el interior de las cosas / OPINIÓN

Las violencias contra las mujeres

22/11/2021 - 

 Los domingos luminosos sugieren en noviembre unos cuantos significados. El sol que calienta el día después del 20N es una conjunción de sensaciones. Una luz entre grises insoportables. Ella, la vecina que siempre celebra los domingos luminosos, cocinó éste último una de sus mejores paellas. Una ceremonia que repite cada semana, aromatizando los patios interiores de varias escaleras de la manzana de viviendas en la que reside. Ese sofrito de tomate maduro recién rallado, el ajo picado, el poquito de perejil troceado, el poquito de cebolla, los trozos de esa ñora bañada que cuelga del ramo de la pared de la cocina. Y, después, el resto de ingredientes que coronan un manjar que realiza en pequeñas raciones, como si las ilusiones fueran una paella para dos.

Cada domingo el mismo ritual, los sonidos de la radio, el silencio dominical del asfalto urbano sin el paso de vehículos, los bostezos de un perro octogenario, el periódico que llega al domicilio desde hace décadas, como si fuera el único testigo de aquel pasado que llenó la casa de risas, de idas y venidas, de adolescentes deseosos de vivir un tiempo que los envolvió y, después, los abandonó entre fracasos y pocas esperanzas. Ella, la vecina que siempre celebra los domingos viene de años de dolor. Su vida fue sorteando desventuras y soledades.

Autor: Edward Weston

Esta mujer recuerda los males de todas las mujeres que han sufrido y siguen celebrando los domingos soleados. Madre de hijas e hijos, pareja de un abusador, e hija de una familia intransigente. Ella cocina una paella solitaria y recuerda que las mujeres vienen de tiempos oscuros. Hoy ha aprendido que la felicidad reside en ella misma. Canturrea desde la cocina alguna copla de esas que lloran amores imposibles y vidas tortuosas. Pero ella sonríe cuando canta. Ha ido descubriendo las mentiras y errores que sembraron su vida. Ha descubierto que no fue una “mujer ama de casa” a la vieja usanza. Era un ser maltratado, humillado e invisibilizado.

Las batallas de las mujeres vienen de muy lejos. Y, en noviembre se recuerdan las luchas de todas las luchas, porque, además, tres mujeres dominicanas fueron asesinadas por orden del dictador Trujillo, el chivo asesino y abusador que destrozó un país y la vida de las tres hermanas Mirabal. La muerte de las mariposas dominicanas alertaron al mundo sobre la violencia de género. A pesar de que los feminicidios siempre han acabado con la vida de las mujeres desde los tiempos de los tiempos.

Asesinar y morir por ser mujeres. Maltratadas y vejadas por ser mujeres. Ganar menos por ser mujeres. Contar menos por ser mujeres. Usadas, abusadas y esclavizadas por ser mujeres. La historia siempre es la misma. La historia sigue contando el asesinato de las mujeres, y de sus hijas, y de sus hijos.

Este 25 de Noviembre, uno más, saldremos a la calle para reivindicar la vida de las mujeres, sus derechos y libertades. Gritaremos, una vez más, que ya está bien de tantos años reivindicando sin que cese el terrorismo machista. Que ya está bien de tantas mujeres indefensas y desprotegidas. Solas e invisibles, calladas. La violencia de género no solo es el maltrato físico. Son insoportables otras violencias como la psicológica, económica, la administrativa y la social. Hay diversas formas de hacer daño a las mujeres. Demasiadas.

Autora: Francine Van Hove

El próximo jueves, de nuevo, vamos a exigir que las administraciones públicas, los partidos políticos y la sociedad adquieran la conciencia determinante para erradicar el terrorismo machista. Para que de una vez por todas entiendan que el machismo es estructural, ambiental, que reside en cada partícula del aire que respiramos. Hay que transformar esta sociedad. Es urgente. 

La vecina que celebra los domingos viene de un matrimonio ejemplar. Fue una madre y una esposa ejemplar en tiempos en los que se obligaba a las mujeres a ejercer estos roles sociales, en tiempos en los que las familias ‘querían lo mejor para sus hijas’. La vecina que cocina excelentes paellas sufre problemas de vértigo y auditivos. Su rostro es, muchas veces, una mueca de dolor. Recibió constantes golpes en la cabeza, en todo el cuerpo. Cuando trocea los ingredientes del sofrito, una acción que realiza con todo el amor del mundo, deja caer esas lágrimas que no provocan, precisamente, las cebollas. Ella dice que, por fin, es feliz en su mundo. Sola. Libre.

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