VALÈNCIA. Durante años, los municipios valencianos han crecido de espaldas a los barrancos. El territorio se ha transformado como si los cauces fueran obstáculos a domesticar y no sistemas vivos con memoria propia. El desarrollo de las ciudades ha avanzado sobre suelos que, en épocas anteriores, habrían absorbido o canalizado las escorrentías de agua. Cuando la Dana del 29 de octubre de 2024 descargó su furia sobre la provincia de Valencia, esa forma de construir mostró cuáles son sus límites con una claridad difícil de ignorar.
Municipios como Catarroja, Paiporta o Massanassa comprobaron que el problema no solo era la intensidad de la lluvia, sino la forma en la que sus términos municipales habían sido ocupados, organizados y gestionados durante décadas. La urgencia de reparar los daños tras la riada convivió desde el primer momento con una pregunta incómoda: ¿tiene sentido reconstruir exactamente lo mismo?
En esa paradoja entre la emergencia y la planificación estratégica trabaja Paisaje Transversal, una empresa especializada en proyectos de regeneración urbana que participa en la elaboración de Agendas Urbanas de Reconstrucción (AUR) en varios municipios afectados por la Dana. Entre ellos, figuran Catarroja, Picassent, Xirivella, Cheste y, como última incorporación, la pequeña localidad de Montroi. Su tarea consiste en traducir la experiencia de la catástrofe en proyectos capaces de reducir futuros riesgos a nivel urbano.

- - Foto: MARGA FERRER
"Las AUR no sirven solo para responder a la emergencia, sino para pensar cómo queremos que sean nuestras ciudades dentro de diez o veinte años", explica Pilar Díaz, socia fundadora de Paisaje Transversal. La empresa nació en Madrid hace más de una década, impulsada por cinco arquitectos urbanistas con trayectorias vinculadas a distintas autonomías españolas: desde el País Vasco hasta Andalucía, pasando por Cataluña y la Comunitat Valenciana.
¿Qué son las Agendas Urbanas de Reconstrucción?
Desde sus inicios, Paisaje Transversal apostó por una manera de trabajar que combinara planificación urbana, análisis territorial y participación ciudadana, muy alejada del urbanismo concebido como mera producción de suelo o diseño de espacios. Tras una primera etapa centrada en Madrid, el equipo decidió regresar a sus lugares de origen y diversificar las zonas de trabajo, por lo que en la actualidad cuentan con sedes distribuidas por todo el país.
Ese movimiento coincidió con la elaboración de las Agendas Urbanas en España y, al mismo tiempo, con la necesidad de muchos municipios de dotarse de herramientas estratégicas para ordenar su crecimiento urbanístico. En la Comunitat Valenciana, Paisaje Transversal ha trabajado en procesos de regeneración urbana, planificación estratégica y diseño de espacios públicos. Una experiencia que, reconoce Díaz, ha resultado fundamental tras la Dana: "Los municipios no parten de cero, sino de diagnósticos y líneas de actuación que ahora se reinterpretan desde la perspectiva del cambio climático".

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Cabe recordar que las Agendas Urbanas surgieron como una adaptación de la Agenda Urbana Española, impulsada por el Ministerio de Vivienda para trasladar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) al plano municipal. Cada localidad debía elaborar un diagnóstico y un plan de acción con proyectos a ejecutar hasta 2030 en ámbitos como vivienda, cohesión social, economía, digitalización o sostenibilidad ambiental.
En ese contexto, las AUR son una evolución de ese instrumento de planificación. No sustituyen a las Agendas Urbanas existentes, pero las reformulan a partir de la experiencia de la Dana. Es más, incorporan una mirada específica sobre la resiliencia urbana, la gestión del riesgo y la adaptación al cambio climático. "Lo que hemos hecho es identificar mejor la exposición de los municipios a episodios climáticos extremos y pensar qué medidas podemos tomar para adaptarnos", señala Díaz.

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Pensar antes de actuar
Por tanto, la clave no reside en reparar lo que ha sido dañado, sino en entender cómo interactúan el territorio, el agua, lo ya construido y las dinámicas sociales. Paisaje Transversal estructura su trabajo en cinco grandes ámbitos: vivienda, entorno natural, infraestructuras, personas y actividad económica. A partir de ahí, la empresa analiza cómo afectan las inundaciones, las olas de calor o la sequía y qué decisiones pueden reducir la vulnerabilidad del territorio.
La elaboración de las AUR está directamente vinculada a los fondos EDIL Dana, diseñados por el Ministerio de Hacienda tras la riada. En noviembre del año pasado se lanzó una convocatoria dotada con 285 millones de euros procedentes del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder), dentro del Programa Plurirregional de España 2021-2027. En concreto, esta línea de financiación busca impulsar proyectos de reconstrucción, urbanismo sostenible y la resiliencia de los municipios frente a futuros episodios de lluvias extremas.

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Para acceder a estos fondos, los ayuntamientos deben elaborar una Agenda de Reconstrucción y un Plan de Actuación Integrado que definan prioridades, proyectos, financiación, plazos de ejecución concretos y resultados. Las ayudas se organizan en función del tamaño de los municipios. Las ciudades grandes pueden acceder a hasta 12 millones de euros, mientras que las intermedias a un máximo de 9 millones y las de menor tamaño a hasta 6 millones.
Para Díaz, esta línea de financiación supone un cambio en la forma de reconstruir. "La AUR no está pensada para reponer lo que se ha visto afectado, porque eso ya lo cubren otros fondos. Está pensada para introducir una mirada a medio y largo plazo", explica la socia fundadora de Paisaje Transversal. En otras palabras, los fondos EDIL Dana obligan a los municipios a pensar antes de actuar.

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Una emergencia desigual
Para entender cómo Paisaje Transversal ha confeccionado las AUR de los ayuntamientos afectados por la Dana, se debe tener en cuenta que la riada no afectó a todos los municipios por igual. Por ejemplo, Catarroja fue uno de los que registró más daños, con graves pérdidas en viviendas, comercios y equipamientos públicos. En cambio, Picassent, Xirivella y Cheste sufrieron impactos más parciales, localizados en los barrancos que surcan sus términos municipales.
En ese sentido, la geografía del territorio explica buena parte de estas diferencias. Catarroja está atravesada por el cauce del Poyo y la Rambleta, y algunas de sus calles funcionan como "auténticas vaguadas naturales". Durante la Dana, esos ejes canalizaron el agua con gran velocidad, concentrando los daños en determinados barrios del municipio. La situación difiere en Xirivella, rodeado por el canal del Turia.

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Según explica el socio fundador de Paisaje Transversal, Iñaki Romero, aunque esa ordenación del territorio reduce ciertos riesgos, también genera otros. "Si el agua llega a determinados puntos, el municipio puede convertirse en una balsa", precisa Romero. Por su parte, Picassent y Cheste presentan otras realidades alejadas de estos municipios de l'Horta Sud. Sus barrancos funcionan como elementos estructurales del territorio, pero la afección directa sobre sus núcleos poblacionales fue más limitada, por lo que, a diferencia de Catarroja, las viviendas apenas sufrieron las consecuencias de las inundaciones.
Por su parte, Montroi busca en la AUR una herramienta para ordenar el crecimiento del municipio antes de que se produzca una emergencia similar a la Dana del 29-O. "La relación con el barranco es distinta en cada municipio y eso condiciona las estrategias de planificación urbana", explica Romero. Cada zona tiene su propia vulnerabilidad, aunque comparte problemas comunes.

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Entre ellos, aparecen de forma recurrente la falta de vivienda segura -existe mucha población que reside en plantas bajas-; la escasez de equipamientos adaptados a emergencias o la excesiva impermeabilización del suelo, que impidió absorber el agua durante la riada. En ese sentido, la naturalización de los municipios se ha convertido en uno de los ejes centrales de las AUR. "Está muy de moda", bromea Romero, aunque reconoce que "quitar asfalto, plantar más árboles o crear zonas de retención de agua" contribuye a hacer de los municipios espacios más habitables y seguros.