Trabajar mucho para cobrar poco

Opinión

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Publicado: 04/09/2026 · 06:00
Actualizado: 04/09/2026 · 06:00
  • Archivo - Fabrica de Armas de Trubia (Asturias).
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A nadie le gusta trabajar mucho para cobrar poco. Excepto que vivas en la provincia de Alicante, cuarta de España por población, quinta por número de cotizantes y, sin embargo, la 47 de 52 en cuanto a base media de cotización. En otras palabras, una de las provincias que más gente aporta al mercado laboral es, paradójicamente, una de las que menos paga por ese trabajo. Lo más preocupante, quizá, no sea solo el dato, sino la falta de respuesta ante una situación que se prolonga en el tiempo.

Los datos hablan por sí solos. La base media de cotización se sitúa en Alicante en unos 2.030 euros, frente a los 2.365 de media nacional: un 14% menos. Y la comparación con las otras provincias valencianas tampoco invita al optimismo, aunque apunta a una reflexión que debería trascender el ámbito provincial: Valencia ocupa el puesto 21 y Castellón, el 23.

A la cabeza del ranking están Álava, Gipuzkoa y Bizkaia, con bases superiores a los 2.800 euros. Les siguen Madrid, Navarra y Barcelona, por encima de los 2.600. ¿A qué se debe la diferencia? La respuesta no está en la capacidad de trabajo de los alicantinos, ni en su iniciativa empresarial, ni siquiera en la cantidad de empleo que genera la provincia. Está, fundamentalmente, en la estructura de nuestra economía y en el valor que somos capaces de generar por cada puesto de trabajo.

Los territorios que lideran el ranking salarial tienen algo en común: una mayor presencia de actividades de alto valor añadido. El País Vasco cuenta con un potente tejido industrial; Madrid concentra sedes corporativas, multinacionales y servicios financieros; Navarra ha desarrollado sectores de elevada productividad, como la automoción y las energías renovables; y Barcelona combina industria con servicios avanzados, tecnología y actividades farmacéuticas.

Alicante tiene otras fortalezas, pero mantiene un peso excesivo de actividades con menor productividad. Organismos como INECA llevan tiempo señalando una estructura productiva demasiado vinculada a la hostelería, la construcción y otros servicios de menor valor añadido, mientras la industria y los servicios avanzados tienen una presencia menor que en otras provincias. El empleo se concentra, así, en los eslabones inferiores de la cadena de valor.

Y aquí está la cuestión fundamental: si queremos salarios más altos, no basta con reclamar que las empresas paguen más. Tenemos que conseguir que nuestra economía produzca más valor. Alicante no necesita dejar de ser turística. Necesita dejar de conformarse con serlo.

Hay motivos para el optimismo. La industria ha ganado peso en el empleo provincial durante la última década y mantenemos un fuerte dinamismo empresarial y laboral. Pero crecer no es suficiente. La cuestión decisiva es qué clase de crecimiento queremos. Porque los salarios bajos tienen consecuencias que van mucho más allá de la nómina. Reducen el poder adquisitivo, dificultan el acceso a la vivienda, expulsan talento y limitan la capacidad de las familias para ahorrar. Una provincia atractiva para vivir puede acabar siendo una provincia difícil para vivir de ella.

El diagnóstico está hecho. También conocemos buena parte del tratamiento. Las administraciones deben alinear inversión, fiscalidad e infraestructuras con la transformación productiva y mantener una estrategia estable más allá de los cambios políticos. Las empresas necesitan ganar tamaño, invertir e innovar. Las universidades y los centros de innovación deben generar y, sobre todo, retener talento. Y la sociedad civil tiene que exigir resultados. Quizá la falta de este último factor explique, en parte, los anteriores.

Alicante tiene población, empresas, talento y capacidad económica suficientes para reclamar un proyecto de futuro. Sin embargo, seguimos siendo demasiado complacientes con nuestras propias cifras de empleo y crecimiento. Nos conformamos demasiado fácilmente con ser una provincia que funciona, aunque funcione a salarios bajos.

Quizá deberíamos empezar a reclamar algo tan sencillo como ambicioso: que Alicante deje de conformarse con ser una provincia grande en población y empleo y aspire también a serlo en productividad, conocimiento, industria, innovación y salarios. No porque queramos parecernos a otros territorios, sino porque el tamaño y el dinamismo de la provincia deberían permitirnos aspirar a ser mucho más de lo que hoy reflejan nuestros salarios.

 

Juan Enrique Ruiz es periodista y profesor

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