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entrevista

Rosa María Calaf: "Las mentiras hoy llegan más lejos y más rápido porque están muy bien hechas"

15/04/2019 - 

CASTELLÓ. Para varias generaciones de españoles, es uno de los rostros más característicos de la Televisión, desde los tiempos en que esta palabra era sinónimo de RTVE. Rosa María Calaf Solé (Barcelona, 1945) ha sido la corresponsal internacional por antonomasia en nuestras pantallas y la más experimentada de sus reporteras, aunque en los 70 iniciara su carrera en su ciudad natal. Desde Estados Unidos, Rusia, Argentina, Austria o China, entró en las casas de nuestro país para contar las noticias más lejanas en un tono cercano y didáctico. Licenciada en Derecho y Periodismo y Máster en Instituciones Europeas, en los 80 pasó por Nueva York, Moscú y Buenos Aires, desde donde partió en 1993 a Roma, y luego a Viena y de nuevo Moscú, punto de partida en 1998 para viajar a Hong Kong, donde pasaría 8 años antes de despedirse en Pekín en 2008, en la corresponsalía de Asia Pacífico. Y a principios de los 80, fue cofundadora de TV3.

Doctora Honoris Causa por las universidades Jaume I, Rovira i Virgili y Miguel Hernández, abruma leer los reconocimientos que ha recibido, desde el Premio Ondas al Cirilo Rodríguez. Aprovechamos su visita esta semana a Castellón -con motivo del XXIII Congreso Internacional 'Feminismos. Desafíos en tiempos de amor y cólera', organizado por el Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano de la UJI- para conversar con ella en la calma de una suite cedida por el Hotel Luz. Su torbellino verbal queda atemperado por la serenidad de unas reflexiones sólidamente asentadas en la experiencia. En la conversación dejan poso cuatro ingredientes: un empuje que desmiente su edad, la pasión por su profesión, una sincera preocupación por la deriva de la opinión pública y una insobornable conciencia de compromiso social que pone el acento en la causa de la igualdad.

-Rosa María Calaf, ¿cómo se entrevista a un mito?
-(Sonríe) Pues eso me lo he preguntado muchas veces, sobre todo en el mundo del cine, porque yo soy muy cinéfila. Y he tenido oportunidad de entrevistar a mitos, sobre todo del cine americano cuando estaba en EEUU, pero también en Italia. Y es cierto que tienes que tomar una cierta distancia, porque hay una tendencia a la entrega. Cuando ya se trata de temas políticos o sociales graves, consigues más fácilmente esa distancia, pero en esas otras que son más lúdicas, a veces es más difícil, sí.

-Diez años después de tu prejubilación, ¿qué te gustaría estar haciendo hoy, si aún estuvieras en TVE? 
-Pues pisar terreno, que es lo que siempre me ha gustado a mí. Todo menos un despacho, que es lo que siempre te ofrecen cuando te quieren premiar o apartar, que es otra forma de verlo. Pero realmente no lo echo nada de menos. Al principio tenía mis dudas, es una profesión que amo y no sé separar mi vida de mi trabajo, pero ahora no lo echo de menos. Eso sí, hoy creo que tendría que pelear todavía más que en mi última época, para contar las cosas con un cierto tiempo y una cierta contextualización y un cierto análisis, porque hoy va todo tan deprisa que me alegro de no estar en la primera línea.

-¿Y si te hubieran ofrecido la corresponsalía que quisiera, al final de tu carrera?
-Sin duda África, que es lo que me quedó pendiente. He estado en África muchísimas veces, y creo que debería haber una corresponsalía, y cuando hablo de África no me refiero… la hay en Marruecos, pero me refiero sobre todo al África subsahariana, me interesa muchísimo. Si me hubiesen dicho “¿qué quieres?” hubiese dicho África, o la Luna (ríe), porque con Hermida hicimos un especial cuando se cumplieron 40 años de la llegada a la Luna, y me invitó y me preguntó “bueno, ya has estado en todas partes, ¿te irías a la Luna?” y yo le respondí que inmediatamente, mañana, si me dieran la oportunidad. Jesús sabía de mi fascinación por el espacio.

-¿Y no hubieras querido trabajar en un medio distinto de la televisión?
-La verdad es que no. En el fondo, siempre tuve claro que TV y radio eran lo que me gustaba hacer, de hecho hoy lo único que mantengo es una colaboración en Radio Nacional de España [la sección Sabia de guardia, cada jueves en el programa Gente despierta, en la madrugada de RNE]… y la radio me gusta muchísimo, pero siempre he sido audiovisual. El tema de la prensa escrita no me ha llamado nunca la atención; ahora me ofrecen muchísimo colaboraciones pero no quiero, porque me interferiría mucho en lo que hago, porque creo mucho en la palabra presencial.

-En tu última época en TVE estuviste en la corresponsalía de Asia-Pacífico, cuando Asia estaba configurándose como el gran actor del mundo que es hoy a todos los niveles.
-Sí, la verdad es que yo he tenido mucha suerte en los momentos históricos que me han tocado en cada una de las corresponsalías, salvo en el caso de la caída del Muro de Berlín, porque ahí me tenía que haber esperado un poco [cerró su primera etapa en la  corresponsalía de Moscú en 1989, meses antes de la caída del Muro]. Lo de Asia es algo que ya se veía venir, que no fue una sorpresa, pero es verdad que vivir ese cambio de eje de poder -geoestratégico, económico- del Atlántico al Pacífico, estar ahí en primera línea… y sobre todo el impulso final de China antes de los Juegos Olímpicos de 2008, los dos o tres años anteriores a los Juegos, fue espectacular. E incluso la forma de comportarse de China, porque fue un poco hipócrita para hacerse la buena, y luego volvió otra vez a sacar el cerrojo.

-En estos diez años, ¿cómo has buscado esa realización que decías pretender al prejubilarte?
-Pues la verdad es que también en esto he sido muy afortunada, porque no he buscado sino que me ha venido a buscar… la gran fortuna que he tenido es contar con espacios para estar no en primera línea informativa pero sí en primera línea de la defensa de la informativa, porque cada vez estamos más avanzando hacia un deterioro muy alarmante. Se me ofrecen oportunidades de todo tipo, no sólo de las universidades, sino muchos foros abiertos, con consejerías autonómicas… y también sobre el tema de la igualdad, que siempre ha sido esencial para mí. El problema es ahora que tengo que intentar hacer menos cosas, parar un poco.

-Tu trayectoria es tan amplia que no sé si serías capaz de subrayar alguna experiencia (algún personaje entrevistado, algún reportaje) que te haya marcado especialmente.
-Es muy difícil, siempre que me lo preguntan me cuesta muchísimo. Pero tengo claro que los personajes que más me han impresionado no son famosos, ni de la política ni de la empresa, ni del arte, sino gente ordinaria, común, que tiene unas vidas muy complicadas y que son auténticos personajes. No sólo para ellos sino por el trabajo que hacen en favor de otros, y esa capacidad, sobre todo por parte de mujeres, en situaciones de extrema dificultad, de tragedias, de conflictos, catástrofes naturales… esa capacidad de no sentirse víctimas y no estar todo el tiempo protestando, sino de tirar hacia adelante, de resistir y hacerlo en positivo, eso francamente me produce una extraordinaria admiración. Y de esos personajes me he encontrado muchísimos.

"En los 80, con Reagan, se empezó a cimentar lo que estamos viviendo ahora: se empezó a apartar del centro el interés por la persona"

-¿Y en cuanto a los lugares donde has estado, qué te ha parecido más importante de lo vivido allí?
-Pues mira, creo que fue muy importante la etapa de Estados Unidos en los 80, con Reagan. Ahí es donde se empezó a cimentar lo que estamos viviendo ahora: toda esa desregulación de los mercados, la mezcla de la política y el espectáculo, es decir, toda esa frivolización. En definitiva, el apartar del centro el interés por la persona. Todo eso empieza a gestarse ahí. En ese momento no éramos muy conscientes, aunque se veía que algo estaba sucediendo, que había unas tensiones, pero visto desde el presente, diría que como repercusión en la vida de las personas, esa etapa fue muy importante. Y luego, claro, el ascenso de China.

-¿Qué valor le das a haber podido salir de España para estudiar a los 14 años?
-Es muy importante. Hay que salir fuera, a mí cuando me enviaron era a finales de los 50. No había TV de fuera, y hoy se ve mucho pero no se entiende nada, porque no se explica nada. Hay que conocer, porque de lo que realmente aprendes es de lo diferente. No hubiera podido hacer nada de lo que he hecho si no fuera por la familia que tuve.

-Has denunciado muchas veces que estamos más entretenidos que informados. Y esta semana, en tu conferencia en la UJI dijiste que se prioriza lo que impacta sobre lo que importa. Pero ¿sucede esto en mayor medida que cuando empezaste? ¿Qué ha cambiado?
-Sin duda alguna sucede mucho más ahora. No es que antes fuera todo estupendo, el periodismo siempre ha sido complicado y siempre ha habido que luchar contra intereses. El pretender influir, desviar la atención de los temas esenciales, eso siempre ha estado ahí. Lo que ocurre es que ahora se ha producido una industrialización de ese deterioro. Y la tecnología es una herramienta muy positiva si se usa en favor de las personas, pero si no, está favoreciendo que esas desviaciones del objetivo de servicio al ciudadano sean más fáciles de conseguir, tengan una amplitud mucho mayor, más deprisa y con una eficacia superior… y por tanto la confusión y el hacer creer a la ciudadanía que sabe, que decide, es evidente que se logra más fácilmente. Y por eso estamos peleando tantísimo hoy contra las noticias falsas y contra la creación de burbujas sociales que aíslan a las personas en función de sus percepciones, que son manipuladas en general.

-Pero ¿cómo hemos llegado hasta este punto?
-Pues porque previamente se ha desincentivado el interés por la política, una crisis de las clases medias, ha habido un deterioro en la política de los partidos, que se interesan sólo por sí mismos... En definitiva: hay un terreno abonado. No es que la tecnología consiga eso, es que previamente ha habido un caldo de cultivo que favorece que eso triunfe tan rotundamente.

-Hablas a menudo de que todo ello nos lleva a una apariencia de democracia, una cáscara vacía. Pero las fake news no son de ahora, ¿verdad?
-Por supuesto, porque las fake news son las mentiras de toda la vida. Y la propaganda de toda la vida, disfrazada de otra cosa. Eso siempre ha estado ahí. La diferencia hoy es el alcance tan enorme que tienen, la rapidez con que se propagan y lo bien hechas que están, lo bien estructuradas que están, tanto que consiguen hacernos creer que estamos bien informados. El éxito de la desinformación produce ese tipo de sociedad que cree que está informada, y por tanto acaba tomando decisiones en contra de sus propios intereses.

"Como ciudadanos, tenemos que aprender a resistir al ruido, que distrae, y al silencio, que lo que hace es engañar"

-Hay una vuelta de tuerca más: los expertos empiezan a hablar de que los hechos no importan.
-Claro, porque hemos llegado a rizar el rizo y a la tormenta perfecta: ocurre que tenemos a los políticos, ojo, que generalizar no es justo, pero unos políticos que en lugar de defender la calidad de la información la atacan, porque no les conviene. Y consiguen convencer a la ciudadanía de que el enemigo es precisamente el informador, y dejan de lado su obligación: igual que proporcionar a la ciudadanía una alimentación sana, una educación de calidad, una información independiente y rigurosa. Se preocupan de desacreditarla. Y la ciudadanía compra ese mensaje, y en lugar de proteger al periodista, que es su puente, su intermediario, lo abandona. Por eso es la tormenta perfecta. No olvidemos que la obligación de los políticos es la gestión de la cosa pública, pero en favor del bien común, no de sus propios intereses. Si vas vaciando la democracia de contenidos y tienes un estado de derecho en el que los derechos no se defienden, no estás cumpliendo con tu obligación. Y eso lleva a la sensación de que todos los políticos son iguales, y el que más se apunta a la política espectáculo es el más escuchado. Como ciudadanos, tenemos que aprender a resistir al ruido, que distrae, y al silencio, que lo que hace es engañar.

-Por eso dices que vivimos en un mundo más de emoción pública que de opinión pública. 
-Llevo diciendo esto desde hace muchos años. Si se toman decisiones en base a las emociones, esto es muy peligroso en cualquier terreno. Cualquier cosa que no pase por la razón, el análisis, la reflexión, la calma… es un riesgo extraordinario. Hacemos tambalear la democracia. El sistema ha hecho muchas cosas mal, pero no hay que cargárselo, hay que reformarlo. Todo eso que se ha hecho mal, eso es lo que hay que reconducir para poder seguir avanzando y que alcance al mayor número de personas, no al revés que es lo que estamos haciendo ahora, que se está excluyendo a mucha gente.

-Ante esto, ¿qué podemos hacer los periodistas? Y ¿podemos hacer algo sin los medios tal y como los conocemos hoy?
-Lo primero es saber qué pasa, hay que tener un diagnóstico y ser conscientes del porqué, saber a quién beneficia que estemos en esta situación. Y luego, tenemos que recuperar el control de la calidad informativa y pelear con uñas y dientes, buscando vías nuevas, porque mira, a mí me da pena que desaparezcan los medios convencionales, la prensa y tal. Me da igual el soporte, lo que me importa es el contenido. Y este está hoy en la red, y hay que estar atentísimos a la alfabetización mediática de los jóvenes, de los adolescentes, para que entiendan la responsabilidad de ser capaces de discernir entre lo que es tóxico y lo que no: es decir, recuperar sentido crítico. Y que la responsabilidad está en cada uno de nosotros. La red es estupenda, hay que usarla al máximo pero no hay que caer en ella ni que me domine. Y cuantas más voces estén en esto, mejor, porque enfrente hay serios intereses para que la sociedad no sea de ciudadanos, que piensen, sepan, decidan y exijan, y en cambio tener una sociedad de consumidores que compren productos e ideas.

-Le preocupa el ciudadano que no es consciente de su responsabilidad, porque dice que sin quererlo actúa contra sus propios intereses.
-Es lo que está sucediendo. Lo hemos visto en Brasil, ahora en el Brexit… por ejemplo, hay una clara voluntad de destruir la Unión Europea. Y ¿cual es la mejor forma? Convencer a la ciudadanía de que se cargue la UE. Vamos a ver, es lo último que nos interesa: nos interesa reformar lo que no funciona bien, y tener una UE que trabaje por los derechos de las personas. Porque además, precisamente para que no tenga el peso que debe y puede tener, es por lo que hay tantos intereses en destruirla. Y es así de evidente. Hay que mirar a China, a EEUU y a las grandes corporaciones, que son más grandes que muchos estados. ¿Quién quiere que Europa no funcione? Evidentemente, no los ciudadanos europeos?

-¿Cómo se informa hoy Rosa María Calaf? ¿Tiene referentes claros?
-Pues como todo el mundo, con mucho esfuerzo. Hay que hacer un enorme esfuerzo, no puedes esperar que la información te llegue gratuita, sin hacer nada… todo eso que te va a llegar tan fácil, alguien lo paga y lo paga para algo, y generalmente no va a ser pensando en ti. Es cuestión de hacerte una dieta de medios y de periodistas, y usar la tecnología en positivo, tratando siempre de contrastar en las plataformas contra la desinformación, que hay muchas. Ser muy activo. Lo último que se puede ser es pasivo; para ello paso bastantes horas al día, porque afortunadamente tienes ya una serie de canales y personas en las que confías. Pero fácil no es. Y sí, tengo referentes personales y medios de comunicación; miro mucho la prensa extranjera e intento seguir los digitales que en general son más fiables. Es un trabajo casi artesano.

-Es decir, informarse cuesta.
-Por supuesto. Y hay que leer también aquello que no te gusta, hacer ese esfuerzo. Estoy en algunos chats en los que se comparten cosas con las que no coincido pero todo ayuda a encontrar cosas válidas y a contrastar. Lo que está muy claro es que hay que tener una posición activa, no puedes quedarte con los whatsapps que recibes, el trending topic…

-¿Siente alguno de sus premios como especial?
-Siempre que te dan un premio, piensas que ha habido unas personas que han visto un valor en lo que has hecho: todos te hacen ilusión. Pero claro, por ejemplo el Ondas, los Doctorados Honoris Causa de las universidades, significan una valoración por parte de segmentos no directamente vinculados contigo. Tener el premio José Couso me produce una gran satisfacción, aunque me gustaría no tenerlo porque significaría que Couso estaría vivo… o el Cirilo Rodríguez, para los corresponsales y enviados especiales tiene un especial atractivo por lo que significaba Cirilo.

-En la UJI has dado una conferencia titulada Mujeres y medios: estereotipos y silencios. ¿Hay más de los primeros o de los segundos?
-Pues de las dos cosas. La tendencia general, no sólo en informativos, sino en concursos, entretenimientos, etcétera, es que hay una clara diseminación de esos estereotipos de siempre, de los roles, de la mujer como objeto a desear o a poseer, en lugar de sujeto a respetar e imitar. Eso está a la orden del día. Se ha mejorado, evidentemente, faltaría más, pero vamos con una lentitud tremenda. Y los silencios son gravísimos, por todo lo que se calla en torno a grandes temas y sobre todo en silenciar a las mujeres, porque la voz de las mujeres sobre todos los temas que les afectan no está en el discurso informativo. Por tanto, se está silenciando y eso es un abuso de la libertad de expresión, porque estamos contando la mitad de la expresión del mundo.

"En los medios, hoy tenemos por un lado una hipersexualización de la mujer y por otro lado, invisibilización de lo que hace, piensa o dice"

-¿Y cómo se detecta ese silenciamiento?
-Es sencillo: en los medios audiovisuales, en la TV y ahora sobre todo en las redes, tenemos por un lado una hipersexualización de la mujer y por otro lado, invisibilización de lo que hace, piensa o dice. Y hay que ver cómo el acoso a las mujeres periodistas en la red es muy superior a la de los hombres. Por eso quien dice que estamos todo el día protestando, que ya está bien, pues va contra esos datos objetivos. Y por eso insisto en que esto no es un tema de mujeres, sino de la sociedad: los hombres sois también interesados en que toda la sociedad colabore por el bien común. No es contra nadie sino a favor de todos, una idea muy simple. Pero hay gente que compra la distorsión en lugar del sentido común.

-¿Cómo podemos ser periodistas comprometidos sin que ese compromiso nos lleve a silenciar aquello que no cuadre con nuestra visión de la vida?
-Ese es un matiz importante pero eso siempre ha sido así. Lo importante es la honestidad: que lleves al extremo la verificación, la comprobación: es evidente que la objetividad no existe y tú tienes tu carga cultural, etcétera, pero la honradez sí existe y hay tiene que haber una posición tuya. Y hay que argumentarle al ciudadano por qué el verdugo es el verdugo y la víctima es víctima. A veces la línea es delgada, pero la única solución posible es la honestidad.

-En tu conferencia en la UJI hablabas de una periodista pionera como Carmen de Burgos, Columbine, y dabas por hecho que hoy nadie la conoce, pese a que es un referente del periodismo español del siglo XX. ¿Seguimos invisibilizando a los referentes femeninos? 
-Es que vivimos en una falacia: nos hacen pensar que somos la generación más informada y la más preparada, cuando sin embargo, por ejemplo, hoy algunos comportamientos androcéntricos y excluyentes de lo que las mujeres han hecho nos revelan que no se reconocen del todo los derechos de una parte de la población. Hablamos de derechos, y da igual que sean cuestiones de género, de raza o de religión. El hecho de que se oculten los referentes que aportarían luz e impulso para seguir esos caminos, se da por alguna razón: para que no ejerzan de guía.

-¿Qué mensaje enviarías a un estudiante que, al final de este curso, vaya a salir de la Facultad con su título de Graduado en Periodismo?
-Pues le diría que realmente tiene que estar muy convencido de que quiere hacer Periodismo, realmente. Y que sepa que es mucho más que un trabajo, que es un compromiso social, una responsabilidad. Y que va a tener que pelear muy duro, esto no es nuevo, pero tiene sobre todo que ser muy realista y muy determinado de la importancia de la buena información y de la extraordinaria responsabilidad que tienes con respecto a los demás. Yo no me he arrepentido un minuto en mi vida, porque la buena información es fundamental para la calidad democrática.

-Y para terminar: ¿cuál es hoy tu visión del mundo? ¿encuentras más motivos para el optimismo o para el pesimismo?
-¡Casi nada! Pues es verdad que hay días que, tal como están las cosas, me levanto pesimista. Pero nunca lo he sido. Creo que la Historia de la Humanidad tiene ciclos, sube y luego baja y luego vuelve a subir. Y es cierto que hoy estamos mejor que hace 50 años, y que hace 100 y que hace 200. Por tanto, realmente siempre se ha ido avanzando, pero no siempre ha sido hacia arriba. Y es posible que en este momento estemos viviendo un parón. Y hay que pelear para que esa pérdida de logros no sea definitiva y sobre todo que no vaya a más. Que veamos el remontar. Históricamente hemos sido capaces de avanzar.

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