VALÈNCIA. En el libro Love Me Tender, que se convirtió en un fenómeno editorial en Francia y que ahora se ha convertido en película, la escritora Constance Debré describió cómo perdió la custodia de su hijo cuando le reveló a su exmarido que mantenía relaciones con mujeres. A partir de ese momento, su vida se convirtió en una pesadilla después de que la acusaran de una serie de cuestiones de la que ella no era culpable, sino víctima, teniendo que cargar con el sufrimiento de perder a su hijo.
En la pasada edición del Festival de Cannes, la película del mismo título dirigida por Anna Cazenave Cambet participó en la sección 'Una cierta mirada' a través de una fiel adaptación de la novela de Debré y con una magnífica interpretación de Vicky Krieps, que se convierte en motor emocional central del filme.
La película narra la experiencia de una madre divorciada, Clémence, quien tras años de ajustarse a las expectativas sociales inicia un proceso de autodescubrimiento que afectará a su vínculo con su hijo, ya que perderá todo el contacto y tendrá que enfrentarse a la burocracia judicial francesa a causa de una serie de alegaciones infundadas presentadas por su exmarido, Laurent. Este hecho mostrará cómo la protagonista intentará equilibrar su deseo de autonomía con el desafío a una maternidad puesta en entredicho en entornos judiciales adversos.
La película se detiene en los rituales cotidianos entre Clémence y su hijo, Paul, cuyos momentos de complicidad terminan en una ruptura tras la revelación de la nueva orientación sexual de la protagonista. Clémence, quien antes era abogada y ahora escritora, revela su relación con mujeres a Laurent durante una escena relevante. Aunque Laurent aparenta comprensión inicial, posteriormente decide utilizar el sistema judicial para separarla de Paul, presentando acusaciones que terminan con la suspensión total de su custodia. La crudeza de la narración expone tanto la homofobia como la misoginia estructural presentes en el sistema legal descrito en la película.
El proceso judicial que enfrenta Clémence tiene consecuencias tanto emocionales como sociales. La trama discurre entre la lucha personal de la protagonista, quien continúa con su vida profesional, ahora como escritora, y sentimental, y el desgaste que representa enfrentarse a un sistema que pone en cuestión sus derechos como madre. El periodo en el que Clémence no puede ver a Paul, “dos de sus cumpleaños, uno de él”, según la voz en off tomada del texto ‘autoficcional’ de la protagonista, marca el desarrollo del largometraje y enfatiza la dimensión devastadora de la separación.
La película pone de manifiesto que las decisiones de Laurent, motivadas por resentimiento y la negativa a aceptar la libertad de Clémence, se ven acompañadas de una indiferencia hacia el sufrimiento de su hijo. Así, el filme denuncia la precariedad de los derechos parentales de las madres que desafían los cánones tradicionales y muestra cómo el sistema perpetúa este desequilibrio.
Pero, si por algo destaca Love Me Tender, es por la mirada desgarradora hacia el enorme vacío de una madre que no puede hacer nada por ver a su hijo, a la que tratan como a una delincuente, que es humillada hasta la extenuación, que tiene que sufrir constantes violencias pasivo-agresivas por parte de su expareja y que, en vez de entrar en una espiral de autodestrucción, decide seguir adelante, liberarse de la culpa que no tiene y vivir.