CASTELLÓ. La oleada de robos de cítricos en la provincia de Castellón no da tregua. Apenas dos días después de que La Unió Llauradora alertara de la sustracción de 36.000 kilos de clemenvilla en fincas de Betxí, la organización agraria ha denunciado un nuevo robo, esta vez en el término municipal de Vila-real, donde han desaparecido alrededor de 15.000 kilos de naranja de la variedad hernandina.
Según la información facilitada por La Unió, el robo se produjo en una parcela próxima a un camino rural y presenta características especialmente preocupantes por su magnitud y rapidez. La fruta fue sustraída con una recolección “limpia y profesional”, dejando los huertos completamente recogidos, lo que hace pensar en la actuación de una cuadrilla organizada, con medios logísticos suficientes y un camión para el transporte.
Desde la organización agraria subrayan que se trata de un modus operandi poco habitual hasta ahora en la zona, tanto por el volumen de kilos sustraídos como por la aparente normalidad con la que se habría llevado a cabo la recolección. “Resulta muy extraño que se puedan recoger tantos kilos por la noche y de forma tan bien hecha; todo apunta a que actuaron simulando una recolección legal”, señalan fuentes de La Unió.
Este nuevo episodio se suma a los robos denunciados esta misma semana en la Plana Baixa, donde desaparecieron 36.000 kilos de clemenvilla, una variedad con escasa oferta y precios al alza en el mercado. La concatenación de sustracciones refuerza la preocupación del sector citrícola en un momento clave de la campaña, en el que el valor de la fruta incrementa el atractivo para las bandas especializadas en robos en el campo.
Desde La Unió recuerdan que ya han reclamado un refuerzo urgente de la vigilancia en las zonas agrícolas de la provincia, con mayor coordinación entre Guardia Civil, policías locales y guarderías rurales, así como un impulso del Grupo ROCA, especializado en la lucha contra los robos en explotaciones agrarias.
La organización insiste además en la necesidad de actuar sobre los canales de comercialización ilegal para frenar este tipo de delitos. “Si alguien roba es porque alguien compra”, reiteran, al tiempo que reclaman más inspecciones en almacenes y puntos de venta sospechosos de dar salida a fruta robada.
El nuevo robo en Vila-real confirma, según el sector, que no se trata de hechos aislados, sino de una tendencia al alza que amenaza la viabilidad económica de muchas explotaciones citrícolas y que vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad del campo castellonense en plena campaña de recolección.
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