MINORÍA ABSOLUTA  / OPINIÓN

La agenda 2030 para apuntalar la sociedad postpandemia

23/09/2021 - 

Volcanes en erupción, explosiones de lava, el fuego recorriendo las calles de La Palma. Impresiona ver la fuerza con la que ruge la naturaleza, observamos atónitos en directo imágenes que nunca creíamos que veríamos aquí, tan cerca.

Los episodios climatológicos se suceden cada vez con mayor celeridad e intensidad: La histórica nevada, Filomena, que colapsó prácticamente el país, las lluvias torrenciales que nos visitan abruptamente con DANAS que convierten en zonas catastróficas muchas localidades de nuestra Comunitat.

El planeta nos habla. Hace tiempo que nos está avisando, y tras la pandemia parece que los warnings llegan con más virulencia.

La COVID nos ha puesto el espejo ante lo que muchos científicos venían advirtiendo. Los recursos son limitados, la crisis energética y la escasez de recursos naturales aún generan más incertidumbre en el futuro, de hecho, se nos presenta poco halagüeño por nuestra petrodependencia. La falta de gas ya está generando serios problemas en muchos países, aquí estamos padeciendo la subida del precio de la electricidad hasta límites insospechados.

No sabemos si la COVID será el preludio de un nuevo mundo porque la pandemia nos ha instalado, más si cabe, en la era de la incertidumbre. El futuro es imprevisible, pero lo único cierto es que se está gestando hoy.

Esta semana se cumplen 6 años desde que la ONU aprobó la Agenda 2030 con la firma de 193 países. En ella, se marcan 17 objetivos de desarrollo sostenible, los ODS, que establecen 169 metas para acabar con las desigualdades, las injusticias y luchar contra el cambio climático.

Así, de primeras, puede parecer una entelequia, una utopía, un discurso etéreo de lo políticamente correcto. Pero la agenda 2030 habla de la vida cotidiana, de lo que está pasando en nuestras ciudades: de las colas del hambre, de los sintecho, de la brecha digital, de las DANAS, de la subida de la temperatura del agua del mar, de su calidad para ver si podemos comer los pescados o las clotxinas del mediterráneo, del insomnio, de las adicciones a las nuevas tecnologías, y un largo etcétera.

No sabemos si será la solución, pero de momento, es el único camino que podemos recorrer porque la sostenibilidad ya no es una opción y no tenemos un planeta B.

Sorprende ver cómo además de las instituciones, existen cada vez más empresas involucradas en la búsqueda de estas metas, y comprometidas en el cumplimiento de los ODS. Se trata de una alianza global, donde es imprescindible la responsabilidad colectiva, pero también la individual.

La pandemia nos hizo frenar en seco. Tenemos que aprovechar este parón para recuperar nuestra naturaleza social y tejer alianzas para retomar un liderazgo colectivo de lo público.

El impacto de la Covid-19 marca un punto de inflexión en la Agenda 2030, y su consecución es ahora más necesaria que nunca. Estos dos años de pandemia han ralentizado el desarrollo de los ODS, pero también los convierte en un revulsivo para la recuperación económica y social. Del presente depende el futuro del planeta y, sobre todo, de las personas.

Porque, además de las catástrofes naturales en aumento con un estado climático caótico imparable, hay otras desigualdades que también se han acentuado. Ni la evolución ni los grandes avances tecnológicos, han conseguido acabar con los males endémicos de la humanidad.

Como dice Yuval Noah Harari la inteligencia nos ha traído a los humanos muchos progresos, pero no hemos sido capaces de reducir el sufrimiento de los sapiens. Hemos avanzado mucho, pero quizá ahora tengamos que pararnos a pensar hacia dónde. Por eso la agenda 2030 es una senda, un camino transformador, que puede canalizar ese poder para acabar con problemas que jamás hemos podido erradicar como el hambre o la pobreza.

Mientras miramos al 2030 entramos en el otoño, una estación que, tradicionalmente, servía para hacer acopio de provisiones en previsión del frio invierno. Una metáfora que esperemos que nos sirva para dejar atrás definitivamente la pandemia y prepararnos para hacer frente a los importantes desafíos de esta década.

Tomando el concepto socrático de Mayéutica, que ha recuperado Robe Iniesta para su último disco, se trata de conocernos mejor, renacer y apuntalar la sociedad postpandemia, aunque ello suponga tener que transitar por el camino de las utopías, y seguir buscando una respuesta detrás de todas las tormentas… por si la encuentro.

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