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el interior de las cosas / OPINIÓN

¿Qué sentido tiene la vida si no te sacude?

10/02/2020 - 

Querida Minerva, tu paso por este pequeño país mediterráneo ha sido veloz, tan solo una  semana para abrazarnos y ponernos al día de esa vida nuestra, tan peculiar y arriesgada. Hemos gozado con las últimas santantonades de Els Ports, con esos botargas que provocamos y nos persiguen tirándonos al suelo y jugando al montonet. Saltamos el fuego y devoramos el embutido asado en las brasas y regado por las botas de vino. Un intenso fin de semana por el océano de montañas que es esta comarca. Hemos visto los restos de las últimas nevadas, salpicando los paisajes que tanto amamos y las primeras flores de almendro que están creciendo en medio del frío. Ha sido estupendo coincidir con el inicio de las XVII Jornadas de la Trufa de Morella en las que participan restaurantes de la ciudad amurallada y de otros municipios de Els Ports. Las salas de la Lonja se llenan cada viernes del enigmático aroma y sabor de la trufa, ese fruto de la tierra que tantos reportajes nos ha proporcionado. La restauración morellana crece con una exquisita innovación, investigación, imaginación, logrando la unión perfecta entre la gastronomía de nuestros antepasados y las más vanguardistas técnicas de cocina. La lealtad a las recetas de la historia morellana fluye en una convivencia perfecta con otras culturas culinarias. Estas Jornadas, que ofrecen la carta de todos los restaurantes de Morella y otros municipios, se prolongan hasta el 15 de marzo. 

Hemos notado ausencias, recogido recuerdos sembrados, ciertas tristezas y esperanzas en los mismos rincones, hemos recorrido las calles de la memoria, la muralla que abraza, y nos hemos vuelto a sentar en la silla de nuestro estimado colega periodista y morellano José Martí Gómez, en la terraza de Canyero, compartiendo con Olga y Mari, mientras tu admirabas cómo han crecido Ivana, Raquel y Fanny, incluso, nuestro Arturo que servía tras la barra y ahora está preparando oposiciones en València. Ya ves cómo crecemos y cambiamos, cómo te han capturado los enormes ojos del pequeño Aimar y la sonrisa del bebé Biel. Ya ves cómo la vida, algunas veces, nos llega a tratar bien. Tu paso por la ciudad de los abrazos ha sido intensamente breve. Ahora viajas a tu isla cargada de cecina, queso, pilotes de Nadal de Noel, buñuelos de sopa y unos pocos flaons para disfrutarlos en el vuelo. Unos días después, en Castelló descubrimos la enérgica transformación que ha vivido la ciudad desde aquellos años noventa en los que vivimos en la calle Columbretes, frente a  campos de naranjos que explotaban en abril con su penetrante aroma de azahar. Ya no hay huertos junto a aquella casa, pero el crecimiento inteligente de la ciudad ha otorgado toda la vida al Castelló aquel “donde nunca pasaba nada”. La ciudad de los recuerdos ha ido mutando hacia espacios más habitables, sostenibles, felices. El urbanismo ya no es, afortunadamente, lo que fue en la capital de la Plana. Hemos regresado al mítico paseo de Lledó, a sentarnos en la Plaza María Agustina, Plaza de la Paz y a tardear en las tascas. Y hemos sentido la vibración de las cercanas fiestas de la Magdalena, cuando las calles se convierten en un estallido de luz, color y convivencia. Por cierto, qué tremendo nos ha parecido la recuperación de un acto tan denigrante como una charlotada programada en la Plaza de Toros. Un evento privado que debería tener una rápida contestación por parte de la administración autonómica competente. No se puede convertir en espectáculo la degradación y el menoscabo a la dignidad de las personas, tal como señala el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI) que considera que «este tipo de actos denigran a las personas con acondroplasia».

Qué tremendo, denigrante e indignante es la charlotada privada programada en la Plaza de Toros de Castelló. No se puede convertir en espectáculo la degradación y el menoscabo a la dignidad de las personas

Tu paso por este pequeño país mediterráneo ha sido paralelo al de uno de nuestros referentes políticos y humanos, el presidente Pepe Mujica. Hemos compartido su intervención en el Centre del Carme de València, en medio de una prolongada cola de personas que recorría varias calles. No todos pudieron escucharle. Nosotras pudimos asomarnos tímidamente al brillante acto. Las reflexiones y pensamientos del expresidente de Uruguay nos vienen acompañando desde hace años. ¿Qué sentido tiene la vida si no te sacude?. Mujica nos obliga a pensar, sentir y reaccionar frente a la evolución política, medioambiental y humana. Nos advirtió sobre el holocausto ecológico que puede tambalear la supervivencia del planeta. Y todo depende de nuestro compromiso con la vida, de nuestras acciones y rebelión contra todo lo establecido. Mujica habló de la falta de solidaridad y unión de los pueblos para luchar por un mundo mejor, reivindicando unas sociedades más justas y libres. Yo no sé si hay globalización o no. ¡Me importa un carajo! pero hay que tomar medidas globales para preservar la vida. Los desafíos y los Derechos Humanos están por delante de las nuevas generaciones. Hay un mal ecológico que es consecuencia de los excesos de nuestra civilización basada en la acumulación de la ganancia.

Pepe Mujica nos obliga a pensar, sentir y reaccionar frente a la evolución política, medioambiental y humana. Nos advirtió sobre el holocausto ecológico que puede tambalear la supervivencia del planeta

Pepe Mujica, el viejito, dedicó muchas de sus palabras a la juventud, sacándoles a la calle, a la lucha por un mundo mejor. No se puede abdicar de nuestro tiempo, “tenemos un compromiso con nuestra existencia y la de nuestros semejantes”. Mujica entristecía al recomendar a la gente joven que no malgasten su tiempo y su vida, la vida que pasa volando, que no valoramos por su cotidianidad. Después, cuando ya no tenemos fuerza ni tiempo, es muy difícil vivirla. Y, aunque la inercia, el mercado, el ambiente, el sistema nos enseña a consumir de forma incontrolada, no hay ningún supermercado que venda años de vida”. Nos dedicamos a ganar y gastar en aquello que no nos da la felicidad, desperdiciamos, agotamos recursos, vivimos a oscuras, egoístas, atrapados en un capitalismo feroz, y somos infelices. Mujica habló del egoísmo, tal como recoge un reciente articulo de Ana Noguera, El motor de la historia es el egoísmo, y ese es nuestro problema: que no somos capaces de sujetar nuestra codicia. En cambio, no somos capaces tampoco de aceptar y entender que no somos nada sin los afectos.

La sociedad del bienestar, falsa, débil e hipócrita. La mediocridad que nos gobierna y nos rodea. La división social de una clase media predominante frente a la clase media baja y a la clase más baja

En la película The Square del sueco Ruben Östlund, una de las mejores últimas películas europeas, vivimos la misma paranoia de la que habla Pepe Mujica. La sociedad del bienestar, falsa, débil e hipócrita. La mediocridad que nos gobierna y nos rodea. La división social de una clase media predominante frente a la clase media baja y a la clase más baja. Los desfavorecidos son el porcentaje mayoritario. Hay una sociedad predominante que está perdiendo la esencia humana. La sociedad del bienestar, planificada hace décadas, que ha transitado hacia el doloroso desenlace de una ciudadanía fatua y vacía. Los valores humanos y altruistas han sido aniquilados para engordar las ansias de poder y gloria de cada cual. Porque cada cual, desde dirigente de una asociación vecinal, de un partido político, hasta presidente de una institución pública, siguen sin entender que las personas son reales, únicas, libres, gozan, sufren y luchan cada día por alcanzar un mundo mejor donde vivir y convivir. Como bien nos dijo Pepe Mujica, sería interesante, y muy necesario, que la clase política salga de vez en cuando de las burbujas ignominiosas que habitan y que descubran la vida real, el dolor, la angustia, impotencia, rabia y, también, la felicidad y rutina de las personas corrientes. La vida, si no nos sacude, tiene poco sentido. 

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