Ford y Almussafes: medio siglo de una historia inseparable

Revista Plaza Principal

Economía

El Ford Fiesta, el coche que puso en marcha la factoría valenciana en 1976, acabó convirtiéndose en el gran símbolo de una planta que transformó la industria y la economía de la Comunitat Valenciana. Cincuenta años después de aquel primer vehículo, su huella sigue explicando buena parte de la historia de la firma del óvalo en Valencia

  • El primer Ford Fiesta producido en Almussafes recibe a los visitantes en el hall de acceso a la factoría.
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El 18 de octubre de 1976 salió de Almussafes el primer Ford Fiesta fabricado en la factoría valenciana. La fecha marcó algo más que el inicio de la producción de un nuevo utilitario. Ford debía demostrar que aquella gran inversión podía convertirse en una planta competitiva dentro de su estructura europea. El Fiesta fue el coche con el que Almussafes aprendió a producir a gran escala y el modelo alrededor del cual se organizaron buena parte de sus primeros procesos, hasta acabar dando una identidad propia a la fábrica.

La historia había comenzado tres años antes. En 1973 la marca americana eligió la localidad valenciana para levantar su nueva fábrica española y, el 26 de marzo de 1974, Henry Ford II participó en la colocación de la primera piedra. Almussafes ofrecía suelo, comunicaciones, proximidad a Valencia y una conexión estratégica con su puerto, decisiva para una planta de clara vocación exportadora. Antes de los coches llegaron los motores. En septiembre de 1975 comenzaron las primeras unidades de prueba, y el 1 de marzo de 1976 salió el primer motor comercial. Siete meses después llegaría el Fiesta y, con él, la puesta de largo industrial de una factoría inaugurada oficialmente el 25 de octubre. Aquella primera unidad, de color bronce y matrícula V-1810-V —en referencia al 18 de octubre—, se convirtió desde entonces en una pieza emblemática de la historia de la planta, y sigue mostrándose orgullosa.

Unos acontecimientos que vivieron en primera persona miles de trabajadores y de los que también fueron partícipes los habitantes de toda una comarca, que vio en la llegada de Ford un auténtico soplo de aire. Fue el inicio de una nueva era a nivel industrial en Valencia. Entre esos profesionales se encontraba Pepe Pérez. Solo unos pocos pueden presumir de contar con una trayectoria tan longeva ligada a la factoría de la firma del óvalo: «Comencé a formar parte de Ford España unos días antes de la salida del primer Fiesta para acumular nada menos que 44 años, cuatro meses y cuatro días, a lo largo de los que pude ver el nacimiento y la posterior evolución de la compañía».

  • Imagen de las obras de la factoría de Almussafes. -

Tal y como asegura, «el Fiesta respondía perfectamente a las necesidades de la Europa de aquellos años. Había aumentado el interés por coches pequeños, ligeros, económicos y de bajo consumo, y Ford necesitaba un producto capaz de competir en uno de los segmentos más importantes en los que tenía a modelos icónicos como el 127 o el R5 como puntos de referencia». Almussafes nació, en buena medida, alrededor de esa apuesta. El primer ejercicio terminó con unos 17.000 automóviles fabricados, porque la producción había arrancado en octubre, pero en 1977 ya se superaron las 200.000 unidades. En apenas unos meses, la factoría había dejado de ser una instalación en fase de lanzamiento para trabajar con ritmos propios de una gran planta.

El crecimiento fue extraordinariamente rápido. El millón de motores se alcanzó el 4 de julio de 1979 y el de Fiestas fabricados, el 2 de enero de 1981. El hito consolidaba al utilitario como protagonista de la primera etapa de la factoría y confirmaba que Ford había creado en Valencia una instalación capaz de fabricar cientos de miles de automóviles con la regularidad y calidad necesarias para abastecer a mercados de lo más variado.

Un crecimiento exponencial difícil de visualizar en la actualidad. «En aquella época el sistema de producción no contaba con la ayuda de los robots que ahora predominan en todas las factorías. La automatización era escasa, siendo los trabajadores los que realizaban tareas ahora impensables en un proceso en el que era todo muy manual», asegura Pepe Pérez. «El primer robot que se utilizó en Almussafes era un artilugio que diseñaron los propios empleados que servía para el montaje del asiento delantero; lo llamaban 'la abuela' por que fallaba más que una carraca, pero funcionaba».

El Fiesta fue además la semilla de una transformación económica que pronto desbordó los muros de la fábrica. Producir coches en esos volúmenes exigía una red creciente de proveedores, transporte, mantenimiento, ingeniería y servicios industriales. Cada aumento de producción elevaba las necesidades de materiales, componentes, logística y empleo, además de las exigencias de calidad. Muchas empresas valencianas crecieron al ritmo de Ford e incorporaron procesos y estándares propios de la automoción internacional. Almussafes no solo fabricaba coches; ayudaba a crear un ecosistema industrial.

  • Henry Ford II fue recibido a lo grande por los vecinos de Almussafes. -

Pepe Pérez recuerda al detalle la evolución de la factoría: «El proceso de diseño de la planta fue un auténtico impulso para Almussafes y toda la comarca. Era una zona eminentemente agraria a la que llegaba una multinacional con el objetivo de crear un factoría específicamente para la fabricación de un nuevo modelo. Era la primera vez que ocurría». La gente de Almussafes recibió a Ford con los brazos abiertos, conscientes de la oportunidad que se les presentaba tanto a nivel económico como social. Algo que se pudo comprobar con la visita de Henry Ford II en la inauguración, con todo un pueblo volcado en un acontecimiento que iba a cambiar la historia de la localidad. Un recibimiento al más puro estilo Bienvenido Mister Marshall. Pero en esta ocasión con un final feliz.

El refuerzo en los ochenta 

A partir de 1981 el Fiesta dejó de estar solo. Ese año comenzó la producción del Ford Escort y dos ejercicios después se incorporó el Orion. La planta empezó a demostrar una flexibilidad que sería una de sus grandes señas de identidad. Pero el Fiesta continuó marcando el paso. El segundo millón llegó en marzo de 1986, el tercero en 1991 y el cuarto en 1996. Cada uno de aquellos logros servía, casi como las marcas en una regla, para medir el crecimiento de una factoría que había nacido dependiendo de un solo coche y que aprendía a producir varios modelos simultáneamente.

También cambió la dimensión internacional de la planta. El 15 de mayo de 1991 se alcanzó el primer millón de vehículos exportados a través del Puerto de Valencia. Almussafes había nacido cerca del Mediterráneo y aquella situación geográfica terminó convirtiéndose en una ventaja competitiva. En los años de máxima actividad, alrededor del 90% de los vehículos de la planta se exportaba a más de 75 mercados de todo el mundo.

Independientemente de la capacidad industrial y del trabajo bien hecho desde el primer día, Pepe Pérez otorga un especial valor en el constante crecimiento de Almussafes a la paz social. «Recuerdo negociaciones maratonianas con representantes de los trabajadores con hasta cinco sindicatos. Eran negociaciones muy duras». No obstante, las demandas de los trabajadores y las necesidades de la empresa al final llegaban a un punto en común. «Hay que destacar que siempre tuvimos el apoyo de los sindicatos en procesos clave de negociación con la central, como ocurrió cuando teníamos a las plantas de Genk (Bélgica) y Saarlouis (Alemania) como rivales». Dos batallas que se ganaron y aseguraron la producción y a gran parte de la plantilla durante muchos años.

  • Uno de los primeros modelos producidos en Almussafes. -

El Fiesta se despide a medias

En 1996 llegó la primera gran despedida. Después de veinte años de producción y cuatro millones de unidades fabricadas en Almussafes, el Fiesta abandonó temporalmente la planta. Su lugar lo ocupó el Ford Ka, mientras la factoría continuaba modernizándose y ampliando su capacidad para trabajar con productos distintos. Aquel mismo año comenzó a funcionar el parque industrial de proveedores situado junto a Ford. Una infraestructura decisiva para desarrollar sistemas de suministro Just in Time y entregas secuenciadas directamente a la línea.

Según Pérez, «la puesta en funcionamiento del Parque Industrial Juan Carlos I fue un auténtico punto de inflexión para la compañía». Se puso en marcha una infraestructura totalmente revolucionaria que permitió conectar la planta con los proveedores de manera directa y organizada. «La vía de conexión y suministro desde el parque a través del túnel fue algo totalmente revolucionario. Recibir una pieza directamente de donde se había fabricado, y además en secuencia, era algo impensable para la época. Se empezó con un túnel y se acabaron montando tres; venían periodistas de todo el mundo para ver lo que habíamos hecho».

Dos años después llegó el Focus, que sustituyó al Escort y abrió una nueva etapa de modernización. La planta acumulaba ya más de veinte años de experiencia y un ecosistema de proveedores desarrollado. Pero el Fiesta todavía tenía una historia pendiente con Almussafes. Seis años después de su marcha, regresó a la planta. El 29 de abril de 2002, Almussafes volvió a fabricar el icónico utilitario. El retorno tenía una evidente carga simbólica, aunque respondía ante todo a una decisión industrial. Ford confiaba nuevamente a Valencia uno de sus automóviles de mayor volumen porque la factoría seguía ofreciendo la capacidad, productividad y flexibilidad necesarias. El coche que regresaba tenía poco que ver con el de 1976. La seguridad, las mecánicas, la electrónica, los materiales y los procesos de fabricación habían avanzado enormemente, pero también lo había hecho la planta. Donde antes existía una fábrica joven que aprendía a producir en masa, ahora había una instalación madura capaz de simultanear programas y trabajar con proveedores perfectamente sincronizados.

  • Pepe Pérez entró a formar parte de Ford días antes del lanzamiento del Fiesta. -

El regreso permitió prolongar diez años más una relación que ya había adquirido un carácter excepcional. El Fiesta que había inaugurado Almussafes acompañó así también su entrada en el siglo XXI y volvió a ocupar un lugar importante precisamente durante el periodo de mayor intensidad productiva de la factoría. En 2003 comenzó a fabricarse además el Mazda2, y en 2004 Almussafes alcanzó su récord histórico: 449.101 vehículos en un solo ejercicio.

La crisis financiera de 2008 obligó a Ford a replantear nuevamente su estructura europea. Terminó la fabricación del Ka, llegaron C-Max y Grand C-Max y en 2011 se despidió el Focus. Pero antes de que el Fiesta cerrara definitivamente su etapa valenciana quedaba un último hito de enorme carga simbólica. El 22 de noviembre de 2011 salió el Fiesta número cinco millones producido en Almussafes. La cifra condensaba 35 años de relación entre un automóvil y una factoría, aunque el modelo hubiera permanecido ausente entre 1996 y 2002.

Cinco millones del modelo Fiesta significaban mucho más que cinco millones de automóviles. Detrás había infinidad de operaciones de montaje y controles de calidad, expediciones hacia concesionarios, transportes ferroviarios y marítimos y una enorme cantidad de componentes producidos por empresas auxiliares. Durante décadas, cada Fiesta que abandonaba Almussafes activaba una cadena económica que comenzaba mucho antes de llegar a la línea de montaje y terminaba en mercados repartidos por Europa y otros continentes.

El 8 de junio de 2012 terminó definitivamente su producción en la planta valenciana. Fue mucho más que la desaparición de otro modelo del programa industrial. Se cerraba la trayectoria del automóvil que había dado sentido a la fábrica en sus comienzos, el que marcó sus primeros millones de unidades y acompañó a varias generaciones de trabajadores. Ningún otro coche ha mantenido una relación tan estrecha con la identidad de Almussafes. El Fiesta fue el punto de partida, y durante décadas constituyó una de las principales referencias con las que podía medirse la evolución de la factoría. Su influencia tampoco terminó cuando salió de la cadena el último ejemplar. 

  • Interior de los primeros Fiesta. -

La cultura industrial que Almussafes había construido alrededor del Fiesta permaneció en la fábrica y en las empresas que crecieron a su alrededor. Ford había introducido métodos de producción, exigencias de calidad, logística sincronizada y procesos cada vez más sofisticados que obligaron a proveedores y trabajadores a evolucionar con ella. El actual tejido valenciano de automoción es mucho más amplio que Ford, pero resulta difícil explicar su dimensión sin aquella fábrica que comenzó produciendo el Fiesta hace ya cinco décadas.

El final del Fiesta no significó el final de la transformación. En octubre de 2012 comenzó la producción valenciana del Ford Kuga y posteriormente llegaron Transit Connect, Mondeo, S-Max y Galaxy. Entre 2011 y 2017 Ford acumuló inversiones próximas a 3.000 millones de euros y Almussafes se convirtió en una de sus factorías europeas con mayor diversidad de modelos. Del pequeño y esencialmente mecánico Fiesta de 1976 se había pasado a fabricar SUV, berlinas, monovolúmenes, vehículos comerciales e incluso el Mondeo Hybrid, primer híbrido de Ford producido en Europa.

La situación actual es bastante menos favorable. Desde abril de 2024 el Kuga es el único automóvil que sale de Almussafes, y en 2025 la planta produjo 98.591 vehículos. Su registro más bajo en un ejercicio completo desde que comenzó la fabricación. La comparación con las casi 450.000 unidades de 2004 muestra la dimensión del descenso.

  • Cadena de montaje del ford KA (1996) -

Una nueva oportunidad

El futuro vuelve ahora a exigir otra reinvención. Ford y Geely anunciaron el pasado 23 de julio un acuerdo para crear una empresa conjunta en la que, una vez obtenidas las correspondientes autorizaciones regulatorias, la compañía estadounidense tendrá el 66% y el grupo chino el 34% restante. El proyecto, cuyo inicio de actividad está previsto durante el primer semestre de 2027, pretende devolver a la planta una cartera de cinco modelos formada por el actual Kuga, un futuro SUV compacto de la familia Bronco, otro crossover con el óvalo azul en su capó y dos SUV eléctricos de Geely. La capacidad potencial anunciada se aproxima a 500.000 vehículos anuales, aunque esa cifra expresa la capacidad industrial de las instalaciones y no constituye una previsión de producción garantizada.Tal y como asegura Pepe Pérez, «Almussafes producirá los vehículos que demande el mercado, los que se puedan vender».

La paradoja tiene algo de regreso a los orígenes. Almussafes nació alrededor de un solo, coche y cincuenta años más tarde necesita recuperar la diversidad suficiente para no depender nuevamente de un solo modelo. Sin embargo, si la planta dispone hoy de la experiencia necesaria para afrontar esa transformación es, en buena medida, porque aprendió décadas atrás a producir millones de unidades de un mismo automóvil.

Por eso el mítico modelo de la marca americana continúa ocupando el centro de esta historia mucho después de haber desaparecido de la cadena. Medio siglo más tarde, su importancia se entiende mejor que nunca. Almussafes ha cambiado de modelos, tecnologías y estrategias, pero buena parte de su identidad sigue remitiendo a aquel pequeño utilitario que puso todo en marcha. La próxima etapa llevará otros nombres, otras tecnologías y hasta otros logotipos, pero la historia de la fábrica continuará teniendo un punto de partida inequívoco: un Ford Fiesta fabricado en Valencia. 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 139 (septiembre 2026) de la revista Plaza

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