la actualidad. En aquel momento tan solo se pretendían unos objetivos difusos y ambiguos consistentes en la voluntad de estrechar las relaciones económicas. Los espinosos y engorrosos asuntos arancelarios se dejaron astutamente de lado. Así, como en toda historia de amor que valga la pena, las realidades eran tozudas y las cosas no fueron fáciles: la salvaguarda de determinados sectores especialmente sensibles como el sector del automóvil o el agrario, el acceso recíproco a los mercados, la ausencia real de voluntad política y otras controversias hicieron que las negociaciones entrasen en un elocuente letargo durante años. Hasta junio de 2022, en plena fuerza vital pospandémica, cuando ambas partes tomaron la decisión de reiniciar los esfuerzos para llegar a un objetivo mucho más ambicioso y no limitarse a los temas exclusivamente comerciales sino atacar los ámbitos de las inversiones, las cuestiones de desarrollo tecnológico y determinadas preocupaciones estratégicas muy contemporáneas. Esto se ha plasmado en un impulso negociador intenso y concienzudo dirigido a la agilización de los trámites burocráticos, la apertura de mercados y la supresión de las barreras aduaneras y comerciales. Todo ello para alcanzar un acuerdo omnímodo que contemple, como he dicho, no solo las cuestiones comerciales si no que vaya mucho más alla y así cubra las inversiones, los servicios e incluso los derechos de propiedad intelectual. Finalmente, el 27 de enero de 2027 se consiguió dicho objetivo con la firma del acuerdo.

 

¿Cuáles son beneficios para cada una de las partes? En este sentido las ventajas para la India no son pocas. Por un lado, se beneficia del acceso a las inversiones, servicios, defensa de sus marcas y de su innovaciones. Además, incrementa exponencialmente la posibilidad de exportar productos importantes para la India como son los textiles, la joyería, las gemas, los productos marinos y el cuero. Por lo que respecta a la Unión Europea, el tratado le va a dar una entrada privilegiada a un mercado colosal a sus productos agroalimentarios e industriales. De esta forma, se establece una supresión o eliminación de aranceles sobre prácticamente el 95% de los productos exportados de la Unión Europea a la India que se cuantifica en 4.000 millones de euros. Además, determinados sectores hasta ahora cerrados, como el transporte marítimo o los servicios financieros, se benefician de ese acceso preferente. También multiplica las oportunidades de crecimiento para las pequeñas y medianas empresas europeas. Obviamente, nunca llueve a gusto de todos y hay colectivos más reacios al cambio que han manifestado su inquietud. El sector agrario, en este caso del lado de la India, se encuadra en estos sectores, señalando que los bienes agrícolas subvencionados europeos podrían tener un impacto negativo sobre la agricultura local y lo que denominan la soberanía alimentaria. Del lado europeo, se ha protegido en el acuerdo algunos ámbitos especialmente sensibles frente al poderío indio como son la carne y el arroz que ha sido objeto de exclusiones específicas.

 

Si la importancia económica es indudable, su simbología política y geoestratégica no se queda a la zaga. Así este tratado implica para empezar una conexión exitosa, a través del comercio, entre dos mundos muy diferentes: donde antes había obstáculos, restricciones ahora hay reglas y disposiciones que van a potenciar las inversiones, la cooperación tecnológica y la innovación. Por otro lado, el concepto de autonomía estratégica se llena de contenido mediante la cooperación política entre dos enormes bloques de sistemas democráticos que comparten muchos principios y respetan determinados valores comunes. No estamos abocados o condenados a alinearnos con los Estados Unidos o China. Hay otras vías que nos son más ventajosas y reflejan fielmente la actual complejidad global. En consecuencia, este tipo de acuerdos van a contribuir a afianzar un nuevo equilibrio multipolar que nos resulta favorable.

 

  • António Costa, Narendra Modi y Ursula von der Leyen. -

Finalmente, una mención al impacto de la guerra en el Golfo en la situación de India. Obviamente no parece que vaya a afectar al despliegue del tratado una vez que resulte ratificado por los 27 estados miembros de la UE. Pero este conflicto no son buenas noticias para la India. No se puede obviar la relevancia que tiene la zona del Golfo Pérsico para el gigante asiático. Así, desde el punto de vista energético, la zona del Golfo suministra más de la mitad de petróleo importado (y el 90% del curdo de la India es importado) y el 95% de su gas natural licuado. El cierre del estrecho de Ormuz puede tener consecuencias catastróficas para la India. De hecho, el gobierno indio ya ha tenido que decretar la reducción de gas a numerosas industrias. Los consumidores, de momento, están protegidos, aunque no se sabe si esto se mantendrá si el conflicto se prolonga. De hecho, la rupia se desfondó dramáticamente la semana pasada. Por lo que respecta al ámbito financiero, las remesas que envían ciudadanos indios residentes en la zona son más que importantes. De los más de 119 miles de millones de dólares remitidos por indios en el extranjero, el 38% de esa cuantía tiene su origen en ciudadanos indios que residen en Bahréin, Kuwait, Oman, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Este flujo podría verse afectado por el conflicto. Y también está el impacto en los viajes a la India. Es evidente que los aeropuertos de la región del Golfo no solo se han convertido en un destino en si mismo para los viajeros indios, si no también en un factor de conectividad de la India con el resto del mundo ya que numerosos viajeros del Europa y América optaban por hacer escala en estos aeropuertos para llegar a la India. Esta situación se está viendo muy afectada. De hecho, mi regreso de la India el domingo 1 de marzo pasado estuvo condicionado por estas circunstancias. En todo caso, lo dicho, esperemos que sean unos efectos pasajeros y que la inestabilidad en la región se mitigue, aunque es posible que no sea de forma inmediata. Por lo pronto, del lado europeo procede la ratificación del tratado lo antes posible.

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