Sensación de abandono en Piles y Oliva tras el paso de Adam: "Ahora entendemos a los de la Dana de Valencia"

Comarca y empresa

Las familias de la costa de la Safor tratan de volver a la normalidad entre calles aún inundadas y dudas sobre cómo gestionar los daños del temporal, mientras continúan las labores de limpieza y achique

  • Una mujer limpia y retira el agua de la zona inundada en la playa de Oliva.
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PILES/OLIVA. El camión no es suyo. Se lo han prestado unos amigos para que puedan retirar los muebles y enseres que la Dana Adam ha dejado inservibles en la planta baja de su casa, en la playa de Piles. Los cuatro miembros de la familia los cargan uno a uno. El agua les llegó hasta el pecho y arrasó todo lo que habían acondicionado en ese espacio como segunda vivienda: sofás, neveras, muebles y hasta un proyector de cine. También han perdido dos coches.

Ahora toca vaciar la casa, pero no saben dónde llevar los restos ni cómo gestionar los daños. Un bombero que pasó por la zona les indicó que amontonaran los enseres en un punto. Desde entonces, aseguran, nadie les ha explicado qué hacer con ellos. Sin el camión prestado, tendrían que dejarlo todo en la calle, junto a los muebles y electrodomésticos que se acumulan delante frente a otras viviendas. 

  • Enseres y muebles dañados por el agua en una vivienda en Piles.- Foto: EDUARDO MANZANA

"Vamos como pollos sin cabeza", resume una de las integrantes de la familia a Valencia Plaza, que prefiere mantener el anonimato. A las pérdidas materiales se suma la incertidumbre sobre cómo empezar a recuperarse: documentar los daños, contactar con las aseguradoras y averiguar qué ayudas pueden solicitar. Asegura que ningún representante municipal se ha acercado a su vivienda y que apenas ha visto voluntarios en el tramo de playa donde vive. "Sinceramente, me siento abandonada", lamenta. 

La familia ha visto más movimiento en Oliva, mientras que en su calle, explica, el agua tardó en retirarse. El martes por la mañana todavía tuvieron que abrir el garaje para facilitar el desagüe. La lluvia también les impidió hacer la compra semanal, que habían previsto para ese día. "En casa somos cuatro, con un bebé y un niño un poco más mayor", cuentan.

A las dificultades para salir de casa se sumaron los problemas de cobertura telefónica y la falta de wifi, que apenas permitían a sus familiares contactar con ellos para saber cómo estaban. Se encontraron así sin poder abastecerse y con pocas vías para informarse en un momento en el que necesitaban saber qué estaba pasando y cómo actuar.

  • Enseres y muebles dañados por el agua en Piles. - Foto: EDUARDO MANZANA

La preocupación se extiende a los trámites. La familia no tiene seguro para el garaje y desconocía qué ayudas podía pedir hasta que una amiga de Gandia le aconsejó fotografiar todos los daños. "Ahora me acabo de enterar de que en Piles también están dando ayudas. Si no me lo dice ella…", explica. Reclama que alguien se acerque a las viviendas para informar a los afectados de qué pueden solicitar y cómo hacerlo. Le preocupa especialmente la situación de las personas mayores que viven en bajos de la zona de playa y que, tras perder sus pertenencias o sus vehículos, pueden tener más dificultades para salir adelante.

La experiencia les ha hecho pensar en quienes padecieron la Dana del 29 de octubre de 2024. "Ahora entiendo el sufrimiento que sentía la gente de Valencia", afirma. Asegura que no consigue contactar con el Consorcio de Compensación de Seguros ni con las compañías aseguradoras y que la pérdida de los coches complica todavía más la vuelta a la rutina, en una zona donde el transporte público ofrece pocas alternativas para desplazarse al trabajo o a la universidad.

Una costa cubierta de muebles, cañas y coches dañados

La escena se repite en distintos puntos de la costa de la Safor. En la playa de Piles, las lluvias y el agua arrastrada por el barranco han dejado la arena cubierta de cañas y restos de vegetación. Delante de las viviendas se amontonan muebles y enseres, mientras una grúa retira parte de los objetos dañados. Los coches permanecen abiertos para secarse al sol y algunos presentan cristales rotos por el impacto de contenedores arrastrados por el agua.

  • Una grúa municipal retira los muebles y enseres dañados por el agua en Piles. - Foto: EDUARDO MANZANA

En la playa de Oliva, una de las zonas más castigadas por las inundaciones, los vecinos también sacan a la calle electrodomésticos y mobiliario. En algunos puntos, el agua estancada todavía cubre los tobillos y hay garajes en los que continúan las labores de achique. La magnitud de los daños está relacionada con la intensidad de las precipitaciones: en Oliva se registraron alrededor de 643 litros por metro cuadrado en 48 horas, mientras que en numerosos puntos de la Safor y la Marina Alta se superaron los 500 litros y en zonas del norte de Alicante se rebasaron los 700.

  • Restos de cañas y vegetación en la playa de Piles. - Foto: EDUARDO MANZANA

El temporal obligó a rescatar a personas atrapadas por el agua, dejó vehículos bloqueados y afectó a viviendas, caminos y suministros básicos. Durante la noche del lunes, unas 400 personas tuvieron que permanecer alojadas en el Centre Polivalent de Oliva. Para algunos vecinos, la emergencia no terminó cuando dejó de llover: tuvieron que esperar horas para salir de sus casas y, después, empezar a evaluar lo que el agua se había llevado. 

Atrapado en casa hasta que lo rescató la UME

Un vecino de Oliva que también ha preferido no dar su nombre pasó la noche pendiente de cómo subía el agua, que empezó a entrar en su vivienda alrededor de las cuatro y media de la madrugada. Intentó contactar con la Policía, los bomberos y el 112, pero asegura que nadie le respondió. Hacia las siete de la mañana, la presión del agua ya le impedía abrir la puerta.

Se quedó en la escalera de la vivienda hasta que, a las dos de la tarde, efectivos de la Unidad Militar de Emergencias (UME) consiguieron sacarlo en un vehículo. El agua había alcanzado unos 1,20 metros dentro de la casa y había dejado inservible prácticamente todo lo que quedaba por debajo de esa altura: muebles, cocina, lavadora, cama, frigorífico y horno, además de los aparatos eléctricos. Ahora intenta empezar de nuevo con lo poco que ha podido rescatar.

  • Entran un colchón en una vivienda afectada por la Dana Adam en Oliva.- Foto: EDUARDO MANZANA

Incluso, señala, ha tenido que buscar un colchón prestado, aunque no quiere ponerse por delante de otros afectados a la hora de pedir ayuda. "Yo trabajo, estoy bien y hay gente que lo necesita más", explica. Tiene una casa pequeña y amigos que pueden echarle una mano con la limpieza, aunque reconoce que ha perdido prácticamente todo lo que tenía.  

Julio se despertó a las cinco de la mañana con el agua dentro de casa

En la misma zona, la experiencia de Julio muestra otra cara de la emergencia. Vive todo el año en una planta baja y, cuando atiende a este periódico, tiene parte de sus pertenencias amontonadas en la terraza. Decenas de pares de zapatillas se secan en la barandilla, expuestas bajo un sol de justicia que supone un respiro para el sector de la playa de Oliva. La ropa que ha conseguido salvar la trasladan el bolsas a casas de familiares y amigos para lavarla, porque todavía no disponen de agua corriente.

  • Zapatillas se secan al sol en una vivienda afectada por la Dana Adam en Oliva.- Foto: EDUARDO MANZANA

"Me desperté a las cinco de la mañana y ya teníamos agua por la mitad de la habitación", recuerda. La lluvia había comenzado el domingo al mediodía y el agua llegó a entrar en la vivienda, aunque después pareció dar una tregua. Durante la madrugada del lunes, sin embargo, volvió a subir y entró por la ventana. La marca que ha dejado en las paredes, de casi dos metros de altura, da cuenta de la dimensión de la inundación.

Poco después, la Generalitat envió los primeros avisos de emergencia a través del sistema ES-Alert, que permite remitir mensajes directamente a los teléfonos móviles de la población situada en las zonas de riesgo. El primero llegó a las 5.30 horas del lunes y otro se remitió a las 7.50 horas, ante la persistencia de las lluvias y el peligro de nuevas inundaciones. Los mensajes pedían evitar desplazamientos, permanecer en casa, alejarse de barrancos, cauces y zonas costeras y, si el agua entraba en las viviendas, subir a las plantas superiores y no bajar a sótanos ni garajes.

  • Julio, vecino de la zona de la playa de Oliva, en su vivienda afectada por la Dana Adam. - Foto: EDUARDO MANZANA

"No hemos salvado nada, se ha perdido todo", resume Julio. Los muebles y los electrodomésticos han quedado inutilizados y apenas han podido recuperar algunas pertenencias. Recuerda otra riada de hace casi 40 años, cuando todavía estudiaba en València, pero asegura que aquella no fue comparable con esta. En esta ocasión, explica, el agua estaba menos cargada de barro, aunque el desbordamiento de los desagües ha dejado malos olores en su vivienda.

Tras la inundación, tampoco ha podido descansar. Se pasó la noche pendiente de las pertenencias que habían dejado fuera mientras intentaban organizar la limpieza. Vio llegar vehículos y personas que se llevaban objetos de la calle y tuvo que llamar la atención a algunos. Entiende que los muebles depositados en la vía pública puedan parecer abandonados, pero insiste en que parte de lo que estaba en la terraza seguía siendo suyo: lo habían sacado para intentar salvarlo o dejarlo secar, no para desprenderse de ello.

En su caso, la ayuda llegó cuando los equipos pasaron por la zona y vieron a los vecinos afectados. Julio cuenta que por allí pasaron tres grupos del del Ayuntamiento y que no les faltaron comida ni bebida. También acudió World Central Kitchen, la organización humanitaria del chef José Andrés, cuyos voluntarios tomaron nota de las personas que había en la casa y les dijeron que les llevarían comida caliente. Durante la emergencia, además, vio helicópteros y efectivos de la UME que entraban y salían de la zona.

  • Agentes de la Policía Local y de Protección Civil achican el agua de un garaje inundado en Oliva. - Foto: EDUARDO MANZANA

Julio cree que buena parte de los esfuerzos se concentraron en los campings, donde había personas aisladas, y entiende que los equipos de rescate priorizaran a quienes se encontraban en mayor peligro. A ellos les ofrecieron trasladarse al núcleo urbano, pero decidieron quedarse para vigilar la casa y sus pertenencias. "No podíamos irnos al pueblo y dejarlo todo así", explica.

Continúan las tareas en las zonas afectadas

La emergencia ha empezado a remitir, pero las tareas para recuperar las zonas afectadas siguen en marcha. Desde el inicio de la Dana Adam, el teléfono 112 había gestionado 1.713 incidentes: 1.202 en la provincia de Valencia, 492 en Alicante y 19 en Castellón. El temporal ha dejado tres víctimas mortales, una en Sagunt y dos en Oliva. Hasta allí se desplazó este martes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, donde anunció que el Ejecutivo declarará los municipios afectados como zona catastrófica.

Por su parte, el president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, anunció un primer paquete de ayudas de 23,5 millones de euros para reparar daños en viviendas, reponer enseres y facilitar el realojo. Incluye ayudas de 6.000 euros para la vivienda habitual y de 3.000 para la segunda residencia, además de 800 euros mensuales durante un año para quienes hayan perdido su casa habitual. La solicitud podrá presentarse por internet o presencialmente en los ayuntamientos y oficinas PROP. La Generalitat también prevé nuevas ayudas para vehículos y sectores como la agricultura, el comercio y la hostelería.

  • Mobiliario afectado por el agua en la puerta de un restaurante de Piles. - Foto: EDUARDO MANZANA

Mientras se concretan las medidas, los trabajos se centran en retirar los restos del temporal y restablecer los servicios. La Generalitat ha desplegado más de 40 máquinas pesadas y 271 personas para limpiar calles y espacios públicos, con otros 80 efectivos previstos para reparar caminos rurales. También continúan las labores en depuradoras, centros educativos y sanitarios. En Oliva, las clases tienen previsto reanudarse este jueves 22 de octubre, salvo en el IES Gabriel Císcar, donde las lluvias derribaron un muro, mientras se revisan los daños en otros centros.

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