Seis años después, Pablo Sebastiá ultima su regreso a la novela con 'Impío'

CULTURA

El periodista y escritor castellonense ha entregado a Norris&Bronson Editores su nuevo libro

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CASTELLÓ. En capilla. Así es como se encuentra el escritor castellonense Pablo Sebastiá Tirado en las semanas previas a ver publicada la nueva novela que nos regala y que llevará por título 'Impío'. Han pasado seis años desde que conocimos su último libro, un tiempo más que suficiente para que el vértigo por someterse al escrutinio de sus lectores pueda quitarle el sueño a este periodista y gestor cultural que, por sí mismo, bien podría ser un personaje de cualquier relato que sucediera en las calles de Castellón. Conocido y reconocido en la capital, nos saca en esta ocasión de la ciudad para llevarnos de aventuras por Oriente Próximo y Asia Central.

Lejos de haber permanecido en silencio durante este tiempo, Sebastiá ha compaginado la escritura con nuevos proyectos profesionales y ha dedicado estos años a pulir, corregir y reconstruir obsesivamente una historia nacida, entre otras imágenes, del caos vivido en Afganistán tras el regreso de los talibanes al poder. Ahora, en estos momentos previos a la llegada de ‘Impío’ a las librerías, le preguntamos por cómo afronta este regreso a la novela, por el oficio de escribir y por un proceso creativo en el que, como él mismo reconoce, siempre están presentes los verbos “corregir y sufrir”.

-Han pasado seis años desde la publicación de tu último libro, 'La tetera de Russel'. ¿Cómo has vivido este largo periodo sin publicar una nueva obra?

-Ha sido un proceso largo. Muy largo. Desde la publicación de 'La tetera de Russell' hasta hoy, profesionalmente, me he dedicado a escribir y al mismo tiempo a iniciar la gestión de un espacio de eventos, gastronómicos y culturales en el Grao de Castellón, por lo que compaginar ambas tareas me ha supuesto, en ocasiones, un verdadero quebradero de cabeza.

-¿Han sido seis años sin escribir o seis años escribiendo sin publicar?

-Como te decía, escribiendo y trabajando sin parar. Han sido seis años de trabajo, sin prisa pero sin pausa.

-Estamos en un momento donde la rapidez y la presencia en redes lo es todo. ¿Es difícil permitirse el lujo de desaparecer durante una temporada?

-Soy consciente del riesgo que corro. Sé que algunos de mis lectores se han olvidado de mí. Me consta que unos cuantos volverán a leerme en cuanto se enteren de la nueva publicación, pero otros habrán volado para siempre. Seis años es mucho.

-¿Has cambiado como escritor durante este tiempo?

-Así es. El tiempo lo cura todo, sobre todo esa impertinente molestia que conlleva la premura. Siendo consciente de que me resultaría imposible tener una novela lista en dos o tres años, aproveché la ventaja que me aportaba la absoluta falta de presión por cumplir un calendario y trabajé los textos con mayor detenimiento. Quizá de manera incluso obsesiva. Escribir es corregir, y corregir es sufrir. Así pues, he sufrido mucho, en el buen sentido de la palabra, y he corregido una y mil veces. En las correcciones está la virtud. No sé si volveré a ser capaz de escribir una novela en dos años. Quizá este proceso de escritura y corrección exhaustiva ha venido para quedarse.

-¿En qué momento das con la anécdota o suceso que luego se convierte en ‘Impío’?

-No sé si existe un momento concreto. Sí sé que hay varios. Ver en todos los telediarios a miles de kabulís presas de la histeria y el terror tratando de salir de Afganistán cuando los talibanes retomaron el control del país fue uno de esos momentos.--Veo que publicas en una editorial distinta a Reino de Cordelia, que es la que publicó tus últimas novelas. ¿Se puede explicar el cambio, Pablo? 

-Norris&Bronson Editores es un despacho cultural de gran prestigio en el ámbito cultural valenciano del que tengo el honor de formar parte. En los últimos años hemos publicado al colectivo 12 plumas negras, en el que se encuentran periodistas y escritores tan conocidos como Jordi Sevilla, Javier Ruiz Taboada, Rosa Ribas, Lorenzo Silva o Pau Pérez Rico, entre otros muchos y notables. También hemos publicado, junto a la editorial Unaria, la colección Castelló Negre, con autores como Vicent Gascó, Julián Ibáñez o Pasqual Mas. Además, hemos trabajado otras publicaciones independientes. Es difícil volar más alto. Recientemente elaboramos, por encargo, el libro de los 150 últimos años de la ciudad de Castellón y creemos que ha llegado el momento de apostar con más fuerza si cabe por los trabajos literarios. ¿Qué mejor propuesta en esa línea que mi nueva novela?

Escribir es corregir, y corregir es sufrir. Así pues, he sufrido mucho, en el buen sentido de la palabra

-¿Hubo proyectos que empezaste y abandonaste antes de llegar a ‘Impío’?

-Sí. La novela 'Cordero de Dios', que pretendo recuperar, D.M, este año. Un thriller jurídico y eclesiástico que no dejará indiferente a nadie.

-¿Para ti, la escritura es necesidad, placer o sufrimiento?

-Las tres. Es necesidad. Mi cabeza no para. No podría vivir sin escribir. Es placer, pues disfruto mucho escribiendo e inventando mundos. Y es sufrimiento, o más bien disciplina, pues como he dicho antes, escribir es corregir.

-¿Esperas a que llegue la inspiración o te sientas a trabajar aunque no tengas ganas?

-Cuando hay que trabajar, hay que trabajar. ¿Acaso hay algún abogado, arquitecto, pintor, ingeniero o médico que no vaya a trabajar si no se siente inspirado? Como decía Cela, hay que trabajar, hay que sentarse a escribir. La inspiración ya llegará. Y lo ideal, como apuntaba Picasso, es que te pille trabajando.

-¿Tienes una rutina de escritura?

-Dedico las primeras horas de la mañana a escribir, a crear, y las de la tarde a corregir. Las últimas horas de la mañana y la tarde no las empleo en el proceso de escritura. Las mañanas me gustan mucho más. Son más animadas. El día despierta. Es un momento optimista, si es que los momentos pueden optimistas o pesimistas. La tarde me deprime un poco. Dejo de crear y me pongo a repasar. A corregir.

-¿Eres de planificar una novela antes de empezar o de descubrirla mientras avanzas?

-Ni lo uno ni lo otro. O lo y lo otro a la vez.

-¿Hasta qué punto hay cosas de tu vida, de tu día a día, en lo que escribes?

-El escritor respira la actualidad. Bebe de ella. La mastica como quien se atreve con un filete poco hecho. La realidad, vista por un escritor, es como la pantonera, está llena de referencias.

-¿El periodismo te ha enseñado a escribir ficción o, por el contrario, has tenido que desaprender algunas cosas?

-El periodismo ayuda, sin la menor duda. No en balde hay tantos novelistas que han sido antes periodistas. La capacidad de concreción, la atención por los detalles relevantes y la voluntad didáctica sobresalen.

-¿La realidad ofrece mejores historias que la ficción?

-La realidad ha superado con creces a la ficción. ¿Acaso pensaba alguien, hace veinte años, que viviríamos un tiempo como el actual? En lo político, en lo económico, en lo social y en lo cultural. La realidad ha alcanzado cotas altísimas de cinismo, de surrealismo y de paroxismo. George Orwell, Aldous Huxley, Philip K. Dick y Ray Bradbury se quedaron cortos. ¿Alguien en su sano juicio, allá por los años 90, se hubiera imaginado que personajes como Donald Trump, Javier Milei o Pedro Sánchez iban a acabar dirigiendo los destinos de millones de personas? ¿Alguien pudo pensar entonces que autores superventas como Isabel Allende, Arturo Pérez-Reverte o José Ángel Mañas iban a ser sustituidos en las mesas de novedades de las librerías por Terelu Campos, Sandra Barneda o Belén Esteban? El mundo se ha vuelto loco. La posmodernidad era esto.

El escritor respira la actualidad. La mastica como quien se atreve con un filete poco hecho

-Solo una pregunta referente a la trama de 'Impío', Pablo. ¿Está de alguna forma Castellón presente?

--Sintiéndolo mucho, no. La novela transcurre, en su mayor parte en Oriente Próximo y Asia Central. Sus últimos pasajes nos traen a España, pero al norte. No puedo adelantarte nada más sin destriparla.

-¿Te preocupa cómo recibirán los lectores esta nueva novela? 

-Quizá estuve tranquilo cuando publiqué 'Reikiavik', en 2018. Era una novela a caballo entre el género negro y la ciencia ficción. Intuía que iba a ser un éxito. Con 'La tetera de Russel' estuve algo más inquieto. Se trataba de un texto que imaginaba que gustaría a muchos lectores y horrorizaría otros, como así fue. Terminó dándome la inmensa alegría de quedar finalista del Premio Celsius de la Semana Negra. Con 'Impío' no sé qué pasará, la verdad. Es una novela ambiciosa. Los lectores cero me han dicho, quizá con demasiada alegría, que va a ser un pelotazo. Veremos.

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