CASTELLÓ. El escritor Santiago Díaz llega a Castelló convertido en uno de los nombres imprescindibles del thriller español actual. Con miles de lectores fieles y una trayectoria que comenzó en el mundo del guion televisivo, donde ha trabajado en muchas de las series españolas más vistas de los últimos años, Díaz ha sabido trasladar al papel el pulso narrativo y la tensión necesaria para convertir sus novelas en auténticos fenómenos de adicción literaria.
A punto de publicar la segunda entrega protagonizada por Jotadé, la nueva saga tras la exitosa trilogía de Indira, y de la mano de Castelló Negre, Díaz estará firmando sus novelas en la librería Abacus de la capital de la Plana (17.30 horas) y posteriormente mantendrá un encuentro con sus lectores en la biblioteca municipal de Nules (19.30 horas).
—¿Qué tal te sienta ser reconocido de forma unánime por los lectores?
—No termino de creérmelo mucho. Procuro trabajar y dar lo máximo en cada una de mis novelas. Disfruto la escritura, y por lo que puedo comprobar, también la disfrutan mis lectores. Hay que mantener los pies en el suelo. No hay que creerse más que nadie y seguir trabajando como el primer día. Sí que es cierto que cuando vas a los sitios, como yo ahora voy a Castellón, y se acerca gente que te transmite lo mucho que les ha gustado tu novela, es un lujo. He cumplido un sueño y eso es una satisfacción muy grande. No es solo que te publiquen tus historias, sino que encima consigues que la gente lo pase bien.
—Si en algo coinciden los críticos es en calificar tus novelas de adictivas...
—Mira, yo creo que muchos críticos coinciden en calificar mis libros como adictivos porque vengo del mundo de la tele. Todo lo que he aprendido ha sido gracias a mi labor de guionista de series y películas. En esos casos, necesitamos mantener a los espectadores sentados en el sofá y que no se vayan a otra cadena. Para ello, utilizamos unas técnicas muy concretas, como terminar cada capítulo en alto o provocar giros en la trama. Y eso justo que aprendí lo aplico a mis novelas para intentar que el lector no se desapegue del libro. Si dicen que mis novelas son adictivas, esa es la razón; intento que siempre estén pasando cosas.
Todo lo que he aprendido ha sido gracias a mi labor de guionista de series y películas
—¿Piensas en ti como lector mientras escribes?
—A mí es que, como lector, me gusta que la obra que estoy leyendo me genere esa adicción de la que hablábamos antes. Lo mejor que te puede pasar es ir a leer 15 minutos antes de acostarte y que cuando te des cuenta ya haya pasado una hora. Me encanta, y procuro que eso les suceda también a mis lectores.
—¿Tu trabajo como guionista siempre te suma cuando se trata de escribir libros?
—Claro, todo lo que aprendí como guionista lo aplico ahora. Cuando alguien me pregunta cuál es mi secreto, siempre contesto que hay que vaciarse por completo y no guardarse nada. También es importante que la historia avance. En ese sentido, yo utilizo los diálogos. Son muy importantes porque revelan y te cuentan mucho de los personajes. Como te decía antes, los giros y mantener la tensión son también importantes. Todo combinado consigue que la gente no se pueda despegar de la novela.

—¿Ese humor que a veces aparece en algún rincón del interior de los protagonistas de tus libros es premeditado para dar un respiro al lector entre tanta sangre y muerte?
—Lo has descrito de maravilla. Es premeditado para que el lector respire. Te diré también que a mí me gusta el humor y el hecho de que los personajes tengan su lado gracioso. En Indira lo encuentras entre esas locuras y chaladuras que hace mientras limpia, y en Jotadé lo puedes ver en cómo se expresa y en sus chascarrillos. Esos momentos de humor son necesarios para aliviar la dureza de algunas escenas. Estas son unas tramas feas en las que hay muerte y dolor y necesitas que los lectores respiren un poco. Ese recreo se les puede dar con el humor.
—Has mencionado a Jotadé, cuya segunda entrega llega a las librerías en cuestión de días. ¿Qué han de esperar los lectores tras el bombazo que fue la primera?
—Se van a encontrar precisamente con lo que están esperando. Lo mismo que en las otras novelas, es decir, acción, aventura, tensión e investigación. Quizá de esto último haya algo más que en la anterior. En cualquier caso, los lectores van a toparse de nuevo con un personaje que ha conquistado a la gente por su forma de ser. Él, en esta nueva entrega, sigue siendo fiel a sí mismo. Yo estoy especialmente orgulloso de esta segunda novela, lo digo muy en serio.
Los lectores van a toparse de nuevo con un personaje que ha conquistado a la gente por su forma de ser
—¿Y por qué crees que ha conquistado a los lectores?
—Es que Jotadé es una persona que lo hace todo mal, pero de corazón. No hay maldad en él. Es un personaje al que ves muy limpio, y entonces le perdonas absolutamente todo. Da igual que robe, que mate o que descuartice, no piensas mal de él. En realidad, ese es el juego. Si te paras a analizarlo desde fuera, es un personaje horrible, pero si cada una de las cosas ruines que hace las pones en su contexto y en su sitio, te das cuenta de que, si roba, no es para comprarse un coche mejor, sino que es para ayudar a gente que lo necesita. Eso te causa un dilema moral, y ese es el juego. Mostramos a alguien imperfecto del que todos somos capaces de ver su bondad.
—Hablas de dilemas morales, ¿la novela negra debe tener un componente de crítica social?
—Totalmente. En mi caso particular, mi objetivo es que la gente pase un buen rato y disfrute con un libro en las manos. Pero los escritores como yo tenemos la oportunidad de denunciar aquello que consideramos y no hay que dejarla pasar. Sin aleccionar, pero sí apuntando que todo cuanto relatamos sucede en la vida real. Basta con mirar a nuestro alrededor para darse cuenta de que es como digo. Así que diré que la novela negra sirve para abrirnos un poco los ojos y ponernos en alerta. Me lo puedo estar pasando bien leyendo una historia de mafiosos, del tráfico de drogas o de asesinatos, pero si abro los periódicos, me daré cuenta de que esas cosas que estoy leyendo en la novela ocurren en la vida real. Por eso opino que este género es una herramienta para concienciar sobre todo lo que sucede a nuestro alrededor.
—Cuando empezaron a leerse tus libros corría el rumor de que tú eras policía…
—Me lo tomo como un cumplido.
Cuando tengo dudas, descuelgo el teléfono y llamo a un inspector jefe de la Policía Nacional que es amigo y me resuelve cualquier interrogante
—Sabemos que no lo eres. ¿Cómo es tu proceso para conocer el trabajo y entorno de la policía?
—Conozco a muchos escritores que son policías o guardias civiles, o que lo han sido, como Víctor del Árbol o Ramón Otero. Llevo muchos años escribiendo series, y algunas de ellas han sido policíacas. Por eso tengo contactos dentro a los que recurrir y pedir información. Personalmente, cuando tengo dudas, descuelgo el teléfono y llamo a un inspector jefe de la Policía Nacional que es amigo y me resuelve cualquier interrogante que me aceche. Y además, me explica la manera más verosímil que existe para narrar aquello que tengo en mente. Me ayuda a que parezca que sea verdad y a acercarme al máximo a una historia verídica sin dejar de tomarme las licencias literarias que necesito. Procuro que mis libros sean verosímiles aunque no se ajusten a la realidad. Ten en cuenta que en la vida real hay situaciones que transcurren de forma más pausada y lenta. Son otros tiempos, y esos no encajan en la novela.
—¿Imaginabas estar donde te encuentras hoy cuando dejaste el trabajo como guionista para ser escritor de novelas?
—Ni muchísimo menos. Pero es que no fue un cambio drástico. Cuando escribí mi primera novela, ‘Talión’, lo pasé muy bien porque por fin pude contar una historia a mi manera desde el principio hasta la última página. Si estás con un guion entre manos, hay limitaciones, formas parte de un equipo, hay presupuestos que acatar, unos decorados concretos, unos actores… Todo eso te marca el camino. Dicho esto, vivir de la literatura es muy complicado. Por lo que seguí trabajando y compaginando novelas y guiones hasta hace un par de años, que fue cuando me tuve que decantar por uno de los dos lados porque no me daba tiempo para más. De vez en cuando aún escribo algún guion, pero el 90% de mi tiempo lo dedico a escribir novela, y la verdad es que estoy encantado. Volviendo a tu pregunta, ni muchísimo menos imaginaba que iba a estar donde estoy ahora mismo y viviendo de la literatura.
BOLETÍN TITULARES CASTELLÓN PLAZA
Las noticias más relevantes del día en Castellón, reunidas cada mañana en un solo correo para empezar el día informado. Suscríbete gratis al boletín aquí.