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Por qué las empresas no invierten en IA: menos de cuatro de cada diez la utiliza y además sin estrategia

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VALÈNCIA. Pese a que la irrupción de la inteligencia artificial copa gran parte de las conversaciones y protagoniza numerosos foros empresariales, su aplicación al día día de las compañías es todavía poco significativa y tampoco se prevé que lo sea en las planificaciones a corto plazo de las mercantiles.

Y para muestra de ello, dos datos de dos estudios diferentes: el 37,4% de las compañías declara utilizar herramientas de IA (y sólo de manera puntual y sin estrategia), según un estudio elaborado por CEV Valencia, y la inversión prevista para incorporar IA en los sistemas de trabajo en 2026 será inferior al 10% de su presupuesto para el 64% de las empresas analizadas por la consultora Seidor. Pero, ¿a qué se deben estas cifras?

La respuesta apunta a una combinación de factores que van desde la falta de formación y de talento especializado hasta las dudas sobre la seguridad de los datos, la dificultad para medir el retorno de la inversión y la ausencia de una estrategia clara de implantación. En definitiva, las empresas reconocen el potencial de la inteligencia artificial, pero todavía no encuentran la fórmula para convertirla en una herramienta de transformación real de sus negocios.

El estudio sobre la implantación de la IA en empresas de Valencia y su área metropolitana, impulsado por CEV Valencia y el Ayuntamiento de València y elaborado por la Universitat Politècnica de València (UPV), concluye que el principal reto ya no es acceder a la tecnología, sino integrarla de forma estructurada. Aunque más de un tercio de las empresas afirma utilizar herramientas de inteligencia artificial, la mayoría se encuentra todavía en una fase de pruebas o experimentación, con aplicaciones limitadas a la generación de contenidos, la gestión documental o tareas administrativas.

Según explica la catedrática de la UPV y experta en IA Nuria Lloret, el predominio de pymes y microempresas en el tejido empresarial valenciano favorece una adopción basada en herramientas accesibles y de rápida implementación, pero con escasa formalización y sin equipos especializados que lideren el proceso. Esto provoca que la inteligencia artificial se incorpore de forma aislada, sin objetivos definidos ni mecanismos que permitan evaluar su impacto en la productividad o en la competitividad de la empresa.

Las dificultades organizativas aparecen como el principal freno a una adopción más ambiciosa. La falta de formación de los trabajadores, las preocupaciones relacionadas con la ciberseguridad y la posible fuga de información, la calidad de los datos disponibles, la resistencia al cambio dentro de las organizaciones y la ausencia de políticas internas claras son algunos de los obstáculos identificados por las empresas encuestadas. A ello se suma un escaso conocimiento de la normativa europea sobre inteligencia artificial, el denominado AI Act, lo que evidencia que muchas compañías todavía no han comenzado a prepararse para el nuevo marco regulatorio.

Las conclusiones del barómetro elaborado por Seidor junto a la Cátedra de Empresa y Humanismo de la Universitat de València apuntan en la misma dirección. Aunque las compañías otorgan a la inteligencia artificial una relevancia de 6,5 puntos sobre 10 para el futuro de sus negocios, esa percepción positiva no se traduce en una apuesta económica decidida. De hecho, sólo una de cada cuatro empresas prevé incrementar entre un 10% y un 50% su inversión en IA durante 2026, mientras que los mayores esfuerzos presupuestarios se concentran en las organizaciones de mayor tamaño.

El estudio detecta además una importante brecha entre la importancia estratégica que las empresas atribuyen a la inteligencia artificial y su capacidad real para desplegarla. La tecnología está presente en las conversaciones de los equipos directivos, pero sigue faltando coordinación, liderazgo y formación interna para convertirla en una auténtica palanca de crecimiento.

Uno de los datos más significativos es que el 41% de las empresas desarrolla iniciativas relacionadas con la inteligencia artificial de forma individual y sin coordinación entre departamentos. Sólo el 23% cuenta con una responsabilidad centralizada para dirigir su implantación. Esta fragmentación dificulta la selección de proyectos prioritarios, la medición de resultados y el escalado de aquellas iniciativas que podrían generar un mayor impacto en el negocio.

Además, la inteligencia artificial continúa asociándose principalmente a la mejora de la eficiencia operativa. El 56% de las empresas identifica la automatización de procesos como su principal oportunidad de aplicación, muy por delante de otros usos relacionados con la innovación, el desarrollo de nuevos productos o la creación de nuevos modelos de negocio. Es decir, las compañías ven la IA sobre todo como una herramienta para ahorrar tiempo y recursos, no tanto como una vía para generar nuevas fuentes de ingresos.

El factor humano constituye otro de los grandes desafíos. Las empresas valoran con apenas un 5,2 sobre 10 su capacidad para acceder al talento necesario para aprovechar el potencial de estas tecnologías. Los programas de formación interna siguen siendo limitados y la promoción activa del uso de la inteligencia artificial entre los empleados es todavía reducida. En este contexto, los expertos coinciden en que la ventaja competitiva no dependerá únicamente de disponer de herramientas avanzadas, sino de contar con profesionales capaces de utilizarlas de forma eficaz y segura.

Los dos estudios coinciden también en señalar que la próxima etapa pasa por superar la fase de experimentación. La inteligencia artificial ya ha despertado el interés del tejido empresarial valenciano, pero su consolidación exigirá avanzar en gobernanza, capacitación y estrategia. En otras palabras, las empresas parecen haber asumido que la IA será determinante para su futuro, aunque todavía no han encontrado la manera de integrarla plenamente en su presente.

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