Qué exagerados con el calor

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LA OPINIÓN PUBLICADA
Publicado: 11/07/2026 · 06:00
Actualizado: 11/07/2026 · 06:00
  • Dos hombres toman el sol en la playa de La Malvarrosa.
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Siempre ha hecho calor en verano. Siempre ha habido temperaturas infernales durante el día y noches tropicales en verano. Y no digamos en el norte de Europa, ¡ahí sí que hace calor en verano! Sobre todo, en junio, cuando el verano está recién comenzado. Si es que es ya una costumbre mirar hacia Europa y que aquello parezca Arabia Saudí. No hagan caso a los registros históricos, a los meteorólogos, a los científicos, a lo que les dicen en su entorno, especialmente la gente de más edad; hagan caso a algún youtuber adolescente o a un concejal de Vox que se dedica a allanar locales de sindicatos, que esos sí que saben de climatología.

A la cantinela de que hace calor que nos intenta colar la izquierda woke se suma ahora la temporada de incendios, que comienza cada vez antes y con más virulencia. Y este año, además, con el aliciente añadido de que llovió tanto en invierno que hay mucha vegetación que puede servir como combustible ahora (es triste que lo que genera alivio en invierno vuelva en verano con efecto retardado para quemarlo todo). Pero no hagan caso: ¡siempre ha habido incendios!

Todo ello no será impedimento para que, como todos los años, la oleada incesante de turistas que vienen a lanzarnos sus salvíficas migajas, sin las cuales no podríamos vivir, a disfrutar de nuestra hostelería y nuestras playas, inunde Valencia con más vigor si cabe que el resto del año. Porque Valencia está de moda (esto no ha ocurrido siempre, a diferencia del calor en verano; es un hecho reciente), y los turistas quieren disfrutar de la experiencia.

  • Imagen de archivo. 

La experiencia: mes de agosto en Valencia. Si no tengo más remedio que estar en la ciudad, cuando no me queda otra que aventurarme fuera del piso para comprar víveres, salgo a la calle, con ese calor de horno “que siempre ha existido”. Las calles, desiertas de lugareños (salvo los demás desgraciados que, como yo, o bien no han podido huir, o bien no les queda otra que salir de expedición). Sin embargo, en mitad de la desolación desértica, de la “Extreme Hot Experience” que sin duda promocionará la hostelería en el exterior en simpático equívoco para los turistas, afloran unos cuantos turistas, haciendo fotos a… ¿un portal de viviendas? ¿Un edificio absolutamente convencional y sin gracia? ¿La nada? Aparentemente inmunes a las altas temperaturas, o quizás enajenados por ellas, los turistas pululan por Valencia en agosto, felices, porque las publicaciones anglosajonas o influencers de referencia les han dicho que deben hacerlo, que es un “must”.

  • Una mujer se protege del sol con una caja de cartón. 

Mi escenario distópico favorito. Pero tampoco quiero adelantarme, que estamos aún en julio y ya hemos disfrutados de dos olas de calor en verano (en los veinte días que llevamos de verano), de las de toda la vida, de las que provocan la muerte de 5000 personas en Alemania con temperaturas por encima de los cuarenta grados. Aún quedan tres o cuatro olas más, o eso parece previsible que suceda, antes de alcanzar el desierto de lo real en el paraíso que es Valencia en agosto.

La verdad, viendo ese tipo de escenas, uno se pregunta si realmente tiene sentido seguir sin poner la tasa turística. Después de todo, si nuestros amados turistas consideran que es buena idea venir aquí en plena canícula, si realmente creen que es un destino vacacional apetecible, y por ello están dispuestos a pagar, sin vacilar, los competitivos precios que propone nuestra hostelería o nuestros lugareños con airbnbs, quintaescencia del emprendimiento patrio, … ¿no podríamos ir un poco más allá y cobrarles también ese impuesto?

  • Un hombre se refresca en una fuente del centro de València para soportar las altas temperaturas. 

Lejos de mi intención destacar la aparente contradicción, ante nuestros amados líderes autonómicos y municipales, que tal vez supone lamentarse por un lado de cómo el malvado gobierno español no nos da la financiación que nos merecemos y que ello no permite destinar suficientes recursos a la gestión autonómica… pero luego renunciar a recaudar este impuesto que paliaría tantos males económicos como nos aquejan. En particular, porque resulta evidente que la inmensa mayoría de los turistas pagarán sin vacilar dicha tasa, como ya lo hacen en el resto de Europa, pues el privilegio de disfrutar de un cálido veranito, como siempre hemos tenido en Valencia, como si estuvieras en Abu Dhabi, pero sin misiles ni drones iraníes, compensa.

También puede ser que los turistas vengan porque saben que aquí, en España, estamos habituados al calor y las construcciones tienden a estar climatizadas (salvo si se trata de colegios, pero bueno… ¡los turistas no van al colegio!), así que las ciudades están plagadas de refugios climáticos y los airbnbs de splits para aliviar la estancia y la sensación térmica del turista. Quizás Valencia está de moda porque, puestos a pasar temporadas infernales todo el verano, mejor hacerlo donde la cosa no parece para tanto, pues ya ha quedado establecido desde hace tiempo que aquí siempre ha hecho calor, no como en Hamburgo.

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