CASTELLÓ. Las fiestas de la Magdalena arrancan hoy sábado con sus protagonistas, los castellonenses, atentos a las últimas noticias sobre la predicción meteorológica. En el año del 775 aniversario del Privilegi de Trasllat y 81 años después de aquel 3 de marzo de 1945 en que vieja procesó del Castell Vell deviniera el centro de la nueva semana grande de la capital de la Plana, los pronósticos coinciden en el augurio de lluvias como signo de las primeras jornadas. Sobre la de hoy sábado están puestas todas las miradas, escrutando el cielo a la espera de buenas noticias en forma de ausencia de precipitaciones.
Porque al fin, ja el dia és arribat. Desde hoy, el sonido de la pólvora es un lenguaje compartido, cuyas primeras palabras serán las salvas que saluden, imponentes, ocho décadas de celebración. Con estallido de Pirotecnia del Mediterráneo a mediodía, se abrirá la vida. Nueve días en los que la tradición y la diversión se dan la mano sobre el asfalto. Todo ello -por algo son "feria y fiestas"- siguiendo la norma taurina del "si el tiempo no lo impide".
Todo dependerá de que no se cumpla el pronóstico de la lluvia. Porque ningún permiso de la autoridad se interpondrá entre los deseos de fiesta y su satisfacción. Así, a las cuatro de la tarde, está programado el primer paso del Pregó, ese relato viviente de la identidad del país castellonero que habitamos, creado por Manuel Segarra Ribés e inmortalizado en los versos de Bernat Artola. Un espectáculo en sí mismo que abriga en su interior píldoras de felicidad a fuerza de inclemencias meteorológicas. Lo ha demostrado en infinidad de ocasiones. Es el primer aldabonazo de un programa de 200 actos. Uno de los hitos marcados a fuego y pólvora en el calendario de una cotidianidad festera que se filtra por todas las calles y plazas, entre mesones, collas y carpas gaiateras.

- Los castellonenses esperan con muchas ganas el día de la Romeria de les Canyes.
Porque si algo define a la Magdalena es la resistencia de sus símbolos, que cuentan con la participación popular como el material secreto que la hace invulnerable. Empezando por la luz de las Gaiatas y siguiendo por la madrugada mágica de la Romeria de les Canyes, cuando los castellonenses nos enfundamos la blusa negra y emprendemos el camino de la plaza Mayor. ¿Con o sin chubasquero? Será lo de menos, en un año en que por vez primera en tres cuartos de siglo, no podrá ser el recinto del Mercado Central el lugar en el que se repartan las cañas y las cintas verdes, por el imperativo de su reforma. Salvo diluvio, la antigua processó del Castell Vell saldrá de Santa María y a ella se unirá la comitiva cívica, para fusionar sus pasos en un mismo caminar hacia la vieja ermita blanca consagrada a la Santa de Magdala.
Y tras la Tornà por Lledó y la procesión de penitentes, al agonizar el domingo, las gaiatas convertirán la noche en claro día como en tiempos del padre Vela. La resiliencia -valor en alza, al menos en los discursos- encontró hace pocos años su mejor imagen en la foto de una comisión empujando su monumento bajo la lluvia. El esclat de llum sense foc ni fum se convertirá desde ese momento en presencia permanente a través de la Encesa del día siguiente en la avenida del Rey don Jaime.
El lunes, festivo local, es siempre el mejor momento para tomar aire y, viendo a niñas y niños en el Pregó Infantil proclamar a los cuatro vientos que el futuro les pertenece, a través del poema de Vicent Pau Serra. Al día siguiente, la semana avanzará con su inercia habitual -más allá de sobresaltos en forma de agua- con la Nit Màgica de Xarxa Teatre, antídoto contra la monotonía e inyección de adrenalina, esta vez con salida en la plaza de María Agustina. El miércoles, en el Homenaje a Na Violant d’Hongria, la Germandat dels Cavallers de la Conquesta brillará con luz propia en su 75 aniversario.

- Las bandas internacionales, atractivo musical del esprint final de las fiestas.
- Foto: AYUNTAMIENTO CASTELLÓ
La gastronomía se hará presente a través de los concursos de paellas y alioli, y la música sonará en el Recinto de Ferias con grupos como Mago de Oz y solistas como Juan Magán, defendiendo el derecho a la alegría de una ciudad que no quiere dormir.
Y así, como en un suspiro, llegaremos a la recta final. El sábado, con la Ofrenda a la Mare de Déu del Lledó. Será el momento de las lágrimas contenidas y el homenaje en forma de flores a la Patrona de Castelló. Esa misma tarde, el desfile extraordinario del cincuentenario de los Moros d’Alqueria dejará -siempre con permiso del tiempo- un recuerdo imborrable con una cabalgata muy especial, colorista y pensada para ser excepcional. Todo ello en una ciudad que habrá convertido en parte de su banda sonora los sones diversos de las bandas internacionales, cuyos ríos desembocarán en el gran mar de la plaza Mayor al mediodía del segundo domingo de fiestas, el cuarto de la Cuaresma. Serán los últimos estertores de la edición de 2026 de unas fiestas que dirán adiós en ese mismo escenario y esa misma noche, con la traca final y el Magdalena Vítol!. Desde ese preciso instante, pase lo que pase, la ciudad empezará a soñar con el Pregó del 27 de febrero de 2027.
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