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el autor de 'convivencia en las aulas', en castellón

Pedro Uruñuela: “Es clave formar al profesorado en la gestión pacífica de conflictos, y no se hace”

6/02/2019 - 

CASTELLÓN. Pedro Uruñuela Nájera (Logroño, 1947) ha sido catedrático de Bachillerato e inspector de Educación, además de profesor asociado de la Uned y coordinador de Educación en la Consejería de Castilla-La Mancha. A nivel nacional fue subdirector general de la Alta Inspección del Ministerio de Educación y, entre 2004 y 2008, responsable del Plan Estatal de Convivencia Escolar del Ministerio de Educación. Ponente y participante en actividades de formación del profesorado, es especialista en la convivencia en los centros. Como tal, participará en la jornada La convivencia en las aulas, organizada por Fampa Penyagolosa -la federación de AMPAs de la provincia- que tendrá lugar el próximo sábado 9 de febrero en la Escuela Oficial de Idiomas de Castellón.

- Su intervención en la jornada del próximo día 9 en Castellón se titula como uno de sus libros, Una mirada al bosque de la convivencia. ¿Qué árboles no nos dejan ver bien este bosque?
- Básicamente hay dos cosas que nos lo impiden: el primero es que reducimos la convivencia a una mera disciplina, al conjunto de normas y sanciones orientadas a que el alumno permita al maestro dar su clase. El otro factor es que reducimos la idea de la convivencia a la prevención del acoso y el maltrato. Yo propongo que veamos más allá y planteemos la convivencia en positivo, creando un tipo de relaciones pacíficas, enriquecedoras, y capacitando a los alumnos para que sean capaces de crear este tipo de relaciones.

- ¿Y cómo se consigue eso?
Creando un ambiente en el que disfrutemos de la relación con las otras personas. Siempre cito al psiquiatra Luis Rojas Marcos: por su experiencia profesional, dice que las personas más felices son aquellas que tienen unas relaciones de mayor calidad. Esa felicidad es la que buscamos todas las personas, y la encontramos a través de una buena convivencia.

- ¿En qué punto nos encontramos, en la convivencia en la escuela?
- La verdad es que ha habido retrocesos, una marcha atrás. Lamentablemente, la idea de la convivencia positiva aparece y desaparece como el Guadiana entre las prioridades de los políticos, porque no están convencidos de que uno de los fines fundamentales de la educación es enseñar a convivir, que los alumnos aprendan a convivir. Los responsables políticos no siempre le dan la importancia, el tiempo y el trabajo necesarios: se dejan llevar por lo urgente y no por lo importante. Y sucede incluso entre personas del mismo partido político: por ejemplo, después de unos años en que se había trabajado en ello, cuando llegó Eva Almunia en 2008 a la Secretaría de Estado de Educación arrinconó este tema.

- ¿Y por qué se dan esos vaivenes?
Pues llegas a la conclusión de que porque no siempre pensamos que sea algo importante. Yo insisto mucho en mis charlas en que se nos olvida un dato fundamental: la escuela, desde Infantil y hasta Secundaria, es la única institución social por la que pasan todas las chicas y chicos, y no sólo es que pasen: ¡están 15 años en ella! Si desaprovechamos una oportunidad de 15 años, si no trabajamos en ese tiempo en los valores de la solidaridad, el respeto, el rechazo de la violencia, la aceptación de las diferencias… desaprovechamos una oportunidad de oro. No desarrollar esas capacidades y competencias es una grave irresponsabilidad.

El acoso es un problema de grupo, no del abusador que ejerce fuerza contra otros, sino de grupo

- ¿Qué puede y debe hacer el profesorado ante el preocupante tema del acoso escolar en el aula?
- Hay que atender al grupo. Es fundamental, y tomar en consideración los cambios de actitud, los ambientes insanos que se generan… lo que no vale es no hacer nada. Además, se están cometiendo errores. Mira, una de las cosas en las que nos equivocamos es en considerar falta grave cuando u chico o chica no denuncie una situación de acoso: hay que conseguir unas condiciones en las que ese alumno supere el miedo, en las que no se le considere chivato… porque si no, pensará con razón que irán contra él por otro lado. El acoso es un problema de grupo, no del abusador que ejerce fuerza contra otros, sino de grupo: es fundamental que haya suficiente cohesión, solidaridad para evitar que haya situaciones de violencia, por eso es fundamental trabajar con el grupo para favorecer la convivencia y evitar que los problemas lleguen a ser tan graves.

- Pero ¿qué se puede hacer? Muchas veces los profesores se encuentran con problemas de grupo ya enquistados cuando les llegan los alumnos.
Muchas cosas, sin duda. Me preocupa mucho el paso a la ESO. En Primaria, el grupo como tal es normal que sea estable y pase de un curso a otro sin problemas. En ESO son de orígenes distintos, y cada año se organizan grupos en función de optativas, perdiéndose el punto de vista de trabajar con un grupo estable, lo que complica que se pueda reforzar el mismo desde la tutoría. Y es clave, fundamental, formar al profesorado en la gestión pacífica de conflictos, porque siempre en el aula, en el centro, va a haberlos. Y no se hace. Porque en cualquier grupo es normal que choquen valores, posiciones… y surge el conflicto. Pero no les enseñamos que lo normal en la vida es que, en un conflicto, unas veces salgas ganando y otras perdiendo. Hay que enseñar esa práctica, y algo muy importante: la inteligencia interpersonal, la capacidad para desarrollar las competencias de acuerdo con cuatro grandes apartados: enseñarles los tipos básicos de pensamientos; la inteligencia emocional y la regulación de las emociones; las relaciones sociales (con especial empeño en la comunicación y la empatía) y finalmente, los valores morales de tolerancia, respeto y solidaridad.

- ¿Están formados los profesores para hacer todo eso?
- Ese es el problema: no lo están, porque la formación inicial, sobre todo para el profesorado de ESO, adolece todavía de carencias importantes sobre cómo gestionar conflictos y problemas del aula. Hablamos de estos temas en algunas clases de másteres y se quedan sorprendidos. Lo que más preocupa al profesorado es la violencia de baja intensidad: un grupo más o menos numeroso que interrumpe la clase, que molesta al resto… en definitiva es lo que llamamos conductas disruptivas. Y el profesor no sabe cómo abordarlo y a menudo cae en la trampa: el alumno le mide, le provoca y si entras en su juego de discutir con él, es difícil salir de esa espiral. Y como no hay esa formación inicial, vamos sobre la marcha, aprendiendo.

- Por otra parte, el profesor también puede decir, con razón, que su función es enseñar y que el alumno debe venir educado de casa, ¿no?
- Lógicamente. Pero son temas inseparables. En mi último libro (La gestión del aula: todo lo que me hubiera gustado saber cuando empecé a dar clase, Educación Hoy Estudios, 2018) insisto en que es inseparable la relación que tenga con mis alumnos con los resultados que ellos obtengan en los exámenes. Son las dos caras de la misma moneda, y debe haber sintonía. Es clave que los alumnos escuchen al profesor, conseguir que sintonicen, que se abran. La enseñanza ha cambiado mucho y hoy necesitamos saber trabajar las relaciones personales.

- Pero esto no siempre ha sido así. ¿Desde cuándo es tan importante?
- En los años 70 llegaba al instituto el 25% del alumnado, como máximo. Y por tanto, era un alumnado muy seleccionado, motivado, que sabía lo que quería. Y se trabajaba de forma distinta. Hoy, cuando tienes a todo el mundo en el instituto hasta los 16, te planteas que no sólo es cuestión del derecho a la educación, sino que hay un derecho al éxito escolar, a adquirir habilidades, y el cambio más importante es que hay que transmitir las ganas de aprender, el interés por el aprendizaje, suscitar su curiosidad, motivarles para que aprendan… y todo esto no nos lo han enseñado. Es más difícil ahora, pero también más bonito.

aún mantenemos la organización típica de enseñanza no obligatoria, y eso crea muchos problemas

- Ha citado la escolarización obligatoria hasta los 16. ¿Ha creado nuevos problemas este cambio, que se implantó hace ya más de 20 años?
La verdad es que es un problema que no hemos sabido resolver. Llevamos desde 1990, año de aprobación de la Logse, y no lo hemos solucionado. ¿Por qué se optó por esto? Porque era mucho más barato que ampliar los colegios. Se hizo por eso, pero no se ha dado respuesta. A la edad crítica de inicio de la adolescencia, los 12-13 años, se cambia de centro, y el chico o la chica pierden la referencia de su maestro-tutor y de sus 4-5 profesores... y pasan a un instituto en el que tienen 11-12 profesores a los que verán un máximo de 3 horas a la semana, y a un modelo de organización mucho más abierta. Además, hay un dato importantísimo: aún mantenemos la organización típica de enseñanza no obligatoria, y eso crea muchos problemas: en el instituto, los profesores estamos organizados por departamentos (Matemáticas, Geografía, etcétera), y nos reunimos semanalmente. Pero los problemas de convivencia no tienen lugar en un departamento, sino en 2º A o 3º C. ¿Cuándo nos sentamos los profesores de 2º A? Solo para hacer la evaluación. Esa organización no se acomoda a lo que debe ser la enseñanza, y en esto nos gana la red concertada porque sí tiene esa continuidad. Hay que dar respuesta a esto.

- ¿Y en las sucesivas leyes educativas no se ha planteado atajar ese desajuste?
En las leyes no se mira eso. A pesar de las divergencias entre sí, en todas las leyes lo común es que la que va detrás siempre viene a incrementar el plan de estudios, el currículum. Y así, resulta por completo inabarcable. Está todo centrado en la memorización, en lo académico, y así es muy difícil avanzar.

- Así las cosas, ¿por dónde empezamos? ¿cuál debe ser, a su juicio, la prioridad de un gobierno en materia educativa?
- Desde luego, invertir en ello debería ser una de las prioridades de cualquier gobierno. Invertir, formar al profesorado y proporcionarles los recursos que se necesitan. Vivo en Madrid, y aquí en la ESO hemos perdido más de 5.000 profesores con los recortes, lo que supone más de 2 millones de horas de clase. Y eso es una prioridad revertirlo, recuperarlo… pienso que hay que reducir el número de alumnos por aula pero no es suficiente: a partir de ahí también hay que cambiar la metodología docente.

- Y mientras no llega ese mayor nivel de inversión, ¿qué se puede hacer en el aula?
Al profesorado nos cuesta mucho aceptar una cosa: sin la participación de padres y madres, no podremos conseguir nada. La inclusión de los padres en el centro y en los temas de convivencia es fundamental, clave. Y ahí tenemos una especie de costra los profes para aceptar este papel de los padres y madres y reforzar los cauces de comunicación, para que eso de la “comunidad educativa” sean no sólo unas palabras sino una realidad. Las familias no son el problema sino la solución, hemos de contar con ellas. Es necesario cambiar ese chip porque todos somos imprescindibles.


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