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Boom de Emisiones Corporativas en la Eurozona: ¿Anticipando la Estabilidad de Tipos del BCE en 2026?

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MADRID. En las primeras semanas de 2026, los mercados de renta fija europeos han sido testigos de un fenómeno poco habitual, un volumen récord de emisiones de bonos corporativos, por encima de cualquier arranque anual registrado. Solo en los primeros días de enero, las colocaciones globales de bonos alcanzaron aproximadamente 120.000 millones de euros en la eurozona, donde el segmento corporativo ha mostrado una actividad febril. Empresas españolas como Telefónica, CaixaBank, Banco Sabadell y Mapfre han captado miles de millones de euros en un periodo muy corto.

Esta avalancha inicial no es casual. Responde a una combinación de factores macroeconómicos favorables y, sobre todo, a una percepción creciente entre los responsables de tesorería de que el Banco Central Europeo (BCE) podría mantener los tipos de interés estables durante buena parte del año, o incluso contemplar subidas si la inflación sorprende al alza.

Un arranque récord: datos y tendencias

En el mercado europeo, un solo día —el 7 de enero— reunió al menos 28 emisores que colocaron bonos en 42 tramos distintos, captando alrededor de 61.000 millones de euros, un récord absoluto según Bloomberg. Esta intensidad se traslada al segmento corporativo, donde las proyecciones para el conjunto del año apuntan a un volumen de emisión en euros de hasta 485.000 millones, un incremento del 7%-10% respecto a 2025.

En España, el patrón es similar. Empresas como Banco Santander inauguraron el año con una emisión de 2.000 millones de euros en bonos sénior preferentes a 4 y 10 años, seguida por BBVA con otros 2.000 millones en deuda sénior no preferente. Cellnex, Telefónica, CaixaBank, Sabadell y Mapfre han sumado más de 8.000 millones adicionales en las primeras dos semanas, con demandas que triplican o cuadruplican los importes emitidos.

El volumen no se limita al crédito corporativo y la emisión soberana también marca récords. En paralelo a las emisiones protagonizadas por empresas, el Tesoro español ha arrancado el año con fuerza: acaba de captar 15.000 millones de euros en una emisión sindicada, con una demanda cercana a los 145.000 millones, más de nueve veces la oferta, en su primera gran operación de 2026. También la Comisión Europea inició su programa de financiación con una colocación sindicada de 11.000 millones de euros en dos tramos, atrayendo ofertas por más de 162.000 millones. 

Para el conjunto de la EuroZona, las emisiones brutas de deuda pública se estiman en más de 1,4 billones de euros en 2026, impulsadas por déficits fiscales persistentes en países como Alemania y Francia. Algunos analistas destacan que esta oferta soberana récord podría presionar al alza los rendimientos a largo plazo, empinando la curva de tipos y encareciendo las emisiones futuras.

La foto de conjunto es la de un mercado con un apetito notable por riesgo soberano y corporativo en euros… pero también con una oferta disparada.

En términos cuantitativos, el auge responde a una demanda intensa de inversores institucionales —fondos de pensiones, aseguradoras y gestores de activos— que buscan rentabilidades atractivas en un entorno de tipos estables.

Los diferenciales crediticios se mantienen ajustados: por encima de niveles prepandemia, pero aún competitivos, lo que permite a las empresas refinanciar deuda a costes más bajos. Por ejemplo, la emisión de Mapfre a 6 y 10 años, con cupones del 3,125% y 3,625%, refleja esta dinámica, con una sobredemanda superior a 5.250 millones de euros. Este contexto favorece operaciones grandes y diversificadas.

BCE: la estabilidad como escenario base

El núcleo de esta efervescencia emisora está en las expectativas sobre el BCE. Tras un ciclo de recortes que llevó el tipo de depósito al 2% y el de refinanciación al 2,15%, el consenso de economistas prevé una pausa prolongada en 2026. Una encuesta de Reuters indica que el 75% de los expertos espera estabilidad total, con una inflación proyectada del 1,9% para el año, cerca del objetivo del 2%. Las proyecciones del propio BCE, actualizadas en diciembre de 2025, sitúan la inflación media en el 1,9% en 2026 y en el 1,8% en 2027, lo que reduciría la necesidad de nuevos estímulos por parte del banco central.

Aun así, no se descartan riesgos al alza. Factores como el estímulo fiscal en Alemania —un paquete de hasta 500.000 millones de euros para defensa e infraestructuras— podrían impulsar el crecimiento económico por encima del 1,2%-1,4% previsto, presionando salarios e inflación subyacente. Miembros del BCE, como François Villeroy de Galhau, han calificado una subida en 2026 como “fantasiosa”, pero analistas de Deutsche Bank y Funcas ven posible un ajuste de 25 puntos básicos si se producen shocks inflacionarios. Los swaps de tipos ya descuentan un leve endurecimiento neto de 1-10 puntos básicos para finales de año en escenarios alternativos.

Esta incertidumbre empuja a las corporaciones a actuar pronto. Los tesoreros, conscientes de que los rendimientos a largo plazo podrían repuntar por la oferta soberana masiva, prefieren asegurar los costes actuales. Algunas previsiones señalan que la emisión neta, (incluyendo el quantitative tightening del BCE), ascendería a casi 900.000 millones de euros en 2026, un nivel que podría tensionar el mercado. En este sentido, el boom inicial no solo es oportunista: también es estratégico, al diversificar fuentes de financiación antes de que las condiciones se endurezcan.

¿Por qué esta avalancha? Más allá de la liquidez barata

Los factores que impulsan el auge emisor son diversos:

  1. Refinanciación de vencimientos: muchas empresas europeas afrontan vencimientos significativos en 2026-2027 y las condiciones actuales facilitan los “rollovers” a menor coste.

  2. Inversión (capex) en sectores clave: tecnología, IA y transición energética. Las reverse Yankees —emisiones en euros de compañías estadounidenses— han proliferado, atraídas por rentabilidades absolutas atractivas y diferenciales ajustados.

  3. Entorno fiscal expansivo: Alemania y otros países impulsan inversiones en defensa (hasta el 3,5% del PIB para 2035) e infraestructuras, elevando necesidades de financiación también en el ámbito corporativo.

  4. Fuerte demanda inversora: con tipos estables e inflación controlada, los bonos ofrecen rendimientos superiores a la media histórica, atrayendo flujos de instituciones que buscan duración y rentabilidad en un entorno de bajo riesgo de impago.

  5. Cobertura ante riesgos: tensiones geopolíticas, aranceles estadounidenses y un euro fuerte podrían alterar el panorama, incentivando emisiones tempranas. Janus Henderson prevé que el crecimiento moderado sostenga los bonos de alto rendimiento, aunque con mayor selectividad ante valoraciones elevadas. En España, este patrón se acentúa por la solidez del sector bancario, que concentra gran parte de las emisiones, apoyado por márgenes estables y bajos niveles de morosidad.

Implicaciones para inversores y mercados

Para inversores con un perfil de riesgo medio-alto, este boom ofrece oportunidades, pero también riesgos. En renta fija, la selección es clave, priorizar emisores con calificaciones sólidas y bonos ESG, que captan una prima adicional de demanda. Las estrategias activas ponen el foco en una gestión dinámica ante la posible volatilidad de los rendimientos.

Los riesgos, sin embargo, siguen presentes. Una subida del BCE encarecería la financiación y podría afectar a empresas más endeudadas. Además, la concentración de emisiones al inicio del año podría saturar el mercado y ampliar diferenciales si la demanda se enfría. 

Conclusión: Un año de transición en los mercados de deuda

El arranque de 2026 en el mercado de bonos corporativos europeo no es solo un récord estadístico: también refleja una estrategia de anticipación ante un BCE en modo “espera”. Con tipos estables y riesgos al alza latentes, muchas compañías han optado por asegurar financiación en condiciones que consideran óptimas. Para España y la eurozona, esto apunta a un año de crecimiento resiliente, impulsado por una política fiscal más expansiva y una demanda inversora firme.

Aun así, conviene mantener la vigilancia, si la inflación subyacente persiste o los rendimientos a largo plazo repuntan, el “rush” inicial podría dar paso a una fase más cautelosa. En última instancia, 2026 puede marcar el cierre definitivo de la era de tipos ultrabajos, exigiendo a los inversores un enfoque informado y diversificado.

 

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