CASTELLÓ. La necesidad de hacer música ha seducido al ser humano desde hace miles de años. El instrumento más primitivo conocido es la bramadera, también llamada churinga, rombo o zumbadora. Con él se imitaba el sonido del bisonte o se evocaba a las divinidades. Además, era pieza fundamental en la realización de rituales. Era una época en la que la creación de sonidos estaban vinculados con los existentes en la naturaleza. Con el paso del tiempo, el ser humano ha ido desarrollando nuevas posibilidades musicales y de sonido con la creación de nuevos instrumentos clasificados como percusión, cuerda, o viento, los cuales se han convertido en piezas clave para la interpretación de sonidos musicales, pero que requieren de un mantenimiento periódico para que no se estropeen.
Es ahí cuando se asume la importancia de un buen luthier, término que se ha extendido a los técnicos en reparación de instrumentos, aunque no sean de cuerda. En este caso, se trata de Dani Tárrega, propietario de uno de los pocos talleres de reparación y mantenimiento de instrumentos de viento, de metal y de madera, que están ubicados en el medio rural de la provincia de Castellón. Concretamente, en Soneja. 'Reyco Instrumentos' es una iniciativa que abrió sus puertas a nivel profesional, hace poco más de ocho años, en 2017, y que pretende ofrecer un servicio integral a todos los profesionales del sector y a los integrantes de las bandas de música de la comarca del Alto Palancia y alrededores.
La pasión por la música
El interés por el funcionamiento de los diferentes instrumentos viene de su pasión por la música, que interiorizó a partir de 2010 cuando entró a formar parte de la Unión Musical de Soneja a la que aún pertenece y donde toca la trompeta. “Yo, como músico de la banda siempre me he encargado del mantenimiento básico de mi instrumento y, poco a poco, me empezó a surgir la curiosidad sobre este trabajo porque me gustaba y se me pasaba el tiempo volando cuando estaba limpiando mi instrumento. Así que cuando acabé la ESO empecé a formarme”. Lo hizo en cursos impartidos por luthieres con experiencia en diversas ciudades como Castellón, Granada o Madrid, entre los que ha recibido cerca de 2.000 horas de formación. “Al igual que yo, la mayor parte de técnicos mecánicos de instrumentos han aprendido en actividades formativas que realizan los luthiers con experiencia”, argumenta Dani. En los últimos años han emergido algunas iniciativas de formación especializada con propuestas de cursos ligadas al emprendimiento, pero el sector aún carece de estudios reglados en este ámbito, lo que limita las posibilidades de formación.

Como todos los técnicos en reparación y conservación de instrumentos musicales comenzó dando servició a sus compañeros de la banda y con el tiempo su forma de trabajar le ha granjeado una buena fama en la comarca. “Al principio la gente me veía muy joven para ser luthier, pero, poco a poco, el boca a boca empezó a funcionar y casi todo el mundo que viene es porque tiene alguna referencia de algún amigo o conocido”, explica Dani. Así, integrantes de orquestas, profesionales de la música y también los miembros de las bandas de música de municipios como Soneja, Altura, Sot de Ferrer, Viver, Segorbe, Jérica, Geldo o Castellnovo, entre otras confían en Dani y su trabajo. “Ha habido ocasiones en que alguna banda de música daba por perdidos alguno de sus instrumentos y yo he conseguido recuperarlos, les he devuelto la vida y son esas pequeñas cosas las que hacen llegar la confianza entre tu y los clientes”, mantiene. Un ejemplo de la habilidad de Dani, a pesar de su juventud (29 años) es que consiguió reparar instrumentos de casi 100 años de vida, como un fliscorno, fabricando y reponiendo las piezas que necesitaba. Trompetas, saxofones, oboes, trompas, tubas, clarinetes o fagots, no dejan de visitar Reyco Instrumentos.
Crear sus propios instrumentos
Dani tiene la maquinaria y el material necesario para poder fabricar gran parte de las piezas que tienen los diferentes instrumentos de viento, por lo que no descarta, en un futuro, poder llegar a crear sus propios instrumentos. Pero ese paso, de momento, aún tardará en llegar. Ahora, el 'luthier' de Soneja está centrado en dar todo el mimo necesario a los instrumentos que repara y mantiene, respetando al máximo la estética de los mismos, cuando tiene que fabricar piezas para sustituir las viejas, pero con dos premisas fundamentales: “Que suene bien y que el músico se encuentre cómodo a la hora de hacerlo sonar”, señala.

Si alguna cosa clara tiene Dani es adaptarse a las necesidades de cada músico y ofrece un servicio personalizado y las renovaciones de material o reparaciones se ajustan a las peticiones de cada persona, “ya que cada músico tiene una manera de manejar su instrumento”. Además, intenta organizar las reparaciones para que nadie se quede sin poder asistir a un ensayo o a una clase, por lo que los instrumentos no permanecen muchos días en el taller. El servicio también incluye consejos de mantenimiento a los músicos para que la duración de sus instrumentos sea mucho mayor.
El aumento de trabajo
El incremento de trabajo que ha tenido en los últimos años ha supuesto la apertura de unas nuevas instalaciones, más amplias, que cuentan con una sala de pruebas, totalmente aislada, y en la cual el músico tiene la posibilidad de probar su instrumento para comprobar que todo está bien, “así, si se tiene que hacer alguna modificación se puede hacer en el momento, con lo que se evita un desplazamiento innecesario”, apunta Dani.

Su pasión por el trabajo hizo que dejara en stand bye su formación como músico en 5º curso de grado medio en el Conservatorio, la cual no descarta reiniciar algún día. Lo que si que tiene claro es que seguirá trabajando en Soneja: “Desde pequeño me ha gustado mucho el pueblo, nunca me he visto viviendo en una ciudad”, concluye. Siempre en compañía de la música, claro.
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