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contracrónica | debate autonómico de À punt

Sin novedad en el frente

26/05/2023 - 

Segundo y último debate electoral de los candidatos a la presidencia de la Generalitat, en la televisión pública autonómica, À Punt. El primer debate tuvo lugar hace mucho, mucho tiempo, y asistimos a un espectáculo razonablemente entretenido. Pero también es verdad que este debate durará el doble, y que a estas alturas todo el mundo está ya saturadísimo de campaña, comenzando por los propios candidatos.

Pero, al mismo tiempo, este debate llega en el momento justo, cuando apenas quedan tres días para votar. Cuando los sondeos nos han marcado un terreno de juego igualadísimo, en el que cualquiera puede ganar, y eso quiere decir que el Botànic tiene que afanarse para defender el terreno y que la oposición tiene que arriesgar, tiene que buscar protagonismo, para arañar esos últimos votos que le den la victoria.

Este reparto de papeles queda claro desde el minuto uno. Como en el primer debate, Carlos Mazón sale al ataque a por Ximo Puig, planteando nuevamente un minidebate entre ambos, en el que Mazón personaliza en Puig todas las desgracias de la Comunidad Valenciana y a Puig no le queda otro remedio que responderle.

Comencemos por el aspirante. Para este cronista, Carlos Mazón ha dejado de ser "un tal Mazón" a lo largo de esta campaña. No puede decirse que le tenga el cariño que afirma tenerle el presidente de su partido, pero es verdad que Mazón sabe condensar el discurso como pocos. El hombre lanza cifras y cifras y cifras en el limitado tiempo de que dispone, a una velocidad digna del anuncio de los micromachines. El destinatario de todas y cada una de sus cifras es siempre Ximo Puig. Mazón ataca sin cesar y lo hace con tino, porque logra descolocar al president de la Generalitat. Y emplea, atención, gráficos e imágenes para apoyar sus cifras, e incluso la cuadratura del círculo: imágenes con las mismas cifras que acaba de decir, por si alguien no las ha oído.

Mazón opina que la Comunitat Valenciana es un erial, especialmente el sistema sanitario público, que hace aguas por todas partes. La respuesta de Puig es que con el PP la cosa era aún peor. Pero no acaba de responderle con la misma eficacia frenética que despliega Mazón. A Ximo Puig, como ya vimos en el debate de la Cadena Ser, como en 2019, no le gustan los debates en televisión, y se nota. Arrastra las palabras, cavila, se detiene, se toma las cosas con calma. En el tiempo en que Mazón le ha arrojado veinticinco cifras y seis gráficos a él apenas le da para decir que todas esas cifras son falsas, o casi todas. Pero como la respuesta acaba siendo que bueno, que quizás alguna cosa sea verdad, quizás se pueda mejorar algo, la sensación es que Mazón tiene al menos parte de razón... ¡Y así debe ser, que lo dice con gráficos!

El president de la Generalitat suele despachar las críticas de Mazón con un "las cifras son falsas", y a otra cosa, que generalmente es defender que las cosas han mejorado y que se está logrando que muchas empresas inviertan en la Comunidad Valenciana. Hay candidatos que venden ilusión, y otros, como Ximo Puig, venden inversión, con el entusiasmo del presidente de un club de fútbol hablando de nuevos fichajes. Un discurso que, inexplicablemente, tampoco seduce a las masas.

En resumen: si esto hubiera sido un cara a cara Mazón-Puig, lo habría ganado claramente Mazón. Pero, por desgracia para el candidato popular, es un debate a seis, y Mazón no va a encontrar ayuda de ninguno de los otros cuatro contendientes, que más o menos van a repetir la estructura del primer debate: Los otros dos representantes del Botànic, Héctor Illueca (Unidas Podemos) y Joan Baldoví (Compromís), se van a encargar de responder a Mazón cuando Puig no lo haga, que es casi siempre, y de hostigarle a lo largo y ancho del debate; la candidata de Ciudadanos, Mamen Peris, que en teoría forma parte de las "derechas unificadas" de las que continuamente habla Illueca, va por libre desde el minuto uno, pero con mayor querencia a asestar certeros estacazos a sus supuestos adláteres de PP y Vox; y Carlos Flores, para rematar, saldrá de aquí como claro perdedor del debate.

Flores, Peris, Puig, Mazón, Baldoví e Illueca antes del debate. Foto: À PUNT/Miguel Lorenzo 
La situación, por hacer un paralelismo que viene muy a mano con un debate autonómico, me recuerda a la Primera Guerra Mundial: el aspirante, Carlos Mazón, presenta una gran potencia de fuego y es sin duda el representante del partido más potente (PP-Imperio Alemán). Pero enfrente tiene a una Entente en la que el líder de la misma, Ximo Puig (Gran Bretaña), se resguarda tras el sacrificio de sus dos aliados, Joan Baldoví y Héctor Illueca (Francia y Rusia, respectivamente), que van a partirse la cara por él como buenos aspirantes a vicepresidentes de su Gobierno, y eso va a acabar por enfangar el ímpetu bélico de la maquinaria de guerra dialéctica pepera. Por otra parte, Mazón tiene el problema de que sus supuestos aliados le salen rana: uno presenta un aspecto atildado e impecable, pero su desempeño en el debate es un desastre absoluto (Carlos Flores - Imperio Austrohúngaro); la otra (Italia - Mamen Peris) se supone que es aliada, digna representante de las Potencias Centrales, pero en la práctica va por libre y bien pronto se percibe que le tiene mucha más inquina a PP y Vox que a los demás.

Y, entre la espada y la pared de la Entente botánica y la torpeza o desapego de sus supuestos aliados, Mazón acabará por encallar en este debate, también por una reiteración continua en leer y leer cifras desastrosas del Botànic que nadie puede comprobar -aunque él afirma que son cifras oficiales de la Generalitat-. Una estrategia que al principio funciona muy bien, pero en la que al final se echan en falta propuestas. Que no es que no haga, pero quedan deslucidas y resumidas en "bajaré los impuestos" como mantra habitual.

Los dos escuderos de Puig tienen estilos antagónicos: Héctor Illueca, serio y algo robótico, parece un señor atormentado por el peso de las derechas unificadas. Pero su discurso está bien articulado y ofrece un contrapunto a las propuestas de los demás. Tampoco se priva de mencionar a Florentino Pérez y sus "collejas" al alcalde de Madrid, o a otros empresarios que también dan collejas, dice Illueca, aunque no les veamos hacerlo. Como Mazón tiene bajar los impuestos como bálsamo de Fierabrás que solucionará todos nuestros problemas, Illueca se indigna: si baja usted los impuestos, no se podrán garantizar los servicios públicos. Y de ello va a hablar Illueca en sus intervenciones, de lo público, los servicios públicos, y las empresas públicas. Especialmente de esto último, porque para Illueca los problemas se solucionan montando empresas públicas que los gestionen: farmacéuticas públicas, supermercados públicos, eléctricas públicas, ... Exprópiese, y a la marcha. Con Illueca, el Valencia CF sería un bien público; y que se atreva el Comité de Competición a quitar tarjetas rojas à posteriori.

Baldoví es más efectista, más amigo del chascarrillo, de soltar una broma en el debate. Al mismo tiempo, su compromiso con el Botànic es total y absoluto. Le oyes hablar del Botànic y parece que ese gobierno tetrapartito es un paraíso de las políticas de consenso. Parece que Baldoví ha estado en el Botànic desde el minuto uno, pero no: no ha estado nunca; ha estado en Madrid, en la distancia (quizás por eso le gusta tanto el Botànic, porque no lo conoce bien), y ahora viene aquí para defenderlo a toda costa de Mazón y de "su amigo y mentor, Eduardo Zaplana", cosa que repite varias veces. Más veces, en todo caso, que las cero ocasiones en las que el PP ha proferido ese nombre en voz alta a lo largo de toda la campaña electoral.

¿Qué hay de los supuesto aliados de Mazón que le suponen más problemas que otra cosa? Por un lado, ayer no fue el día de Carlos Flores. El candidato de Vox fue enlazando una pifia con otra, y apenas logró que su tan proclamada capacidad dialéctica brillase en el debate. Primero, por sus propuestas en materia social. Para Vox lo más importante es el "bienestar en nuestra familia, en nuestra casa, con los más allegados". Tan importante es la familia que Flores propone la creación de un Ministerio de la Familia, y a nivel autonómico también crearía un chiringuito similar. Cuando hay un problema, la solución en España siempre es hacer un Ministerio, para evidenciar que los gobernantes se toman muy en serio el problema, aunque luego no hagan nada para afrontar el problema en sí.

Sin embargo, para Flores mencionar la familia es un problema obvio, porque es un candidato condenado por ejercer violencia psicológica contra su exmujer. Un talón de Aquiles al que, sorprendentemente, nadie se refirió en el primer debate. Pero aquí va a salir cuando, acto seguido, el candidato se ponga a interrumpir a Ximo Puig y le critique por llevar toda la vida en la política. Y Puig le responde: sí, toda la vida, pero honradamente y sin condenas.

Después, Flores vuelve a patinar con su afán por hacer el ridículo con el discurso del cambio climático. Vox representa la visión escéptica al respecto, de que no es para tanto la cosa, que a ver cómo vamos a poner en cuestión nuestro derecho constitucional a ir acelerando a tope por la autovía, que llegamos tarde para coger un avión que nos lleve al coto de caza. Que esto del cambio climático es una molestia para nuestro modo de vida.

Es un planteamiento legítimo, por muy egoísta o cortoplacista que resulte. El problema es que el candidato lo defiende diciendo cosas como que el Botànic quiere que dejemos de comer chuletas para comer gusanos, o que todo esto del cambio climático es una conspiración para vender sucios intereses "globalistas", signifique lo que signifique eso.

Mientras pienso si me he colocado correctamente en la cabeza el papel de aluminio para evitar las interferencias alienígenas en mi cerebro, veo que los demás candidatos aprovechan la oportunidad para preguntarle a Mazón si espera gobernar la Generalitat con este señor. Y Mazón se pone de perfil, claro. No quedan muchos frikis negacionistas del cambio climático en el PP: como es notorio, casi todos se han ido a Vox.  

Como broche de oro, el candidato de Vox deja claro que no le gustan los chiringuitos públicos y se queja de que a Vox no le dejan salir en À Punt y de la misma existencia de la televisión pública, que según dice no ve nadie (y teniendo en cuenta su desempeño en este debate, la verdad es que más le vale que sea así).  

Finalmente, Mamen Peris, candidata de Ciudadanos, como ya se ha dicho va a ir por libre en todo momento. Y, desde mi punto de vista, va a ser la ganadora del debate si entendemos por tal la que consigue más momentos icónicos y réplicas brillantes en el transcurso del mismo, aunque luego casi ningún candidato le haga caso, y desde luego ni Mazón ni Puig.

Es muy posible que sea su último debate electoral, dadas las escasas posibilidades de su partido, pero precisamente por eso, por no tener nada que perder, Peris va a salir a por todas, repartiendo críticas a todos los demás candidatos, y para ello va a emplear todos los trucos de los debates televisados habidos y por haber. Los discursivos y los otros, es decir: sacar cosas para llamar la atención. Peris va a sacar gráficos, imágenes, noticias, pero también unas llaves o un datáfono. Todo con tal de sacar la cabeza, que es de lo que se trata.

Su mejor momento visual llega en una de las ocasiones en las que interpela a Joan Baldoví, y el candidato de Compromís, más educado y dispuesto a departir con todos que los integrantes del minidebate PP-PSOE, le responde. Craso error: Peris saca rauda una camiseta para invocar el fantasma más terrorífico de todos, el fantasma del sanchismo. Una camiseta con la leyenda "Baldoví marioneta de Sánchez". En fin. En un debate a seis, y más cuando eres el pequeño y todos te ignoran, hay que hacer un poco el payaso. En efecto, señora Peris: con su camiseta de marioneta de Sánchez me ha conquistado usted, como si fuera una montaña de Ferrero Rocher.

Y su mejor momento discursivo llega casi al final del debate, cuando se refiere nuevamente a la condena por violencia psicológica de Carlos Flores, aunque sin nombrarle. Esto es lo que apunté: "Soy la única mujer y hay cinco hombres aquí. No pasa nada porque esté aquí un condenado por violencia machista. Soy abogada y sé que los delitos prescriben. Pero ni un paso atrás con la violencia machista. Digo que en las listas no debe de haber etarras, corruptos, ni personas condenadas por violencia de género, por decir cosas como 'Puta, te voy a quitar a los hijos, te voy a joder la vida hasta que pueda'". Carlos Flores, como cabía esperar, no entró al trapo.

El debate se acaba, tras dos horas. Ha sido un debate bastante animado, por momentos tenso, con más espectáculo que dialéctica. En cuanto a la gran pregunta (quién sale más beneficiado, además de Mamen Peris), la verdad es que no tengo una respuesta clara. Por un lado, no es que Mazón haya perdido este debate. En el cuerpo a cuerpo con Puig, ha vencido, de hecho. Pero puede ser una victoria pírrica. No tengo ni idea de qué bloque vencerá el domingo, pero en este debate me ha dado la sensación de que el Botànic, defendiéndose con solvencia, tiene claro que seguirá gobernando, y la oposición, desunida y con ataques desorganizados y a veces indiscriminados, que seguirá en la oposición.


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