La tecnología nunca fue gratis: aprender a pagar por lo que usamos

Opinión

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Publicado: 03/08/2026 · 06:00
Actualizado: 03/08/2026 · 06:00
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CASTELLÓ. Creemos que la tecnología es gratuita. Nunca lo ha sido.

En España tenemos una relación particular con el precio de la tecnología. Durante años, una parte importante de la sociedad normalizó conseguir música, películas y software sin pagar por ellos. La piratería no se vivía como robo, sino como ingenio. Después llegó internet y confirmó esa intuición: correo electrónico gratis, búsquedas gratis, redes sociales gratis, mensajería gratis. El mercado digital parecía funcionar bajo una ley física diferente al resto: aquí todo era abundante y todo era gratuito.

El problema es que esa gratuidad nunca fue real. Siempre hubo un precio. Lo que cambió fue quién lo pagaba y en qué moneda.

El modelo de negocio que sostuvo durante dos décadas la “gratuidad” digital se llama economía de la atención y de los datos. Google no te cobra por buscar porque tú no eres su cliente: eres su producto. WhatsApp no te cobra por enviar mensajes porque Meta llegó a pagar dieciséis mil millones de dólares por tus conversaciones, tus horarios, tu red de contactos y tus hábitos de comunicación. TikTok no te entretiene gratis: te extrae patrones de comportamiento que valen más que cualquier suscripción mensual. La pregunta no era si había un coste. La pregunta era si eras consciente de estar pagándolo.

Ese modelo empieza a agotarse. No porque las empresas tecnológicas hayan cambiado de ética, sino porque el negocio ya no cuadra igual. La inteligencia artificial generativa tiene un coste computacional enorme. Los servidores, la energía, los ingenieros, los datos de entrenamiento: todo eso cuesta dinero real que no puede financiarse indefinidamente con publicidad. Por eso ChatGPT tiene versión de pago. Por eso Google cobra por sus herramientas avanzadas de IA. Por eso el “freemium” se está convirtiendo rápidamente en “primero prueba, después paga”.

Y aquí llega la incomodidad cultural que muchos no hemos procesado todavía. Llevamos veinte años acostumbrándonos a no pagar por tecnología y ahora el mercado nos pide que cambiemos ese hábito. La reacción habitual es de extrañeza, incluso de indignación. ¿Cómo que tengo que pagar por esto? La pregunta revela, sin quererlo, cuánto hemos interiorizado algo que nunca fue cierto.

Pagar por tecnología no es un lujo ni una anomalía. Es lo mismo que pagar por electricidad, por agua o por cualquier otro servicio que forma parte de nuestra vida cotidiana. La diferencia es que durante años alguien nos escondió la factura detrás de nuestros propios datos. Ahora que esa factura empieza a aparecer en forma de suscripción mensual, nos parece injusto. No lo es. Lo injusto era el modelo anterior, donde pagábamos sin saberlo.

Aprender a pagar conscientemente por las herramientas que usamos es, en el fondo, una forma de madurez digital. Significa entender qué estamos usando, qué vale y por qué merece o no merece ese precio. Significa dejar de esperar gratuidad como si fuera un derecho y empezar a valorar los servicios que realmente aportan algo. Y significa, sobre todo, dejar de ser el producto para convertirnos en clientes con criterio.

Porque la única tecnología que de verdad es gratis es la que no vale nada.

Todo lo demás tiene un precio. La única pregunta es si estás dispuesto a verlo.

Jose Bort es presidente de Fundación E&S y autor de El Buen Emprendedor.

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