VALÈNCIA. Las artes escénicas valencianas protagonizan su particular rentrée y lo hacen en un septiembre que se presenta, explican, “ilusionante”. La Associació Valenciana d'Empreses d'Arts Escèniques (Avetid) impulsa, un año más, la campaña ‘Les arts escèniques valencianes... Comencem!’, con la que las numerosas empresas asociadas dan la bienvenida a la nueva temporada en conjunto, un acto que se celebró este lunes en el Teatre el Musical (TEM).
Con este pistoletazo de salida pequeños y grandes teatros quieren seguir seduciendo al público para que llene el patio de butacas en esta temporada, un curso en el que los ojos no solo están puestos en el escenario. Las próximas elecciones también están presentes para un sector que es, de entre los culturales, el que más ha batallado en los últimos años, con la gestión de las ayudas por parte del Institut Valencià de Cultura (IVC) o el Circuit Cultural como algunos de los muchos puntos calientes en su relación con una Conselleria de Cultura que ha sumado tres consellers en tres años.
En este sentido, desde Avetid han afeado en distintas ocasiones la política cultural autonómica o su interlocución -o falta de ella- con el gobierno, un puente que, sin embargo, no quieren romper sino reconstruirlo. Así lo explica la presidenta de la asociación y directora de comunicación de Olympia Metropolitana, MªÁngeles Fayos, en su entrevista con Culturplaza con motivo de este nuevo curso.
La excusa para iniciar el análisis del presente y futuro del sector la da la propia gestora cultural. El arte habla y es un cuadro del pintor y arquitecto Carlos Montesinos el que la acompaña como recordatorio de la realidad de las artes escénicas, explica poco antes de activar la grabadora, una pieza que muestra a un náufrago que saca las manos. Encendemos la grabadora.

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- Foto: KIKE TABERNER
-¿Qué dice este cuadro del sector?
- Las artes escénicas siempre están en precario. Una empresa se tiene que arriesgar siempre, pero en artes escénicas te arriesgas doble, es todo más complicado. Al mismo tiempo es apasionante, pero también un salto al vacío. Hay muchas compañías que trabajan poco y, esto hay que decirlo, se estrenan muchas producciones pero las programaciones públicas deben ser más largas.
- ¿Qué radiografía hace del sector de las artes escénicas valencianas?
- Queda mucho por hacer. Quiero ser optimista, porque sin optimismo y sin unidad no se consigue nada. En este momento, hay buena comunicación a nivel sectorial y la administración quiere colaborar, pero verdaderamente va todo muy lento. Los tiempos políticos nunca coinciden con los tiempos del sector privado. Si queremos tener una industria valenciana que dé envidia a otras autonomías se tiene que trabajar más, tiene que haber un circuito que funcione más, no solamente que llegue a muchas poblaciones, que es lo que están intentando, sino que se programe más.
Yo siempre pedía un 1% del presupuesto total de la Generalitat Valenciana para la cultura. Ahora estamos en el 0,7%, mientras los catalanes ya están pidiendo el 2%. Cuando llegaron al 1% dicen que se empezó a anotar. Necesitamos una mayor implicación. Sé que hay buenas intenciones, pero se llega tarde, todo se demora demasiado. Es importante trabajar estando orgulloso de tu tejido creativo y cuidarlo. Con un poco de mimo y más presupuesto llegaríamos más lejos.
- ¿Qué nota le ponemos a la política teatral de la Generalitat?
- Siempre digo que progresa adecuadamente, pero es verdad que va al ralentí. No han ayudado los cambios en la Conselleria de Cultura, en el IVC... Es muy difícil con tantos movimientos en la estructura que la burocracia se agilice y que salgan las ayudas en tiempo y forma. Lo que queremos es estabilidad. Cuando cambias tanto los mandos es muy difícil hacer una política cultural pública como se quiere.

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- Foto: KIKE TABERNER
- Precisamente el IVC está actualmente sin director y recientemente perdió a su responsable de ayudas, ¿en qué afecta?
- Ahora tenían que haber salido las ayudas al fomento de las artes escénicas, las ayudas a emergentes... Es verdad que cuando hablas a nivel individual todos quieren hacerlo bien, pero tiene que haber una estabilidad en los cargos. Si queremos tener una industria cultural potente hay que ayudar pero, además, hacerlo de la manera en que se necesita, porque cada compañía necesita un acelerador diferente. No solo me refiero al dinero, sino también de la forma. Por eso son tan importantes, por ejemplo, las ayudas bianuales. Cuando trabajas a largo plazo se reduce la burocracia y permite que uno crezca. Soy ambiciosa porque hay talento. Es cuestión de sentarse y ver qué se necesita. Necesitamos aliados.
- En unos meses vienen elecciones, ¿qué le gustaría que incluyeran los programas electorales?
- Para esta legislatura pediría ya un 2% del presupuesto para cultura y duplicar las partidas para ayudas bienales. Hace unos días estuve en el reconocimiento de Macastre como Capitalidad Cultural y desde que hacen el festival de teatro se han asentado allí muchísimos artistas, se ha dado un crecimiento brutal de público, económico, social... Eso no tiene precio. También es importantísima la ficción en À Punt para dar trabajo, entre otros, a los actores y actrices.
Es necesaria una política cultural a largo plazo, una programación más estable y un Circuit Cultural más ambicioso.También sueño con una ciudad en la que estén conectados los museos, salas de conciertos o teatros, sin importar si es público o privado. Al final, un pueblo que respira cultura es un pueblo más empático y eso es muy necesario tal como está el mundo hoy en día.
- El diseño del catálogo del Circuit trajo polémica este verano con la exclusión de varias propuestas. En un comunicado, de hecho, la asociación decía: "No queremos que la censura se institucionalice”.
- Desde Avetid siempre hemos defendido que no hubiera un catálogo o que, si tenía que haberlo, que fuera un catálogo abierto a todas las compañías profesionales. Después, el Ayuntamiento o gestor cultural elige lo que programar en su localidad, pero como gestor público tienes que programar todo tipo de espectáculos.

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- Foto: KIKE TABERNER
-¿Volverán los Premios de las Artes Escénicas Valencianas?
- Ojalá. Eso no progresa adecuadamente, no sabemos nada. Los premios son muy importantes. Ahora estoy en la Academia de Artes Escénicas y hacemos los premios Talía me he dado cuenta de que son muy importantes porque te dan visibilidad. La única manera que tiene una compañía de ser sostenible es que la programen y para programarla, muchas veces, el que haya recibido un premio hace que un programador se fije en ti. Realmente no sé por qué no se han recuperado.
- En unas semanas será el segundo aniversario de la Dana, que afectó profundamente al sector. Desde Olympia Metropolitana, de hecho, lo habéis tenido muy presente como gestores del TAC de Catarroja, ¿qué fotografía hacemos ahora?
- La Dana fue muy dura, fue muy dura. Por supuesto, porque se llevó muchas vidas por delante. Al sector creativo le hizo mucho daño, en general no solamente al escénico, muchas personas que perdieron todo. Recuerdo que esas semanas había padres que habían perdido del coche y se organizaban para llevar a alumnos a la escuela de artes escénicas que gestionamos, porque necesitaban respirar ese optimismo.
Fue, además, un momento de una enorme bajada de público. Esto se ha recuperado, pero es cierto que cuando vuelven las lluvias -y ahora volverán- la gente se queda en casa, se pierden matinales con colegios o institutos... Es complicado para los que vivimos del público. Por eso yo siempre digo que este es un sector que siempre está en alto riesgo porque dependes de la serenidad y estabilidad emocional del público, había gente que hasta se sentía culpable de ir al teatro. Esto me preocupa mucho.

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- Foto: KIKE TABERNER
- ¿Cómo ha cambiado la manera en la que el público se acerca al teatro?
- Cuando empecé a trabajar comunicaba la programación con un fax [ríe] Las artes escénicas siempre estarán en crisis, es verdad, pero es lo más vivo que hay. Cada actuación es distinta a la anterior, hasta la manera de respirar de un actor hace que sea una experiencia distinta. Esto el público lo nota. Evidentemente han cambiado mucho los medios técnicos o la comunicación, pero la esencia del teatro sigue siendo la misma: la verdad.
- Sin embargo parece que el mundo va en otra dirección: más velocidad, menos capacidad de atención...
- El mundo cambia, desde luego. Nosotros mismos vemos textos más novedosos, piezas de menor duración o, también, hemos incluido en nuestra programación cosas como los podcast en directo. En la pasada temporada, por ejemplo, programamos La ratonera, que estaba hecho con unos parámetros más cinematográficos. Al mismo tiempo, tenemos a El Brujo con el Lazarillo de Tormes o, hace poco, vi una pieza de Alfredo Sanzol en el Teatro Principal de cerca de tres horas, y también llenan. Y con público joven. Puedes darle la vuelta de mil maneras, pero al final lo que necesitas es que te emocione, tiene que ser auténtico. Cuando eso se produce engancha y tiene público.

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- Foto: KIKE TABERNER