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el interior de las cosas / OPINIÓN

Nuevas rutinas, nuevos tiempos

23/03/2020 - 

La situación se agrava por momentos sin sorprender. Observando lo que pasaba en el norte de Italia hace semanas, era previsible que este país nuestro acabara como ha acabado. Ya era previsible el 1 de marzo, y antes, también. Ahora nos queda, como mínimo, un mes de confinamiento. Un estado de alarma sin precedentes para una sociedad consumista, individualista y saciada de casi todo. Los primeros días han sido llevaderos, ocupando los días de Fallas y Magdalena con convocatorias desenfadadas, música desde los balcones, risas entre calles, voces que unen y personas que, siendo cercanas, nunca se habían relacionado. Un éxito para la convivencia vecinal y una resiliencia admirable. Una semana para prepararnos, para asimilar la entrada de lleno en el túnel negro de esta pandemia. Aprender a gestionar el miedo va a ser, a partir de ahora, una urgente necesidad. Gestionar la soledad de quienes están solos, la ansiedad de las emociones, la inseguridad de quienes desconfían, el temor a lo desconocido. Vamos a vivir al borde del precipicio. Pero, sobre todo, van a vivir este abismo quienes no tienen casi nada, quienes residen en viviendas pequeñas, familias hacinadas en edificios limitados, las mujeres que conviven sin remedio con su maltratador, quienes viven en la calle, quienes no tienen recursos, ni terrazas ni azoteas donde bailar o hacer gimnasia, quienes no tienen vídeo llamadas de consuelo ni cursos de yoga en directo. La pandemia, además, ha llegado a los campos de refugiados, se está instalando en Gaza, en los campamentos saharauis, en África. Nos ha igualado en la incertidumbre y el miedo. Quizá ganemos otra mirada hacia quienes más nos necesitan. Quizá nos vuelva más humanos y solidarios. El coronavirus es un mazazo para esta sociedad occidental de las supremacías. 

Aprender a gestionar el miedo va a ser, a partir de ahora, una urgente necesidad. Gestionar la soledad, ansiedad, la inseguridad de quienes desconfían, el temor a lo desconocido

Mientras, los días pasan grises con este clima borrascoso, días silenciosos hasta las ocho de la tarde que estallamos en aplausos. Mi perro Panxo corretea por el diminuto pasillo del piso que habitamos. Corre creyendo que pasea por la Alameda de Morella o por el cauce del río Turia de València. Debe soñar que las baldosas son la tierra donde se esparce, por eso hace volteretas con cierta alegría. Hemos tenido continuas y diversas conversaciones. Divinas y humanas. Es preferible hablar con tu perro que comenzar a relacionarte con la lavadora o el microondas, mejor mirar a los ojos de Panxo que discutir frenéticamente con el ordenador o con Movistar que nos está abandonando en la red. Pero he conocido a Carmen, mi vecina de esta nueva casa. Me habla desde el balcón. Es mayor y no sale para nada. Le hago la compra, voy a la farmacia y a la frutería de la esquina. Lo mejor de Carmen pasó el miércoles por la tarde. Sus gritos me asustaron hasta que sonó el timbre de la puerta. Allí estaba mi vecina, alterada, confundida. No sabía cómo manejar el móvil para hablar y ver a sus nietos en una videollamada compartida. Cuando conseguimos abrir la imagen, sonó en la escalera uno de los más bellos gritos: Abuelaaaaaaa. Y Carmen los veía en tres ventanitas de su pantalla y en la cuarta estaba ella, emocionada, sonriente, con una ternura infinita.

Otra de las pautas diarias son las redes sociales que nos unen. En el grupo Cajon desastre, Martu comparte cada instante de esta cuarentena, desde la cola, con distancia de seguridad, del Consum, hasta la celebración de aperitivo, viviendo entre el sofá, la cama, el jardín y la cocina, paseíllo que combina con los videos musicales y el ensayo de coreografías para la mega fiesta que está organizando cuando pase todo esto. Isabel es la única que sigue al pie de la letra las instrucciones de Martu. Y con un video de Jennifer López ensaya movimientos para el próximo evento. Isabel, además, ha planificado una agenda diaria que comparte con nosotros. Baja y sube las escaleras de su edificio, pedalea en una bicicleta estática, fotografía su copa de vino blanco y sus tapas diarias. Elo, por su parte, convive con su hijo, con Pipa y Popi dos perritas maravillosas. Marga comparte risas y buenos consejos. Silvia, también, aunque preocupada por su hijo, residente temporal en Buenos Aires. Todos estamos preocupados por ese hijo y mandamos aliento y estima. Marta está confinada en su municipio. Como alcaldesa no para. Está al pie del cañón combatiendo por el bienestar ciudadanos. Josevi, mientras, cocina, lee, y escribe. Por su parte nuestro querido Francis Montesinos está atrincherado en Llíria, en una casa llena de vida y de flores. Además, está creando, pintando, diseñando, a la espera de retomar la exposición de sus 50 años de arte que ha tenido que aplazarse.  

Los besos, ternura y abrazos que no nos damos se quedan ahí, en el espacio, sin saber a dónde irán

En otro grupo, El cañonazo, creado tras un viaje a La Habana, acompañando a Francis Montesinos, los días pasan compartiendo humor, buenos presagios y música. Juan nos muestra un video planchando al son de una copla, y Carmen presume de su marido, Ángel, que desde la azotea dedica canciones para todo el barrio. Trini no ha perdido su gran sentido del humor y cada día, varias veces, comparte los chistes e imágenes más desternillantes. Otros grupos de amigas, Nochevieja en Dijous y Som, nos dedicamos a animarnos mutuamente, a transmitirnos estima y esperanza. Marilén envía vídeos de sus vecinos Julià y María Jesús Pastor amenizando desde el balcón de Les calçades de Morella con toque de gaita i tabal. Marta anda enfrascada en las clases de su curso del IES mediante videollamadas, y Montse trabaja cada día en un pequeño supermercado. El grupo del Liceu de Dones. Libres y Diversas es hiperactivo en cuando a consejos, textos literarios, estudios feministas y las actividades de sus participantes que, entre otras, están confeccionando mascarillas de tela. 

Para algunas y algunos políticos esta pandemia es un enorme caos. Manipulan y no ayudan, mienten y no suman, crean y difunden bulos

En el grupo familiar contemplas con alegría y amor las imágenes de tus nietos confinados, las videollamadas grupales, el pequeño Aimar que ya corretea y con el que he entrado en bucle cantando el Joan petit. Y el más pequeño, Biel, que a bordo del robot aspiradora voltea el salón como si estuviera en un parque de atracciones, con cara de espanto. En otros grupos compartimos los mejores deseos y las intenciones de estar más unidos que nunca. Y vuelves a sentir a las amigas y amigos con quienes no conectabas por falta de tiempo. Javier ha regresado de Sevilla tras el nacimiento de Olmo, su primer nieto. Hemos parido virtualmente todos. Paloma se ha quedado allá, junto a su hija y madre primeriza. Todo belleza y estima. En GarrofóTeam nos alimentamos entre todas y todos, nos queremos, cuidamos, compartimos libros, canciones, vídeos, creamos y gozamos de las palabras que nos habitan. Ayer nos cabreó que À Punt emitiera una santa misa, pero nos reconforta posponer todos los besos y abrazos que nos debemos. 

En los grupos laborales municipales, el whatsapp es vertiginoso y crece cargado de información, normativas, preguntas ciudadanas, respuestas, reuniones virtuales, todas y todos trabajando de lleno, sobre todo la alcaldesa Amparo Marco que cada día recorre instalaciones para detectar necesidades municipales y ciudadanas. Ella, y todo el equipo de gobierno local, lo están haciendo con una sensibilidad y precauciones extremas. De hecho, desde el pasado 23 de febrero que se constituyera una Mesa de Seguimiento del Coronavirus, en el Ayuntamiento de Castelló se han ido incorporando medidas preventivas y decisiones urgentes de cierre de instalaciones y centros municipal antes de que fueran decretados por los gobiernos autonómico y central. En estos grupos también compartimos el punto humano, la preocupación y la inquietud colectiva, el grave estado de salud de la perrita de Ramón, que además de trabajar combina el confinamiento cocinando y compartiendo platos que admiramos y solicitamos servicio a domicilio .

Relacionarnos, unirnos y pasar colectivamente esta pandemia es lo recomendable, debemos regresar a la convivencia y emociones que hemos abandonado. Pero para algunas y algunos políticos esta pandemia es un caos. Manipulan y no ayudan, mienten y no suman, crean y difunden bulos, generando ansiedad ciudadana y perdiendo toda credibilidad. La egolatría, falta de compromiso y lealtad institucional de este tipo de políticos es peligrosa, están sembrando dudas y desconfianza. Igual están haciendo algunos medios de comunicación y periodistas que están azotando a la ciudadanía con proclamas catastrofistas, apocalípticas y muy destructivas. Juan José Millás y Javier del Pino hablaban este sábado desde la radio, precisamente, sobre la responsabilidad del periodismo en estos momentos. Es fundamental informar pero es inadmisible la actitud de algunos medios que están generando un estado de ansiedad y crispación innecesarios.

Somos un patio de vecinos de este ciberbarrio que hemos diseñado para escapar de la soledad y del miedo. Una nueva rutina que, a veces, es muy estresante y frustrante. Estamos organizando agendas anímicas, compartimos recetas y trucos de limpieza, nos consolamos y abroncamos cuando enviamos bulos o saturamos la red con videos imposibles. Pero no nos tocamos. Porque los besos, ternura y abrazos que no nos damos se quedan ahí, en el espacio, sin saber a dónde irán. 

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