CASTELLÓ. El proceso de abandono de tierras agrícolas, y de manera especial el cultivo de cítricos, continúa avanzando en la provincia de Castellón. Según las últimas estadísticas de la Encuesta de Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la superficie citrícola en regadío ha vuelto a retroceder en 2025 hasta situarse en 32.059 hectáreas, frente a las 32.456 contabilizadas un año antes. En apenas doce meses, la provincia ha perdido cerca de 400 hectáreas de cítricos, una tendencia que consolida el ajuste estructural que vive el sector.
El descenso se concentra, un año más, en los pequeños cítricos —clementinas y mandarinas—, que constituyen la base del mapa citrícola castellonense. Este grupo de cultivos pasa de 24.376 hectáreas en 2024 a 23.890 en 2025, lo que supone una reducción de 486 hectáreas. En contraste, la superficie dedicada al naranjo se mantiene prácticamente estable e incluso registra un ligero repunte, al pasar de 7.504 a 7.512 hectáreas, una variación que no compensa la pérdida global del conjunto del sector.
La evolución de 2025 sigue la estela de lo ocurrido el año anterior. En 2024, la citricultura de Castellón ya había perdido unas 500 hectáreas, de las cuales 427 correspondían precisamente a clementinas y mandarinas. La repetición de este patrón confirma que el abandono no responde a un ajuste coyuntural, sino a problemas estructurales de rentabilidad y continuidad generacional.
Las cifras del Ministerio reflejan, además, una reordenación del mapa agrícola castellonense más allá de los cítricos. El olivar consolida su crecimiento y gana peso en la provincia, al aumentar de 28.811 a 29.505 hectáreas en un solo año. En sentido contrario, el almendro continúa perdiendo superficie, con un descenso significativo desde las 30.582 hectáreas de 2024 hasta las 29.199 en 2025.
Entre los cultivos emergentes destaca el aguacate, que sigue avanzando de forma sostenida, aunque todavía con una presencia limitada en términos absolutos. En 2025 alcanza las 1.146 hectáreas, frente a las 1.121 del año anterior, confirmando su papel como alternativa para algunos productores en búsqueda de mayor rentabilidad.
La Comunitat pierde un 2% de superficie cultivada
La situación de Castellón se enmarca en un contexto autonómico especialmente preocupante. Un estudio elaborado por la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), a partir de la encuesta Esyrce del Ministerio, señala que la Comunitat Valenciana dejó de cultivar 3.548 hectáreas en 2025, lo que supone un retroceso interanual del 2,01% y eleva la superficie total abandonada hasta un récord histórico de 179.994 hectáreas.
Mientras el conjunto de España logra recuperar ligeramente superficie agraria, la Comunitat Valenciana concentra ya el 17,5% de todas las tierras abandonadas del país, encabezando el ranking nacional por delante de comunidades con mucha mayor extensión territorial. Dentro de este proceso, los cítricos vuelven a ser el cultivo más afectado, con 2.762 hectáreas dejadas de cultivar en un solo año y una pérdida acumulada del 15% en la última década.
La gravedad del fenómeno ha sido subrayada por el presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, quien advierte de que el abandono de tierras ha alcanzado un punto crítico. “La mancha marrón de los campos abandonados no engaña”, señala, al tiempo que alerta de que los agricultores abandonan el campo porque “no es rentable”. Según Aguado, muchos productores de mayor edad mantienen las explotaciones únicamente por apego a la tierra, “incluso a costa de destinar parte de la pensión”, mientras que las nuevas generaciones descartan incorporarse a un sector que perciben como “sacrificado y ruinoso”.
El máximo responsable de la organización agraria alerta, además, de que este proceso puede ser irreversible. “Estamos entrando en un punto de no retorno, porque quien se va de la agricultura no vuelve”, afirma, y reclama un giro en las políticas agrarias y comerciales de las administraciones. En su opinión, los acuerdos sin reciprocidad, como el tratado con Mercosur, agravan la pérdida de competitividad del campo valenciano y ponen en riesgo la soberanía alimentaria, además de generar problemas medioambientales asociados al abandono de parcelas, como la proliferación de plagas o el aumento del riesgo de incendios.
Falta de relevo, más costes y competencia desleal
Este diagnóstico autonómico tiene un reflejo directo en la provincia de Castellón. El delegado de AVA-ASAJA en Castellón, José Vicente Guinot, explica que estas cifras confirman que la provincia “va en la misma línea que el conjunto de la Comunitat Valenciana”, donde el abandono de tierras se ha convertido en un problema estructural. Entre las causas principales señala la falta de relevo generacional, derivada de la elevada edad media de los agricultores y de la escasa rentabilidad que ofrece el campo al pequeño productor.
Guinot subraya que el sector agrario, en términos macroeconómicos, sí resulta rentable —como demuestra su aportación al PIB—, pero advierte de que “esa rentabilidad no llega al agricultor”, que es el eslabón más débil de la cadena. Por ello, reclama una aplicación efectiva de la ley de la cadena agroalimentaria que garantice precios justos en origen, así como políticas activas desde las administraciones para facilitar la incorporación de jóvenes, el acceso a la tierra y la financiación necesaria para ampliar o modernizar explotaciones.
A estos factores se suman, según AVA-ASAJA, la creciente competencia de mercados externos y el papel del sector primario como moneda de cambio en la política comercial europea. El responsable agrario cita expresamente acuerdos como el de Mercosur y reclama que los agricultores europeos compitan en igualdad de condiciones con las producciones de terceros países. A ello se suman otras amenazas como el envejecimiento de las plantaciones, los efectos del cambio climático -con altas temperaturas y fenómenos adversos- así como la entrada de nuevas plagas, factores que ahondan en la falta de rentabilidad.
En el caso concreto de los cítricos, Guinot advierte de que Castellón “no se puede permitir perder más superficie”. El fuerte incremento de los costes de producción, unido a una competencia cada vez más intensa en los mercados internacionales —con especial incidencia este año de las importaciones sudafricanas al inicio de campaña—, ha deteriorado la rentabilidad de un sector eminentemente exportador. Un escenario que, de no revertirse, amenaza con prolongar el goteo de abandono de explotaciones en la provincia.
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