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el tomate perfecto para el 'pa amb tomaquet'

Tomata de penjar: el tomate autóctono por descubrir que se cultiva en Alcalá de Xivert

  • Ricard Chicot
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Valenciano. Raf. Pera. Canario. Cherry. Corazón de buey. Muchamiel. Son algunos de los apellidos más populares del tomate, pero suponen solo una parte insignificante de las variedades que se han cultivado en el mundo (se calcula que hasta 10.000).  En la Comunidad Valenciana se cultivan unas cuantas. Los tomates de El Perelló, la Serranía o la localidad alicantina de Mutxamel son apreciados dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, el tomate de colgar o tomata de penjar que se cultiva la zona costera del norte de Castellón parece haber quedado en  un discreto segundo plano.  Al menos para los valencianos, porque al traspasar la línea que divide Castellón de Tarragona, la tomata de penjar tiene muchos más seguidores. Por sus características, es la mejor variedad para elaborar su tradicional 'pa amb tomàquet', uno de los mejores inventos del hombre después de la rueda. 

A finales de julio, se celebró el II Concurso La millor tomaca de La Marina en el mercado gastronómico los Magazinos con un jurado compuesto por periodistas y cocineros, entre ellos Quique Dacosta.  El premio a la mejor tomata de penjar recayó en la variedad estrella de Tomata Herrera, un productor  de Alcalà de Xivert que cultiva desde hace dos generaciones este tomate autóctono que tiene una calidad insuperable.  La tomata de penjar se caracteriza por su sabor, su forma y sobre todo por su larga duración. En las condiciones adecuadas puede mantenerse de cuatro a seis meses sin que se estropee. Aunque nadie aguanta tanto sin comérselos. 

"Hará 150 años, cuando no existían los frigoríficos, los agricultores de la zona cogían los tomates de la cosecha de verano, los ataban, los metían en la despensa colgados en los techos y del que aguantaba más sacaban semilla. Así se fue haciendo la selección natural hasta que se quedaron dos o tres variedades que son las que se trabajan en este pueblo", explica José Herrera, propietario de Tomata Herrera, el productor más grande de la localidad.  Junto a él, hay otros 15 o 20 agricultores que siguen cultivando este tomate. Cada vez son menos. "Los padres se jubilan y los hijos no quieren continuar", afirma Herrera. El pan nuestro de cada día en el campo. 

Los tomates se unían en ristras que se colgaban para que duraran más. Antiguamente, en muchas casa de las zonas se veían los porches tapizados de color rojo. Hoy, se sigue haciendo de forma artesanal. Casi siempre son mujeres que con aguja e hilo van uniendo los tomates en las ristras o poms. "Antes se hacían poms de 5 o 6 kilos. Ahora los hacemos de un kilo para que sea más fácil para el cliente consumirlos", añade Herrera. También se venden en cajas o a granel, lo de las ristras se mantiene, sobre todo como forma de identificación.  Puede que sea solo un capricho para amantes de lo hecho a mano, pero esa forma los distingue y les dota de una singularidad única. 

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