Música y ópera

La Plata, un antes y un después en la escena valenciana

El grupo se despide este sábado en la Sala Moon de 'Interzona' y anuncia una parada temporal

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VALÈNCIA. Este sábado, La Plata se despide de Interzona, su tercer disco, en València. Lo hace a lo grande, en la Sala Moon, y le seguirá un anunciado parón que, como poco, significa un largo hasta luego a la ciudad que los vio nacer y lo reivindica con orgullo. 

Un concierto de La Plata en València, por muchas veces que haya pasado, no deja de ser un acontecimiento y la experiencia colectiva de toda una escena musical. Son, desde su primer concierto y de manera unánime, símbolo de la última ola de grupos underground valencianos, que han abierto más camino que marcado, un estatus que han entendido con generosidad.

Respondía sobre ello María Gea en una entrevista con Culturplaza por su segundo disco, Acción Directa, que “tiene sentido porque para nosotros ha sido muy importante la gente que ha hecho música en la escena local antes que nosotros. De alguna manera, es normal que la gente que viene después de nosotros y vea lo que estamos haciendo, y también que estamos activos a nivel musical y a nivel local, que vean que nos interesa la cultura y la escena de nuestra ciudad, tenga como referencia nuestro trabajo. Es algo natural y así nos ha pasado con nuestros mayores. Y para nosotros, tanto como personas individuales como proyecto, es muy importante que siga habiendo música en la ciudad, apoyar a la gente que venga, y contribuir con lo que podamos. Es guay saber que hay gente que viene después de ti y que está prestando atención a lo que haces”.

Un destello de luz

Aprovechando el concierto de este sábado, cuatro personas de la escena musical valenciana se han prestado a hablar de su relación con el grupo. Pero para respetar el orden cultural del tiempo, mejor empezar una década antes, en un bar en el que había conciertos y ya no existe: el Magazine. Era 23 de noviembre de 2016; sonaba por primera vez en directo Un atasco. En el escenario, María Gea, Patricia Ferragud, Miguel Carmona, Salvador Frasquet y Diego Escriche, que también trabajaba en el local como técnico de sonido.

“Yo descubrí a La Plata en su primer bolo, en el Magazine con Los Manises, que fue hace unos 10 años. Recuerdo el impacto inmediato de que era una banda ya formada para tocar y para rodar. No era una banda novel de gente que se junta por primera vez con sus colegas”, relata Juan Ortiz, miembro de grupos como Fanstastic Explosion o Caro Kann.

“Cuando yo empiezo a tocar en grupos y a ir a conciertos, la escena de València estaba muy marcada por el garaje y el hardcore. Cuando salió La Plata, ya habíamos entrado un poco en los márgenes de la neopsicodelia. Un atasco nos pilló a todos de sorpresa; que un himno pop calase tanto y, a la vez, hiciese tanta referencia a otras ondas más ochenteras y más de post-punk”, se explaya Xus Arcas, músico en bandas como Perfil Bajo y DJ bajo el nombre Falsetto de Dios.

Miquel Martínez, también músico en Fantastic Explosion o Caro Kann, y que también compartió con algunos miembros de La Plata la fundación del colectivo Dominio: “Recuerdo que me pusiera con el móvil la primera demo de Un atasco y me dijera que había hecho un tema de pop y estaba guapísimo. El primer concierto en València fue en el Magazine y estaba absurdamente lleno”. 

A partir de ahí, la presencia del grupo se volvió constante. “Los primeros años eran mil conciertos de La Plata, todo súper lleno”, apunta Martínez. “Al año siguiente ya era imposible que tocaran en una sala así. Eso te dice que en el underground fueron desde el principio muy influyentes”. 

Un atasco es el pequeño milagro: una canción pop hecha desde el underground valenciano y que, publicado primero como un vídeo en Facebook, parecía no tener grandes aspiraciones, aunque calara rápidamente en toda la escena. Pero es que el resto de canciones dibujaban un disco de pequeños milagros, Desorden.

Para quienes estaban cerca, el impacto de su proyección fue también emocional: “Fue inspirador porque es ver a gente que son tus amigos, gente cercana y gente que siempre se ha mantenido fiel a sí misma; que han hecho las cosas por ellos mismos y, desde la base, pueden hacerlo y pueden llegar más allá. Nos envalentonó un poco al resto”, reconoce Arcas.

“No era la típica banda de punk de cuatro señores mayores. Me podía sentir cercana a ellos”, explica Carlota Fontes ‘Karrots’, promotora del concierto del sábado y fan de la banda. 

Movimiento infinito

“Con cada disco me han sorprendido para bien. Podrían haber seguido una única línea y no lo han hecho”, señala Karrots. “Ellos como grupo han evolucionado una barbaridad y eso se ve en los discos, en el género que van haciendo y en cómo lo van reinventando”, observa Ortiz.

Después de Desorden, llegarían Acción Directa e Interzona. El primero escrito como un ejercicio de abandono de la melancolía y escrito para ensalzar los espacios comunes; el segundo, centrado en habitar un lugar propio que funcione como refugio ante una realidad hostil. Musicalmente, desgranar un disco de La Plata se hace muy complejo porque es la suma de cinco mundos, uno por cada miembro de la banda.

La forma de funcionar de la banda es cada vez más horizontal y se suman las referencias, obsesiones, escuchas y experimentos de cada miembro, que habitan como músicos y también como público escenas musicales diferentes.

“La Plata no es un ente que lleve por bandera un estilo. Es algo cambiante, algo que siempre ha sido fresco”, añade Arcas. “El ponerse a hacer cosas con un rango tan amplio de géneros ayuda a las bandas que los tienen como referencia a perder el miedo”, remata Martínez.

La influencia y la generosidad de La Plata con València no se ha limitado a lo estrictamente musical. “Diego [Escriche] ha sido productor de muchas bandas jóvenes de València y María [Gea] ha hecho artworks para muchísima gente durante años”. Más allá de los focos, ante todo La Plata sigue siendo importante porque, en la distancia corta y en el día a día de la escena, el grupo se entiende mejor.

Diez años después, el balance se hace con cierta distancia. “Es difícil saber el impacto exacto, pero solo hay que ver que pueden meter más de mil personas en una sala”. Para Karrots, “han marcado un antes y un después, no solo en València, también a nivel nacional”.

“Es el concierto más importante que he organizado en mi vida”, reconoce la promotora. Quizá porque, más que clausurar la etapa Interzona, el concierto del sábado permitirá echar la vista atrás y celebrar una década de un pequeño milagro, que nunca se ha reivindicado como tal, pero que es el palpable a lo largo y ancho de la música valenciana.

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