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Sostenibilidad y empresa familiar: de la obligación regulatoria a la creación de valor

"La empresa familiar es uno de los grandes activos económicos y sociales de España. Su reto no es perder su esencia, sino fortalecerla"

Publicado: 07/06/2026 · 06:00
Actualizado: 07/06/2026 · 06:00
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Participar en el Programa Ejecutivo Liderando el Consejo, impulsado por ENAE Business School y la Cátedra de Mujer Empresaria y Directiva de la Universidad de Murcia, ha sido una experiencia especialmente enriquecedora. En mi sesión, dedicada a la sostenibilidad, tuve la oportunidad de compartir durante cinco horas una reflexión con empresarios, directivos y profesionales, muchos de ellos vinculados a empresas familiares murcianas, sobre uno de los grandes retos actuales de la gestión empresarial: cómo integrar la sostenibilidad en la estrategia, en el gobierno corporativo y en la toma de decisiones del Consejo.

Durante mucho tiempo, la sostenibilidad se ha entendido como una cuestión reputacional, medioambiental o incluso filantrópica. Hoy esa visión resulta insuficiente. La sostenibilidad se ha convertido en un elemento central de la competitividad empresarial. Afecta al acceso a financiación, a la relación con clientes y proveedores, a la gestión de riesgos, a la eficiencia operativa, a la atracción de talento, a la reputación y, cada vez más, a la propia continuidad del negocio.

La primera parte de la sesión se centró en el nuevo marco regulatorio europeo y español: la información no financiera, la Taxonomía Verde Europea, la CSRD, los estándares europeos de reporte de sostenibilidad, la Ley de Cambio Climático y la normativa de diligencia debida. Puede parecer un mundo complejo, técnico y alejado de la realidad diaria de muchas pymes. Sin embargo, la conclusión es clara: aunque muchas empresas familiares no estén directamente obligadas hoy a reportar bajo todos estos estándares, el efecto indirecto ya está llegando a través de bancos, clientes, grandes compañías, cadenas de suministro, aseguradoras e inversores.

 

La verdadera oportunidad está en convertir la sostenibilidad en una palanca de creación de valor"

 

La sostenibilidad, por tanto, ya no es solo una obligación de las grandes cotizadas. Es un lenguaje empresarial que progresivamente se está trasladando a todo el tejido productivo. Una pyme industrial, agroalimentaria, logística, comercial o de servicios puede verse obligada a informar sobre su huella de carbono, su consumo energético, sus políticas laborales, su cadena de suministro o sus prácticas de gobernanza porque así se lo exige un cliente relevante, una entidad financiera o un socio estratégico.

Por eso, una de las ideas centrales de la sesión fue que la sostenibilidad no debe abordarse solo desde el cumplimiento normativo. Cumplir es necesario, pero no suficiente. La verdadera oportunidad está en convertir la sostenibilidad en una palanca de creación de valor.

Esa creación de valor puede producirse de muchas formas. En primer lugar, mediante el crecimiento de ingresos, desarrollando nuevos productos, accediendo a nuevos mercados o respondiendo a clientes que ya exigen criterios ESG a sus proveedores. En segundo lugar, mediante la reducción de costes, especialmente a través de la eficiencia energética, el menor consumo de recursos, la reducción de residuos o la mejora de procesos. En tercer lugar, mediante la reducción de riesgos, anticipando cambios regulatorios, riesgos climáticos, tensiones en la cadena de suministro o pérdida de competitividad. En cuarto lugar, mediante un mejor acceso a financiación, porque bancos e inversores incorporan cada vez más criterios de sostenibilidad en sus decisiones. Y, finalmente, mediante la mejora de activos intangibles como la marca, la confianza, la cultura corporativa y la capacidad de atraer talento.

También abordamos una cuestión menos habitual, pero cada vez más relevante: la fiscalidad como parte de la gobernanza ESG. Una política fiscal responsable, aprobada y supervisada por el Consejo, no es solo una cuestión de cumplimiento tributario. Es también una expresión de transparencia, coherencia y contribución social. La fiscalidad responsable supone evitar estructuras artificiales, alinear la tributación con la actividad económica real y entender que pagar impuestos allí donde se genera valor forma parte de una visión moderna de la responsabilidad empresarial.

El papel del Consejo de Administración fue otro de los grandes ejes de la sesión. La sostenibilidad no puede quedar relegada a un departamento técnico, de comunicación o de cumplimiento. Debe formar parte de la agenda del Consejo. El Consejo debe preguntarse cómo afectan los riesgos climáticos al modelo de negocio, qué información no financiera se está reportando, si existen indicadores fiables, si la estrategia ESG está alineada con la estrategia corporativa, qué demandas están trasladando clientes y financiadores, y qué oportunidades puede abrir la transición hacia una economía más sostenible.

 

En muchos casos, la sostenibilidad no es el coste de hacer las cosas mejor, sino el coste de no quedarse atrás"

 

En este punto, la empresa familiar tiene una posición especialmente interesante. Muchas empresas familiares llevan décadas practicando una sostenibilidad no formalizada: cuidado del empleo, arraigo territorial, relación estable con proveedores, visión de largo plazo, compromiso con la comunidad y prudencia financiera. Lo que ahora se exige es ordenar, medir, gobernar y comunicar mejor muchas de esas prácticas. No se trata de sustituir la cultura empresarial familiar por un lenguaje burocrático, sino de traducir sus fortalezas históricas al nuevo contexto económico, regulatorio y social.

En la sesión trabajamos también un caso práctico en el que se planteaba el dilema de una pyme industrial con alto consumo energético, presión creciente de clientes y ausencia de estrategia ESG formal. El Consejo debía decidir entre esperar, limitarse al cumplimiento mínimo o transformar la sostenibilidad en una ventaja competitiva. La reflexión fue muy reveladora: no actuar puede parecer barato a corto plazo, pero puede ser muy caro si implica perder clientes, financiación, eficiencia o capacidad de adaptación. En muchos casos, la sostenibilidad no es el coste de hacer las cosas mejor, sino el coste de no quedarse atrás.

Mi principal conclusión es que la sostenibilidad debe dejar de verse como una carga externa impuesta por Bruselas, por los reguladores o por los bancos. Bien entendida, es una herramienta de gestión. Ayuda a ordenar riesgos, a identificar oportunidades, a mejorar procesos, a fortalecer la confianza y a preparar la empresa para el futuro.

Y esto es especialmente importante para la empresa familiar. Porque la empresa familiar no piensa solo en resultados trimestrales. Piensa en continuidad, en legado, en sucesión, en personas, en territorio y en permanencia. Esa visión de largo plazo conecta de forma natural con la sostenibilidad. Pero para que esa conexión sea efectiva necesita buen gobierno, método, indicadores, profesionalización y capacidad de decisión.

Quiero terminar con una reflexión de reconocimiento. El empresariado murciano, y en general el empresariado español, merece una valoración mucho más alta de la que a veces recibe. Detrás de muchas empresas familiares hay años de esfuerzo, riesgo personal, inversión, empleo, sacrificio y compromiso con el entorno. Son empresas que sostienen una parte fundamental de nuestra economía, que vertebran territorios, que generan oportunidades y que, en muchos casos, han sabido competir en mercados difíciles con enorme capacidad de adaptación.

La empresa familiar es uno de los grandes activos económicos y sociales de España. Su reto no es perder su esencia, sino fortalecerla. Y para ello necesita incorporar buen gobierno, sostenibilidad, talento externo, visión estratégica y una cultura de anticipación.

Ha sido un verdadero placer compartir esta sesión con empresarios y directivos tan comprometidos, y también trabajar en el marco de un programa tan oportuno como Liderando el Consejo. Quiero hacer una mención especial a Isabel Martínez Conesa, por su impulso, su visión y su capacidad para acercar el buen gobierno corporativo a la realidad de la empresa familiar murciana. Programas como este demuestran que formar mejores consejeros no es solo una cuestión académica: es una apuesta directa por empresas más sólidas, más responsables y mejor preparadas para el futuro.

 

Ángeles Santamaría Martín

Consejera independiente Mapfre SA y FCC Enviro,  ex CEO Iberdrola España

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