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la vida a cara o cruz 

Con dolencias 

| 08/02/2024 | 3 min, 23 seg

VALÈNCIA. Sin que me enterara de nada, unos cuantos me citaron para una comilona. Llevaban varias intentonas, pero o mi estado de salud no era propicio o las agendas no cuadraban. Hasta que encajó el encuentro. Y ahí estaban, una treintena de desarrapados. Y la cosa la disfrazaron de funeral, donde hasta la invitación era una esquela. A mitad del gazpacho manchego, por cierto, el mejor que he comido en mi vida, la de la funeraria apareció con una corona de flores y un hermoso TUS AMIGOS QUIEREN OLVIDARTE. ¡Todo moló! La sorpresa, la compañía y el concepto. Todo.

Hasta hace poco, entre amigos tertuleábamos de música, fiesta, sexo y amor. Hazañas y leyendas. Ahora no; ahora disfrutamos del silencio, la oscuridad, la muerte y el humor. Un gazpacho que, a veces, incomoda.

Reírse de la muerte es vida. Hay estudios sobre la búsqueda de la inmortalidad. ¡Qué pesaos! Según leo, pronto, mi cabeza podrá estar en un bote de formol conectado a una computadora y, en pocos años más, mi yo podrá revivir como ave fénix, pero instalado en un cuerpo joven de dudosa procedencia. Pero ¿para qué? ¡Aún recuerdo la que se lio cuando apareció el primer blíster con carne humana en un mercasúper! El bisnesss de la carne, que no conoce límites.

Mi masa se estropea, envejece y sufre averías simplemente por vivir. A mis visitas al psicóloco y al neurólogo, ahora sumo las del cardiólogo y el urólogo. Llevo stents recién instalados y me dicen que, aunque de riesgo, lo de los ictus e infartos lo tengo controlao, pero que lo de la artrosis, la demencia, algún cáncer, el alzhéimer o el jesextender, que eso ya veremos, bla, bla... Me preguntan por niveles de estrés, sueño, dieta, ejercicio, vicios…, y me informan de que tengo el colesterol disparao, el azúcar garrapiñao y diabetes tipo 2. Un aparatejo me obliga a andar una hora al día. Todo gracias a que, aquí, las condiciones socioeconómicas son favorables, pero no por mí ni por mi trabajo, sino por el entorno en el que vivo.

Vivir así no sé si es morir de amor, pero tampoco sé si es vivir. ¿No sería mejor y más barato para todos el irme antes y disfrutar de las maravillas del más allá, el paraíso, la reencarnación, la nada o lo que narices crea que hay detrás de todo esto? En países como Singapur, a partir de los veinticinco años puedes firmar un contrato con el Gobierno y este se ocupa de darte vivienda, comida, cultura, ocio, toda clase de comodidades y que no te falte de ná, a cambio de que a los cuarenta y cinco desaparezcas de la circulación. Durante dos años, tu cuerpo se dedicará a la investigación, la docencia, la ciencia y, pasado este tiempo, serás incinerado, devuelto a la familia y deja sitio chimpum. ¿Firmarías un contrato así a cambio de vivir los mejores años de tu vida como Cleopatra, Keith Richards o la familia real?, por poner unos ejemplos. ¿O piensas que tu vida, así como la vives, es la que te mereces?

Nunca he bebido ni fumado ni me he drogado, porque no me ha hecho falta (del resto todo a cascoporro), pero el envejecimiento y sus consecuencias son inevitables. Ya he cumplido los sesenta y los últimos quince han sido monótonos, repetitivos y, encima, con dolencias. ¡Y no han estado nada mal, eeehhh! Pero me surgen dudas. ¿Esto va a ser así mucho tiempo más? ¿De verdad es necesario alargarlo? ¿No prefieres cincuenta a todo trapo que 85 a trompicones? ¡¡¡Y quieren que lleguemos a los 125!!!

De lo que hablo, que anda en mi surrealismo y forma de disfrutar la vida, nada tiene que ver con lo que está ocurriendo en Palescrania. Que manda güebos. 

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