VALÈNCIA. Agnès Ricart reconoce haber perdido la cuenta de las veces que ha dibujado a Donald Trump. No es que quiera pintar al presidente estadounidense por interés propio, sino que la actualidad manda y, desde hace años, parte de su oficio como ilustradora en prensa internacional consiste en poner imagen a quienes protagonizan los titulares. Por su mesa de trabajo han pasado también Elon Musk, Dan Levy, Bella Ramsey, Zendaya o Noah Wyle, convertidos en retratos para cabeceras como Los Angeles Times, The Economist, New York Magazine, Vanity Fair o The Guardian. Personajes y temáticas muy distintas que la valenciana traslada, pese a todo, a un universo visual propio, marcado por los colores vibrantes y una estética luminosa que, a menudo, sirve para acercar asuntos políticos, sociales o culturales especialmente complejos.
Hace apenas siete años que Ricart decidió dedicarse profesionalmente a la ilustración. El salto internacional llegó mucho antes de lo que esperaba. Durante su primer año ya publicaba en The New York Times y poco después comenzaban a llegar los encargos de las agencias que hoy la representan en Europa y Estados Unidos. Desde entonces ha trabajado tanto para medios de comunicación, adaptando sus horarios a los cierres editoriales de cada país, como para marcas como Google, Ikea, New Balance o Carolina Herrera.
Tras varios años viviendo en Barcelona, hace año y medio regresó a València, donde ha instalado su estudio. “Trabajar desde aquí nunca me ha supuesto un problema. Me encanta la huerta y la costa. Y, al final, soy yo quien se adapta a los horarios de los clientes. A veces trabajo de noche, porque la diferencia con Estados Unidos es de seis horas; y otras, en fines de semana, porque la prensa también trabaja con esos tiempos”, explica. Un ritmo de trabajo que, sin embargo, no ha diluido una identidad visual que hoy resulta reconocible a primera vista.

- Donald Trump for Die Zeit
Rastro de la pintura clásica
Antes de dedicarse profesionalmente a la ilustración digital. Ricart pasó años estudiando dibujo y pintura clásica. Eso ha provocado que su estilo beba un poco de los dos mundos. “Diría que es una mezcla entre algo consciente y algo inconsciente. Antes trabajaba con pintura realista, carboncillo y dibujo clásico, y cuando empecé a ilustrar en digital intentaba trasladar todo lo que hacía sobre el papel. Creo que mi estilo nació precisamente de ese intento de adaptar el lenguaje analógico al digital”, explica.
Pero lejos de contener su manera de crear, la ilustradora ha logrado evolucionar su manera de ilustrar. “Hay elementos que se mantienen, como los colores vibrantes, porque ahí sí hay una intención. Pero me gusta pensar que mi estilo está en movimiento. Si no, me acabaría cansando. Siempre intento explorar cosas nuevas y dejar que vaya evolucionando según el momento en el que estoy”.
Esa evolución también se aprecia al comparar sus primeros trabajos con los actuales. "Al principio mi trabajo era mucho más pictórico. La gente me sigue diciendo que lo es, pero ahora hay menos referencias a la pintura tradicional. Antes mezclaba mucho más los colores y se parecía más a una pintura analógica; ahora se ha estilizado y digitalizado más. Después de siete años trabajando así, creo que era una evolución inevitable”.
Poner rostro a la actualidad
Ilustrar a actores o cantantes conocidos forma parte del día a día de Ricart, pero también dar forma visual a historias que a menudo abordan cuestiones complejas o controvertidas. Y, aunque cambie el tema, hay un rasgo que permanece inalterable: el color. Lejos de renunciar a una estética luminosa, la creadora valenciana entiende el color como una herramienta para acercar al lector noticias que, de otro modo, podrían resultar más difíciles de abordar.
“Utilizar colores vibrantes llama la atención y hace que un tema posiblemente complejo entre antes por los ojos. Si una imagen te atrae, es más fácil que te detengas a mirarla y que el mensaje llegue. Creo que también ayuda a hacer esos temas más accesibles”, defiende.

- Het Financieele Dagblad
Lograr ese equilibrio no siempre es sencillo. Aunque la ilustradora reconoce que con los años ha aprendido a resolver los encargos cada vez con mayor rapidez, hay ocasiones en las que una imagen requiere varias rondas de bocetos antes de llegar a la versión definitiva. “Hace poco dibujé a Gisèle Pelicot y, cuando abordas casos de violencia de género, todo se vuelve más delicado. En esos trabajos me ciño mucho a la dirección de arte y a lo que busca el cliente. Normalmente los medios prefieren abordar estos temas con mucha sutileza”.
En el otro extremo están los encargos ligados a la actualidad cultural y política, donde Ricart ha tenido que ilustrar, como contábamos antes, decenas de rostros conocidos. Son trabajos que le permiten jugar más con la expresividad y profundizar en la personalidad de quien tiene delante. “Era algo que ya me encantaba hacer cuando pintaba. Hacía muchos retratos al óleo y me parece muy interesante porque te obliga a profundizar en la persona. Pasar tantas horas mirando una cara hace que acabes aprendiendo casi todos sus gestos”.
Aunque reconoce que no todos los encargos le despiertan el mismo entusiasmo, asegura que siempre encuentra algo con lo que disfrutar. “Evidentemente me apetece mucho más dibujar a Zendaya que a Trump, aunque también disfruto la sátira. Con todo me lo paso bien”, afirma la valenciana. En ocasiones, además, el trabajo llega hasta sus protagonistas. Le ocurrió con el actor Dan Levy, que reaccionó a una de sus ilustraciones en redes sociales. “Me comentó que le gustaba y eso está super bien. Es importante que la persona se reconozca”.

Más allá de la ilustración editorial
Sea como sea, Agnès Ricart se considera “muy afortunada” por poder dedicarse a lo que le gusta desde su estudio en València. “Soy consciente de lo complicado que es hacerte un hueco en el sector creativo sobre todo en España. Desde mi experiencia, el trabajo aquí no se valora igual. El reconocimiento y la valoración me llegaron antes desde el extranjero. Y, más allá del reconocimiento individual, también hay diferencias en los presupuestos. Tengo la suerte de trabajar para clientes de fuera, aunque aquí he colaborado con Google Barcelona, Ikea, Carolina Herrera o La Vanguardia.”
A ese escenario se suma la irrupción de la inteligencia artificial, una tecnología que, por el momento, asegura que no ha afectado a su trabajo. “De momento no me está resultando problemático ni me ha quitado trabajo, pero sí da miedo pensar en el futuro. Espero que sirva para revalorizar el trabajo artístico, manual y artesanal, y que se pueda regular de alguna manera”. Y es que, la valenciana sí conoce a otros creativos a los que les está afectando. “Tengo amigos fotógrafos que lo están sufriendo mucho más, porque se utiliza la IA para fakear imágenes”.
En su caso, aunque la ilustración editorial ocupa buena parte de su tiempo, Ricart también desarrolla proyectos de animación 2D y dirección artística para campañas publicitarias. Su trabajo ha llegado incluso al ámbito musical, con el diseño de la portada y contraportada de Her, álbum de la banda indie surcoreana ADOY, además de colaborar con marcas y proyectos vinculados al mundo del libro. En muchos casos, una misma ilustración acaba teniendo varias vidas. "Hay medios que me piden una versión para papel y otra animada para la web. También hago campañas en las que la ilustración y la animación conviven", explica.
Esa variedad es, precisamente, una de las cosas que más valora de su profesión. "Me gusta combinar la ilustración editorial con proyectos para publicidad, música o libros. Ahora también estoy trabajando en proyectos institucionales para el espacio público". De cara al futuro, Ricart confía en seguir ampliando ese abanico. "Me gustaría hacer más cosas relacionadas con el cine, como carteles para películas, y seguir explorando formatos diferentes”. Sobre todo porque, como confiesa entre risas, está “aburrida” de ilustrar a Donald Trump.