CASTELLÓ. Existen documentos que caben en una vitrina y, sin embargo, contienen una ciudad entera. El Privilegio de Traslado que el rey Jaume I concedió el 8 de septiembre de 1251 apenas mide 13 por 20 centímetros y reúne 134 palabras, pero en ellas se escribe una de las decisiones que marcaron para siempre el devenir de Castelló: la autorización para que la villa cambiara de emplazamiento dentro del término del Castell de Castelló. Setecientos setenta y cinco años después de aquella concesión, el pergamino ha regresado temporalmente a la ciudad. Así, 25 años después de su última estancia, se convierte en la pieza central de El Privilegio de existir. 1251-2026. El documento que cambió la historia de Castelló, la exposición que devuelve físicamente a los castellonenses una parte vital de su memoria.
El documento, cedido temporalmente —hasta el 8 de noviembre— por el Archivo Histórico Nacional, descansa en una vitrina de la planta sótano del Menador después de haber recorrido ocho siglos de historia. Frente a él, el visitante contempla un texto que, pese a su trascendencia posterior, nació con una finalidad eminentemente práctica. De esta manera, el doctor en Historia y comisario de la muestra, Carles Senso, explica a Castellón Plaza que el documento "no deja de ser un documento administrativo", una autorización para trasladar "los elementos administrativos, judiciales y políticos, de gobernanza" a otro emplazamiento. No obstante, precisamente ahí reside una de sus claves. El permiso no describe todavía la ciudad que iba a nacer; despeja el terreno para que pueda hacerlo. "El documento como tal abre la posibilidad de una capital en la zona", resume el historiador.
La vía libre al crecimiento como pueblo en la llanura
Con ello, para comprender la dimensión de aquellas 134 palabras, hay que retroceder todavía más en el tiempo. En este sentido, el Privilegio no apareció de la nada ni constituye por sí solo el nacimiento de Castelló. El futuro asentamiento había comenzado a configurarse con la carta de población de 1239 y formaba parte de un territorio transformado por la conquista y la reorganización política engranada por Jaume I. En lo alto del actual cerro de la Magdalena, el Castell Vell ofrecía protección, aunque también imponía límites a una población que necesitaba crecer y relacionarse con las fértiles tierras de la llanura. Por tanto, el traslado significaba más que bajar una montaña: suponía cambiar las condiciones desde las que organizar la vida colectiva. "El Privilegio no se puede entender descontextualizado, como nada en la historia o el presente", advierte Senso. En efecto, la exposición reconstruye también el mundo que existía antes y los documentos que después consolidaron a Castelló como concentración urbana.

- Más de una decena de planos permiten seguir la transformación del asentamiento medieval. -
- Foto: M. F.
Precisamente, la muestra intenta convertir aquella distancia de 775 años en algo comprensible. El recorrido parte de una aproximación inmersiva a la evolución de la capital, se adentra después en la vida del Castell Vell y desemboca en el pergamino original, acompañado por cartografía histórica, reproducciones, fondos documentales y recursos audiovisuales. A tal efecto, más de una decena de planos permiten seguir la transformación del asentamiento desde su primera trama medieval hasta la ciudad contemporánea, mientras ejemplares del Llibre dels Feyts y de los Fueros ayudan a situar el Privilegio en el complejo proceso de construcción del Reino de Valencia. La intención, de acuerdo con la explicación de Carles Senso, estriba en "volver atrás" para intentar comprender cómo vivían aquellas personas y por qué aquel permiso resultó determinante.
El mito fundacional y la construcción de la memoria colectiva
Con todo, la trascendencia del pergamino no se agota en su valor jurídico. Con el paso de los siglos, el traslado se convirtió en relato, el relato en tradición y la tradición en uno de los grandes pilares de la identidad castellonense. La ciudad que bajó de la montaña conservó, paradójicamente, la mirada puesta en el lugar del que procedía. De esta manera, la Romeria de les Canyes representa cada año ese vínculo: el camino que hoy se deshace hacia la ermita evoca, en sentido inverso, el desplazamiento que llevó a los antiguos pobladores hacia el llano. Las identidades, según detalla Senso, se construyen tanto sobre documentos como sobre creencias y los castellonenses "han culminado un mito fundacional precioso a partir de aquel documento". Por tanto, no se trata de contraponer historia y tradición, sino de entender cómo ambas han contribuido a construir una memoria colectiva.

- El Llibre dels Feyts ayuda a situar el complejo proceso de construcción del Reino de Valencia. -
- Foto: M. F.
De hecho, ahí es donde el regreso del Privilegio adquiere una dimensión que trasciende la efeméride. En este sentido, para el comisario, recuperar físicamente la pieza supone "una renovación del pacto de convivencia de los castellonenses": conocer el pasado para comprender el presente y reforzar aquello que une a la comunidad. La celebración de los 775 años, sostiene Carles Senso, debería servir menos para cerrar un relato que para abrir nuevas preguntas. El pergamino volverá previsiblemente a Madrid cuando termine su estancia en el Menador, aunque deja atrás una invitación a seguir investigando y conociendo. "Esperemos que de aquí a 25 años el documento vuelva a estar en Castelló", señala Senso, cuando coincidiría con su 800 aniversario. Para entonces, quizá existan nuevas respuestas sobre aquel día de septiembre de 1251. Sin embargo, las 134 palabras guardarán la misma llave: una que abrió a Castelló la posibilidad de convertirse en la ciudad de hoy.
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