COMARCAS

Empresas desde el interior

Viver custodia la esencia del turismo de camping y dinamiza la economía de la comarca

El camping 'Villa de Viver' tiene una capacidad para 300 personas

  • Jaume y Mari Ángeles, propietarios del camping.
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CASTELLÓ. Escapar de las grandes ciudades y conectar con la naturaleza. Son dos conceptos ligados al origen de la acampada y del camping, esa modalidad de turismo que tiene sus primeras raíces en la Europa del siglo XIX al popularizarse actividades como el senderismo y las excursiones. No obstante, no fue hasta la década de los años 60 cuando esta forma de viajar se popularizó en España gracias a la aparición de campings más organizados, y que cada vez tiene más adeptos. El incremento del interés por variedades de turismo sostenible y la adaptación a la demanda actual con la implantación de campings de lujo como los glampings o la proliferación de bungalows y la mejora de las instalaciones han permitido ampliar su oferta sin perder su esencia. 

Un ejemplo de esa estirpe de inicial de campings y de la buena salud de la que goza el sector es el camping Villa de Viver, que abrió sus puertas en la década de los años 80 de la mano de Salvador y Loreto y que se convirtió en el primer camping de la comarca del Alto Palancia y de los pioneros en las zonas de interior de la provincia de Castellón. Ubicado junto al río Palancia en una zona llena de naturaleza y a unos 4,5 kilómetros de la localidad, siguiendo la estela de esa primera oleada que se dio en zonas de costa. Ahora, mantiene ese carácter familiar y la gestión ha pasado a Jaume Estornell, el hijo de Salvador y Loreto, que comparte con su mujer Mari Ángeles y sus tres hijos. 

Un carácter familiar

“Desde sus inicios el camping mantiene su carácter familiar”, explica Jaume, “y también ese trabajo diario por mantener el nivel de calidad y servicio de cara a los usuarios y visitantes”. En la actualidad, las instalaciones ubicadas en uno de los parajes naturales más valorados en la zona cuentan con 75 parcelas y zonas de acampada libre y tienen una capacidad para 300 personas. Con los años se han ampliado los servicios y, aparte de los que cubren las necesidades básicas de los campistas, el camping tiene bar-restaurante, un pequeño albergue, zona infantil con toboganes y columpios, piscina, cama elástica, campo de fútbol y pista de baloncesto de tierra, y en una zona cercana, un gallinero. Pero lo que valoran los clientes “es la tranquilidad y el contacto con la naturaleza, que es el principal valor que ofrecen nuestras instalaciones”, argumenta Jaume. 

Y es que el camping Villa de Viver está pensado para disfrutar en familia o con amigos de un entorno donde la naturaleza se abre paso a partir de rutas de senderismo y de los tramos del río Palancia a los que se tiene acceso directo desde las instalaciones. Un enfoque que ha reforzado su reputación como destino para turistas que buscan tranquilidad y actividades al aire libre. La mayoría de los clientes son de la Comunitat Valenciana, Murcia, Madrid, País Vasco o Galicia, pero también son clientes habituales belgas, franceses, alemanes o británicos; “incluso han llegado a venir desde Washington, en Estados Unidos, en alguna ocasión”, señala Jaume. 

El foco en las actividades familiares

En los últimos años, el camping ha ampliado las actividades infantiles y de carácter familiar, sobre todo en el mes de agosto, como actuaciones de magos, música, cenas de sobaquillo, con el objetivo “de crear un ambiente familiar en el que se puedan establecer lazos entre los campistas”, comenta Jaume. 

El gestor del camping recuerda los momentos críticos que pasaron durante el incendio que afectó al término municipal de Viver en 2022, y que se quedó cerca de las instalaciones. “En aquel momento pensé que toda una vida de esfuerzo y trabajo de mis padres y de la familia se iba a reducir a cenizas, pero, por suerte, no llegó a entrar en el camping. En ese momento estábamos casi llenos”, explica. De esta forma, Jaume, que prácticamente se ha criado en el camping, mantiene su intención de continuar trabajando en el negocio familiar, que también se ha convertido en uno de los motores económicos de la localidad, que emplea a ocho personas en temporada alta y a tres fijas desde marzo a noviembre.


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