CASTELLÓ. No es una obra sobre el mar. Es una obra con el mar. Bajo esta premisa se presenta hoy Conocimiento flotante: martierra-digital, la nueva instalación artística de Damià, ubicada en Bellver Blue Tech Zone, y que se consolida como una de las propuestas más singulares del panorama actual por su capacidad para integrar arte, ciencia y tecnología en un mismo sistema vivo y cambiante.
Lejos de la lógica tradicional de la escultura, la obra se aleja de la representación clásica del Mediterráneo para establecer un diálogo directo con él a través de tres ecosistemas que, como en la naturaleza, están interconectados entre ellos. El mar se convierte, por tanto, en un agente activo y en coautor. Su comportamiento, cambiante e imprevisible, modifica de manera constante la forma, el ritmo y la evolución de la instalación, convirtiéndola en una pieza irrepetible en el tiempo.
Una obra en tres estados
En su dimensión física, la escultura terrestre se ubica en El Bosque de Bellver Blue Tech Zone, donde se configura como un cuerpo de memoria material. Su estructura interna está compuesta por redes de pesca abandonadas recuperadas del fondo marino. Estos materiales, originalmente concebidos como herramientas de extracción, son resignificados como soporte estructural. Su estructura externa, compuesta por hormigón romano y grafeno, interactúa con el entorno al servir como superficie de crecimiento y, al mismo tiempo, al contribuir a la absorción de CO2 y óxidos de nitrógeno, integrando así procesos ambientales en su propia materialidad.
Por su parte, una serie de boyas submarinas con morfología de cabeza humana fondeadas en el Lugar de Interés Comunitario Benicàssim-Oropesa (LIC), actúan como dispositivos de escucha. Equipadas con sensores, registran parámetros como temperatura, salinidad, así como otros datos fisicoquímicos, sin interpretarlos ni juzgarlos. Estas cabezas subrayan la dimensión filosófica del proyecto: el conocimiento como algo flotante y dependiente del contexto y la medición como gesto de atención, no de control.

Su función es mediar entre el entorno marino y la percepción humana. Con el tiempo, estas piezas son colonizadas por organismos marinos, integrándolos progresivamente y aceptando que las piezas no son objetos cerrados, sino cuerpos permeables que evolucionan junto al entorno.
La tercera dimensión de la instalación se despliega en el ámbito digital. Vortex, el espacio inmersivo de Tempus, reconfigura la percepción del espacio para convertir al visitante en parte activa de la obra. Estas visualizaciones parten tanto de la información registrada en el entorno marino como de una serie de dibujos previos del propio artista, que definen la lógica visual de la pieza. En este entorno, los datos recogidos no se proyectan, sino que se transforman en flujos visuales que simulan corrientes marinas y responden en tiempo real a las variaciones del propio ecosistema, modificando desde la textura hasta la densidad. La tecnología de Vortex permite crear un entorno único donde el Mediterráneo no se observa, sino que se traduce y se habita.
“El proyecto no trata de explicar el mar, sino de establecer una relación distinta con él, en la que dejamos de situarnos fuera para empezar a formar parte de su lógica”, señala el comisario de la obra y director de proyectos de la Fundación Azul Marino, Pablo García. “Aquí la medición no se entiende como control, sino como una forma de atención prolongada hacia un sistema que nunca deja de transformarse”.
El propio Damià amplía esta idea desde una perspectiva conceptual, “en el proyecto Conocimiento Flotante no se pretende dar respuestas definitivas, sino crear un diálogo entre lugar, naturaleza y tecnología. Se trata de explorar incertidumbres y, quizás, nuevas maneras de percibir desde dónde tomarse un tiempo para pensar. Mi obra tiene la intención de sugerir, de señalar y de ofrecer el espacio necesario para generar curiosidad y esperanza”.
Bellver Blue Tech Zone como escenario
La instalación queda expuesta desde hoy en sus tres ubicaciones dentro de Bellver Blue Tech Zone, como un conjunto que evoluciona en relación con el entorno.
La presentación ha incluido un recorrido por las instalaciones que ha incluido una presentación de la instalación artística y una activación inmersiva de la obra. En este contexto, Bellver Blue Tech Zone, a través de su Fundación Azul Marino, consolida el marco conceptual del proyecto al compartir una visión centrada en la sostenibilidad, la innovación aplicada al medio marino y la creación de espacios híbridos entre ciencia, tecnología y cultura.
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