CASTELLÓ. Si hay dos desafíos que marcan el presente y el futuro de la citricultura son la lucha contra las plagas y el desarrollo de nuevas variedades más resistentes tanto a enfermedades como a estreses provocados por el cambio climático. En estos dos campos centra gran parte de su trabajo la empresa AVASA (Agrupación de Viveristas de Agrios) que, con sede en Alcalà de Xivert, agrupa a nueve viveros que suministran el 90% de las plantas de cítricos de toda España, con una producción anual de 4 millones de plantas.
Al frente de este vivero base está José Cuenca, director técnico, quien acumula una amplia experiencia en el sector y resume con claridad las claves para combatir uno de los grandes riesgos que afronta la citricultura. “La prevención sigue siendo la herramienta más importante en sanidad vegetal”, resume Cuenca, quien alerta de que el principal riesgo para el sector citrícola está en la entrada de material vegetal procedente de otros países. “La introducción de plantas de cítricos de fuera de la Unión Europea está totalmente prohibida salvo a través de estaciones oficiales de cuarentena, pero sigue existiendo riesgo por movimientos no controlados o por material procedente de países, incluso de la Unión Europea, con sistemas sanitarios menos exigentes que el español”, advierte.
La empresa castellonense desempeña un papel estratégico dentro del sistema español de certificación vegetal. Ese modelo, considerado el más estricto de Europa, se basa en tres niveles: material inicial —mantenido por el IVIA bajo condiciones controladas—, viveros de base como AVASA y viveros certificados que producen la planta comercial destinada a los agricultores. Todos los viveros cuentan con instalaciones de bioseguridad y son sometidos a los estrictos controles que establece la normativa de certificación. Desde los nueve viveros certificados de AVASA sale la mayor parte del material vegetal que después abastece a las principales zonas citrícolas españolas.
Cuenca insiste en que la amenaza sanitaria es hoy global y que la experiencia internacional demuestra que algunas enfermedades pueden causar graves daños en la producción citrícola en pocos años. El ejemplo más preocupante es el HLB o Huanglongbing, considerada la enfermedad más grave de los cítricos a nivel mundial. “El problema del HLB es que provoca la muerte de los árboles y, una vez entra, no se puede erradicar”, señala. La bacteria todavía no se ha detectado en España, pero sí uno de sus vectores menos eficientes —un psílido transmisor— en Canarias, la cornisa Cantábrica y también en Portugal. “Por eso el control preventivo y la vigilancia son absolutamente fundamentales”, recalca.
AVASA participa actualmente en proyectos internacionales para estudiar la genética de la enfermedad y evaluar patrones y variedades con posibles tolerancias. El objetivo es adelantarse a un escenario que el sector teme desde hace años y que, con la globalización, cada día se ve más probable. "Es imprescindible trabajar en la prevención pero, además, como el escenario de entrada del HLB puede producirse, debemos estar lo más preparados posible con materiales que puedan ser más tolerantes o resistentes", subraya.
Otra de las preocupaciones actuales es el denominado virus de la clorosis nervial amarilla, una enfermedad que ya está presente en la Comunitat y que afecta especialmente a limoneros y limas. Este virus es un ejemplo del riesgo de la entrada de material vegetal desde otros países con sistemas de producción de planta menos exigentes, ya que con los datos recabados hasta el momento todo apunta a que la clorosis entró en España a través de plantas importadas. Según explica Cuenca, se trata de un virus especialmente complejo porque puede propagarse tanto por varios insectos vectores como por herramientas de poda y porque algunas variedades actúan como portadoras sin mostrar síntomas. “Las naranjas y mandarinas pueden infectarse y multiplicar el virus sin manifestar daños visibles, lo que facilita su expansión silenciosa”, explica.
Nuevas variedades para resistir calor, sequía y mercado
Junto a la sanidad vegetal, la otra gran línea de trabajo de AVASA es la mejora genética. El sector busca variedades más productivas, resistentes y adaptadas al cambio climático, pero también capaces de responder a las exigencias comerciales.
“Aunque no existe la variedad perfecta, la elección de una variedad debe priorizar la productividad, la resistencia a estreses y una calidad que optimice la salida comercial y la obtención de buenos precios”, resume Cuenca. En mandarinas, por ejemplo, la ausencia de semillas sigue siendo uno de los grandes objetivos, junto a factores como el calibre, el color, la productividad o la época de maduración. En naranjas se investiga también el desarrollo de variedades con mayor contenido en antioxidantes naturales, como antocianos o licopenos.

- Área de cultivo de la Agrupación de Viveristas de Agrios (Avasa).
Los programas de mejora genética requieren plazos muy largos y obligan a anticiparse a las tendencias de consumo futuras que son muy difíciles de avanzar, reconoce el director técnico de AVASA. Para lograr nuevas variedades, la empresa emplea desde métodos clásicos de cruzamiento hasta técnicas biotecnológicas avanzadas. Buena parte de estas investigaciones se desarrollan en colaboración con centros científicos como el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) y programas internacionales.
Un sector cada vez más apoyado en la innovación
Además de desarrollar variedades propias, AVASA gestiona derechos varietales y licencias de nuevas obtenciones tanto españolas como procedentes de países como Sudáfrica, Australia o Chile. La innovación varietal se ha convertido en una pieza estratégica para la rentabilidad de las explotaciones, aunque Cuenca subraya que la protección de una variedad no garantiza automáticamente su éxito comercial.
“Al final, el agricultor planta aquello que le resulta rentable”, afirma, aunque la tendencia actual es hacia la innovación, buscando variedades con mejores características agronómicas o comerciales.
La Comunitat Valenciana continúa siendo el gran núcleo productor de planta citrícola de España. Aunque algunos socios de AVASA tienen sede fiscal en otras comunidades autónomas, alrededor del 80% de toda la producción nacional de planta se concentra en territorio valenciano.
En un contexto marcado por el aumento de las amenazas fitosanitarias, las restricciones europeas en materias activas y la presión climática, el director técnico de AVASA insiste en que la sanidad vegetal y la innovación genética serán determinantes para la supervivencia y competitividad futura del sector citrícola español. “La prevención y el control del material vegetal son fundamentales. Si fallamos ahí, el coste para el sector puede ser enorme”, concluye.
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