VALÈNCIA. Cuántas veces deseamos de pequeños ser mayores y poder experimentar de verdad- y no a través de un juguete- lo que era llevar un negocio, una casa o tener una vida independizada. Quizá sean las mismas que, una vez alcanzada la edad adulta, recordamos con cierta envidia aquellos años en los que todavía no nos preocupaba entenderlo todo. Pero más allá del hartazgo que puede provocar la vida adulta, hay otra razón para querer volver atrás: la oferta cultural que tienen hoy a su alcance los más pequeños.
Dan ganas de volver a ser una niña cuando el plan es escuchar a una banda de rock en el Museu de Belles Arts de Castelló, hacer el ‘idiota’ siguiendo las prácticas de Esther Ferrer o La Ribot en Espai LaGranja o ver cómo una montaña de ropa se convierte en personas, recuerdos y nuevas historias en Carme Teatre.
La primera de esas citas será este domingo 11 de octubre, a las 12.30 horas, en el Belles Arts de Castelló con el concierto de Billy Boom Band dentro de Bitxos, el ciclo familiar de Formiguer Produccions. El sábado 17 llegará a Espai LaGranja 7 maneres de fer l’idiota, de Taller Placer, mientras que LaMona Danza representará Memorias de trapo los días 17 y 18 en Carme Teatre. Después de la función del sábado, además, las familias podrán experimentar con algunos de los tejidos y elementos de la propia obra.
Y estas son solo algunas de las opciones. A ellas se suman, por ejemplo, A cau d’orella, la pieza de arte sonoro de Cuneta que puede verse este sábado y domingo en La Máquina Teatro; Pantonas, el ciclo del EACC en el que diferentes creadoras castellonenses comparten su técnica con los niños; o Kiefer: ver, oír, crear, la visita-taller que el Centro de Arte Hortensia Herrero celebrará el 24 de octubre, a partir de las obras de Anselm Kiefer expuestas en el centro para explorar las relaciones entre la pintura, la poesía y el sonido.
Cada vez hay más puertas de entrada a la cultura para los más pequeños. Propuestas que mantienen los lenguajes y procesos propios de la creación contemporánea, pero dejan espacio para que los niños experimenten con sus materiales, se muevan, escuchen, interpreten lo que ven o lo lleven hacia lugares que sus creadores quizá no habían previsto. Una relación que permite descubrir qué encuentran los niños y niñas en la cultura, pero también todo lo que su forma de mirar puede devolver a los propios artistas.
No hace falta entenderlo todo
Los más pequeños parten con una ventaja a la hora de acercarse a la creación contemporánea: todavía no sienten la necesidad de sobreanalizar todo. “Cuando somos niños no estamos tan preocupados por el significado de lo que hacemos, solo queremos que nos dé placer, nos provoque gusto o risa. Hacemos básicamente lo que nos gusta. Esa necesidad de darle sentido a todo está más presente en el resto de nuestra vida”, explica Vicente Arlandis Recuerda, de Taller Placer. Una libertad que el valenciano busca trasladar precisamente a 7 maneres de fer l’idiota.
El título no es casual. Arlandis relaciona la palabra ‘idiota’ con el desconocimiento y con el rechazo que a veces provoca aquello que no se entiende, especialmente en el arte. “Cuando mis amigos o mi madre no entienden lo que ven, dicen que es una idiotez”, señala. Frente a esa reacción, el taller reivindica la posibilidad de perder el sentido, equivocarse o hacer algo únicamente porque resulta divertido, aunque pueda parecer ridículo.
Desde LaMona Danza encuentran algo parecido en el carácter abstracto de la danza. Al no depender de un texto que explique qué está sucediendo, Memorias de trapo deja espacio para que cada espectador complete la historia desde su imaginación. “Hay una dramaturgia y un hilo que seguir, pero la danza deja la puerta abierta a la interpretación de cada uno”, explica Carmona. Y quienes entran con especial facilidad en ese lenguaje, donde los tejidos guardan recuerdos y la luz y el movimiento despiertan emociones, son los más pequeños. “La obra les abre el imaginario y les permite soñar porque no están tan condicionados como los adultos. Son una pasada como espectadores porque llegan ‘limpios’, sin tratar de comprender necesariamente todo lo que les mostramos”.

- LaMona Danza -
- Foto: RAFA NUÑEZ
Cuando la obra pasa a sus manos
Esa voluntad de que los niños y niñas no se limiten a contemplar el arte está también en el origen de Pantonas, el ciclo que Formiguer Produccions impulsa en el Espai d’Art Contemporani de Castelló. La propuesta invita a pintoras y creadoras locales a compartir directamente con el público infantil su forma de trabajar. No se trata de preparar una actividad al margen de su trayectoria, sino de convertir su técnica, sus materiales y su propio universo en el punto de partida de cada encuentro. Por el ciclo han pasado ya artistas como Rocío Álvarez, Verónica Fabregat, Marta Negre, Júlia Badia o Bonavista Taller y, en esta tercera edición, participarán Joaquina Moragrega -el 31 de octubre-, Laura Palau - 28 de noviembre- y Ana Vernia -19 de diciembre. Cada profesional prepara el taller desde su propia experiencia, pero son los participantes quienes terminan llevando ese lenguaje a su terreno.
“Nuestros proyectos parten de un mismo denominador común: que las propuestas tengan calidad y transmitan aquello por lo que siempre apostamos, una cultura con valores”, explica Ana Rico, impulsora de Pantonas. Otra de sus prioridades es que esta oferta llegue a todos por igual y, para ello, consideran fundamental el respaldo de las administraciones. En este caso, el apoyo del Institut Valencià de Cultura permite desarrollar tanto los talleres en el EACC como Bitxos, el ciclo de conciertos familiares que se celebra en el Museu de Belles Arts de Castelló. Cambia el vehículo -las artes visuales en un caso y la música en el otro-, pero no el objetivo de acercar la cultura a la infancia desde propuestas creadas específicamente para ella.
En Pantonas, además, cada encuentro mantiene la manera de hacer de la artista invitada. “Cada taller es muy diferente y en cada uno se utilizan materiales distintos, siempre desde el estilo de cada pantona. Lo que nos gusta es que cada niño lo integre libremente en su propia creación”, añade.
También 7 maneres de fer l’idiota parte de trabajos ya existentes, aunque en este caso los referentes proceden de disciplinas muy distintas. Taller Placer toma siete propuestas de artistas como Esther Ferrer, La Ribot, Erwin Wurm, Ragnar Kjartansson o Tino Sehgal y las convierte en ejercicios que las familias pueden rehacer con sus cuerpos. No se trata tanto de explicar quiénes son o qué significa su obra, sino de probar su manera de trabajar. En una de las prácticas inspiradas en Wurm, por ejemplo, los participantes utilizan un objeto para construir con su propio cuerpo una escultura que solo dura un minuto.

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- Foto: Formiguer
“El taller tiene más que ver con una manera de entender el arte que con una forma o disciplina concreta”, explica Arlandis. Por eso pueden convivir la performance, la danza, la escultura o el juego. Lo importante no es dominar una técnica determinada, sino repetir una acción, ocupar una posición extraña o construir juntos una situación que antes no existía. “Yo mismo me considero un bailarín muy indisciplinado, porque siempre he buscado una danza donde la disciplina y la técnica no fueran lo más importante. Las artes vivas tienen esta ventaja, que permiten crear desde muchos lugares”.
En Memorias de trapo, ese paso del mirar al hacer sucede después de la representación. La obra comienza con una joven que arrastra una montaña de tejidos en la que guarda los recuerdos de su historia. A medida que avanza, las prendas se convierten en figuras, animales o personajes y terminan construyendo una especie de refugio. En algunas funciones, como la que ofrecerán en Carme Teatre, la compañía prolonga la experiencia con un taller en el que las familias pueden trabajar con esos mismos materiales.
“Nos parece bonito compartirlo con el público y que ellos también puedan experimentar”, explica Carmona. El taller no se realiza siempre, pero permite que los niños dejen de observar cómo se transforman los tejidos y sean ellos quienes inventen nuevas formas e historias. “Durante la obra, cuando aparecen esas figuras con la ropa, se rien mucho, les gusta que se cree esa especie de magia y conseguimos que estén muy atentos”.
Las artistas también aprenden
Además del taller familiar, LaMona Danza ha empezado ahora a desarrollar una versión expandida de la pieza, adaptada a personas con diversidad funcional y planteada desde una proximidad todavía mayor entre intérpretes y espectadores. Para ello, la compañía de Cádiz ha trabajado junto a una coreógrafa especializada en este ámbito, revisando la pieza y buscando nuevas maneras de relacionarse con el público. Una de las primeras experiencias tuvo lugar en el Festival Bucles de València, donde la segunda función se dirigió específicamente a jóvenes con diversidad funcional.
“Es un vínculo mucho más cercano. Los vemos durante toda la función y después hacemos un coloquio para saber cómo les ha llegado”, explica Carmona, quien admite que también ellas -la obra la desarrolla junto a Elena Carretero- se llevan muchas enseñanzas tras el encuentro. “En una función que tuvimos recientemente en Cádiz, la madre de un niño autista me comentó que no sabía cómo iba a reaccionar porque nunca antes había ido al teatro, tenía miedo de que quisiera salir o no se encontrará bien. Pues bien, en un momento de la obra se levantó inquieto y su madre pensó que quería marcharse, pero en realidad trataba de acercarse al escenario. Después consiguió expresar que la función le había gustado, algo especialmente emocionante para su madre porque no suele comunicarse verbalmente. Se te ponen los pelos de punta”, reconoce Carmona. Reacciones como esta les han mostrado posibilidades de la pieza que no habían previsto y han reforzado sus ganas de continuar trabajando en esta versión expandida.

- 7 maneres de fer l’idiota
Para Arlandis, trabajar con la infancia supone precisamente eso: estar dispuesto a aprender. “En todas las carreras artísticas se habla mucho de desaprender, de olvidarnos de aquello que ya sabemos”, señala. Y en 7 maneres de fer l’idiota, ese proceso no afecta únicamente a quienes imparten el taller. La propuesta está pensada para que pequeños y mayores participen juntos, encuentren nuevas formas de jugar y pierdan durante un rato el miedo a equivocarse o hacer el ridículo. “La idea no es que los padres dejen allí a sus hijos, sino que todos hagamos el taller. Para mí, todo el mundo es un niño durante ese tiempo”.
También en Pantonas se produce un intercambio que va más allá de aprender una técnica. Muchos de los participantes han repetido en distintas ediciones y Rico destaca tanto la atención con la que trabajan como los resultados inesperados que consiguen. Aunque todos parten del estilo y los materiales de una misma artista, cada niño termina apropiándose de ellos de una forma distinta. “Los ves muy aplicados, con mucha técnica y con resultados sorprendentes”, señala.
Quizá por eso, concluye Arlandis, acercar la creación contemporánea a la infancia no consiste únicamente en enseñarles algo. “Si en las escuelas de arte se habla siempre de desaprender, los grandes maestros son los niños”. Una manera de recordar que, cuando entran en contacto, el arte y la infancia se transforman en ambas direcciones.