La industria cerámica vuelve a afrontar un escenario de fuerte incertidumbre internacional. La tensión en Oriente Próximo, el repunte del gas y el encarecimiento de otros costes han devuelto al sector a una situación de máxima presión, justo cuando aún sigue muy presente el recuerdo de la última gran crisis energética.
Así lo ha expuesto Fernando Tomás, director general de Smalticeram en España, quien ha descrito un momento “especialmente complicado” para la industria. La compañía ya tuvo que adaptarse al impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania, que disparó el precio del gas y tensionó el acceso a determinadas materias primas críticas. Aquella situación obligó a reducir dependencias y a homologar materiales de origen más próximo o más accesible.
Ahora, el contexto vuelve a recordar a aquel escenario, aunque con nuevos matices. En el caso de Smalticeram, el impacto llega tanto por su exposición comercial a mercados del Golfo Pérsico como por el incremento de costes. El gas vuelve a ser el elemento más visible, pero también pesan el transporte y el encarecimiento de materias primas afectadas por la incertidumbre global.
Tomás ha precisado que la mayor parte del gas que consume la industria no procede de esa zona, sino principalmente de Argelia y de Estados Unidos, pero ha advertido de que la tensión geopolítica altera igualmente los mercados. A su juicio, el mayor riesgo es una dinámica de inflación sin crecimiento económico, una combinación especialmente dañina para una industria intensiva en energía como la cerámica.
Frente a ese escenario, Smalticeram reivindica una propuesta de valor apoyada en dos grandes pilares: innovación y servicio al cliente. Su director general ha explicado que la compañía quiere seguir siendo reconocida como una firma innovadora, pero también como una empresa cada vez más orientada al servicio, en un mercado donde los catálogos tienden a simplificarse y donde la sostenibilidad empuja a reducir referencias y complejidad.
En esa estrategia se enmarca la adquisición de Vernis, formalizada en septiembre del pasado año. Según ha explicado Tomás, la operación respondió a tres objetivos: reforzar la capacidad operativa para sostener el servicio al cliente, incorporar nuevos materiales y productos al portafolio e integrar talento, un activo que considera cada vez más escaso y decisivo para el futuro del sector.
La empresa, además, ha abordado ese proceso con un enfoque centrado en las personas. Smalticeram ha optado por mantener ambas marcas y desarrollar las sinergias sin convertir la operación en una simple búsqueda de recortes. Con ello, aspira a consolidarse como una marca de referencia en la industria cerámica, convencida de que la innovación, el servicio y el talento serán claves para competir en un contexto cada vez más volátil.