València

Jordi, el Julio Iglesias del sector inmobiliario

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A Jordi Sánchez-Tarazaga le gusta gustar. Este vendedor de pisos de alto standing pretende entrar por los ojos y luego por los oídos. No descuida tampoco el olfato y, por eso, tiene un perfume, con mucha madera, para el invierno y otro, mas cítrico, para el verano. Pero él sabe que su carta de presentación es el traje de cuadros rosa viejo confeccionado en la sastrería de Félix Ramiro en Madrid. Debajo lleva una camisa blanca y en los puños que asoman por las mangas se ven sus iniciales: JS. Hoy se ha puesto corbata, tirantes y unos mocasines con borlas, y nos mira por detrás de unas gafas con cristales amarillos que jura que ya tenía antes de que Marcos Llorente empezara a dar la turra con sus hábitos obsesivos. Está claro que Jordi no es un chaval de 26 años al uso.

El negociante lo tiene todo estudiado. Hasta que puede haber gente que le vea cursi con este atuendo o con su discurso. Entonces entra en juego su labia. En las redes sociales, donde se desnuda varias veces cada día, el precio que no le importa pagar por ser intencionadamente diferente, tiene una respuesta estándar para sus ‘haters’. Y a cada insulto, él responde lo mismo: Rezo por ti. Y al lado, un corazoncito.

Jordi viene de una familia de 11 hermanos y tiene preparados varios chascarrillos para responder a las preguntas que siempre se repiten cuando dice cuántos son en su familia. Ha aprendido también a ser fiel al catolicismo sin parecer un beato. Pero volvamos a la imagen, a la que da tanta importancia. “Es importante cómo te presentas a los demás, pero, sobre todo, cómo me presento a mí mismo. Porque yo, en el momento que me veo en el espejo y no soy yo mismo... Aparte que se nota. Yo no puedo forzar llevar un traje rosa. A mí me dicen qué guapo vas y yo siempre contesto: pues voy de lunes. Me pasa en las bodas y puede quedar pretencioso, pero le digo a todo el mundo que yo un lunes también visto así. Yo creo que en un mundo tan superficial como el que vivimos ahora, cualquier destello de autenticidad va a triunfar”.

No le importa la edad

Ya ha salido la palabra: el triunfo. ¿Y qué es el triunfo? Pues, de entrada, seguro que es uno diferente para cada persona. A Jordi le gusta vestir bien, echarse unas gotas de Ombre Nomade, un perfume de Louis Vuitton, y abordar a los clientes de frente. Sin importarle tener 26 años y tener que convencer a un hombre de 50 con una fortuna para gastar en un inmueble. Por eso se puso su primer traje el 15 de septiembre de 2022. “Es el día que me di de alta de autónomo y empecé a vender casas”, recuerda.

  • Foto: KIKE TABERNER

El triunfo, para él, no es vencer a nadie. “Yo solo compito contra el Jordi de ayer”, explica mientras se coloca la chaqueta sentado en una butaca del chalet en el que nos ha citado en mitad de Rocafort, un municipio salpicado de carteles de inmobiliarias, como si allí no paran¡an de vender y comprar casas. Jordi no tiene problema en explicar que su traje le costó entre 1.000 y 1.500 euros y que te puedes gastar hasta 40.000 si te apetece. “¿Me voy a hacer uno así algún día? Pues puede ser, pero ahora mismo no está en mis prioridades. Ahora prefiero dar la entrada para comprarme una casa”.

Si tiene un sastre de cabecera, cómo no va a tener un peluquero de confianza. O dos. Su sitio es Rafa y Pepito. “Son increíbles. Te cortan el pelo vestidos de Loewe, por la cara. O con un Rolex en la muñeca. Me gustó que estuvieran tan locos y nadaran a contracorriente. Yo voy cada mes y medio  y les pido que me corten el pelo y me dejen los ricitos de detrás. Es mi toque de rebeldía”.

A cambio no le preocupa nada su edad. “Un cliente nunca me lo pregunta para ver si le voy a aportar valor sino por curiosidad. La gente necesita validarse por eso, pero yo no. El mercado no pregunta qué edad tienes, ni a quién rezas. Te pregunta cuánto valor le vas a aportar. Yo siempre digo que a los ojos de Dios somos todos bien queridos, pero a los ojos del mercado no. Y eso es maravilloso y también es un golpe de humildad. Yo no valido a una persona porque lleve 30 años en el sector. Obviamente será una persona con experiencia, pero eso no significa que sea el mejor vendiendo”. Ahora que dice estar bien posicionado en el mercado inmobiliario, recuerda sus inicios con trabajos temporales pagados a seis euros la hora. “Yo no exigía, ni lloraba, ni me hacía la víctima. Para mí fue un trampolín para ir progresando día a día”.

Once hermanos 

La pregunta sobre cuántos hermanos son recibe un chiste instantáneo como respuesta. “Pues la última vez que pregunté éramos 11”, suelta a bocajarro. Luego habla de que la empresa de su madre se llama Solo somos 13, pero no cuenta que la que realmente tiene un gran número de seguidores es ella, Lourdes Álvarez, con 116.000 ‘followers’ de su cuenta @solosomos13, que barre a @aquijordi, con 25.000. “Mi madre es una crack”, asegura.

  • Foto: KIKE TABERNER

Él es el quinto de los once. “Me ha marcado muchísimo una familia tan numerosa. La familia son los cimientos de todo. Eso me ha permitido valorar cada céntimo, cada plato de comida, despertarte cada día… Ahora voy por la calle y cuando recibo un rayo de sol, doy las gracias. Porque damos todo por hecho y no debe ser así. Todo es un regalo. Nosotros hemos tenido una casa grande, pero yo compartía habitación con cinco chicos más”. Jordi ya se ha independizado. El vendedor inmobiliario vive de alquiler desde hace unos meses. No tiene muchos más amigos que puedan pagarse una casa.

Su padre es abogado y a los 18 años, cuando Jordi estaba perdido, sin saber por dónde tirar, entró en su despacho y se introdujo en el derecho laboral. “Lo hice porque no quería estudiar mucho. No era muy maduro. Yo no iba a clase. Pedía los apuntes y preguntaba a los que ya habían hecho ese curso qué les cayó en los exámenes, cuando tuve las preguntas de los diez últimos años me dediqué a estudiar eso una hora al día y aprobé. Así luego tenía tiempo para abrir mi marca de ropa: Giorgio Tara, de estilo italiano, que me chifla”.

Jordi se lanza ya sin necesidad de preguntas. Ha debido considerar que es el momento de transmitir su filosofía de vida. “En la vida hay que aprender todos los días. Yo me formo todos los días para aplicarlo a la vida. Yo vi que en la universidad no podía aprender mucho. Te están dando información de hace 10 años en un mundo tan cambiante como este”. Por eso le gusta decir, para provocar, que le faltan 2,24 euros para tener el título. La cantidad que tiene pendiente por abonar de los dos últimos años de carrera para un alumno de familia numerosa. “No lo necesito. Jamás en mi vida me han preguntado por mi título. Lo que me valida es el valor que aporto a una empresa. No creo que en la titulitis, creo en la cojonitis, que es echarle cojones a la vida”.

Trabaja desde los 16 años

Pero antes de ganarse una reputación como vendedor de viviendas de lujo, pasó por diferentes empleos. Primero, con 16 años, empezó a cuidar a los niños de otras familias numerosas de la parroquia, y luego fue vendedor, socorrista, profesor de pádel, empleado en un banco… “Yo me quería comprar un móvil y mis padres me decían que me las tenía que apañar. También he vendido muchas cosas por internet”.

  • Foto: KIKE TABERNER

Después llegó al mercado inmobiliario. “En segundo de carrera decidí que me quería dedicar al mundo de los negocios, que es lo que se me da bien. Entonces vi un vídeo en YouTube de un vendedor inmobiliario de Estados Unidos, Ryan Serhant, que era muy rompedor. Salía disfrazado, bailando, contando su día a día… Y me enamoré. Fue un flechazo. Vi aquel vídeo y me dije que iba a hacer eso en España. Hace cuatro años no era tan habitual ver a gente grabándose. Ese año empecé a estudiar inglés, a leer en inglés, a ver las películas en inglés, y me fui tres meses a un campamento a Pensilvania. A la vuelta me di de alta de autónomo y empecé a trabajar con una empresa inmobiliaria. Desde el primer día supe que quería cambiarlo todo. Si la mayoría va en una dirección, yo tomo la contraria. No digo que sea lo mejor, pero para mí es lo correcto”.

Sus primeros cuatro meses fueron ruinosos. Ni una sola venta. Un autónomo sin apenas ingresos que tuvo que activar el modo supervivencia. Jordi iba de reunión en reunión en coche y cuando llegaba la hora de comer, sacaba un bocadillo y se lo zampaba sin salir de su vehículo. “Pero tengo un gran recuerdo de aquella época”. Hasta que logró colocar un inmueble de la Patacona -él lo llama “activo turístico- por 320.000 euros. Su primera firma.

No tenía experiencia pero ahora, casi cuatro años después, considera que ya era bueno en sus relaciones con las personas. “A mis clientes les digo que solo hay dos cosas seguras en la vida: una es que todos nos vamos a morir, y la segunda, que me voy a dejar los cojones para vender su casa. No sé si lo voy a conseguir, pero me voy a dejar la vida en el intento. Aquellos primeros clientes no preguntaron mi edad. Ahora soy su ‘top of mind’ y cuando quieren hacer negocios, me llaman a mí, no al que lleva 30 años. La gente se vende muy bien en LinkedIn, con muchas palabras en inglés. Yo no. Yo pongo que soy vendedor (en realidad no: en su perfil pone Gestor patrimonial inmobiliario). Pero sí, aquella fue la primera venta de muchas.”.

  • Foto: KIKE TABERNER

A su particular manera de trabajar hay que sumarle los vídeos que sube a TikTok e Instagram. Ahí muestra lo que vende y así fue como le contactó su mentor, Rafa, aunque él prefiere llamarlo su padrino, para incorporarlo a Herenta Properties. “Ahí soy la cara visible de varios negocios que hay detrás, entre ellos esta parte de gestión de patrimonio enfocada en un tipo de activo inmobiliario. Y aquí estoy ya dos años contentísimo”.

Sus gustos musicales

Mientras tanto fue trabajando su marca personal, un perfil que podría parecerse a un Julio Iglesias que vende casoplones. “Yo no he venido aquí a dejar huella, yo no he venido a gustar o no gustar, yo he venido a solucionarte un problema. Hay clientes que no les caigo bien, muy pocos, pero como les vendo, me contratan y punto. Y luego, obviamente, hay muchísima gente que me adora con locura. Yo hago lo que no hace nadie, rompo con lo establecido. Yo no soy un Jordi empresario de lunes a viernes y luego un Jordi de fin de semana. Yo soy siempre el mismo. Soy Jordi. Y para entretener tienes que ser un poco showman, pero sin forzarlo; es parte de mi personalidad”.

Al principio, con pocos recursos económicos, cuenta, usando un eufemismo, que contrató a una persona “de prácticas” para que le grabara y editara sus vídeos. “Yo le pagaba con formación”, suelta sin pestañear. Ahora ya tiene un cámara profesional -que cobra, vamos- que le acompaña a todas partes. Ahora también está planeando hacer un podcast con entrevistas a grandes empresarios. Y más cosas que, dice, son secretas.

  • Foto: KIKE TABERNER

Muchos de sus amigos dicen que es un viejoven. Unos lo dicen por su aspecto. Otros por su fascinación por Julio Iglesias y Luis Miguel, los cantantes a los que se aficionó porque su madre los escuchaba en el coche. En la pandemia se agudizó su amor por el cantante español. “Me gustan sus canciones y lo que representa”, comenta y, antes de que nadie se lo diga, por su arraigo cristiano, como es muy despierto, se adelanta. “Aunque yo lucharé por tener solo una mujer…”. Tanto le gusta que se ha comprado un Mercedes SL 350 solo porque se parece a uno que tenía el padre de ‘Hey’ y ‘Soy un truhán, soy un señor’. “Y ahora me estoy haciendo unos zapatos a medida muy parecidos a unos que tenía él”.

Detrás de este joven en el que algunos verán a un snob, también hay un trabajador que cada día se levanta a las 5:45 horas. “Yo trabajo más que la media, pero también obtengo mejores resultados que la media. Yo he visto a mi padre llegar tarde de trabajar todos los días y, aunque no le apeteciera, iba a ver si sus hijos habían hecho los deberes. Igual que mi madre. Yo, como soy súper productivo, me hago la cena mientras escucho un podcast. Y a las 10 me voy a dormí, así descanso las ocho horas que tocan para levantarme antes de las 6 porque, para mí, las mañanas son muy productivas y le mando una reflexión a mis amigos, o me voy a nadar, o a trabajar la fuerza. Y para mí todo eso también es trabajar”.

Por la noche pierde fuelle. No le gusta mucho salir, aunque dice que mantiene su vida social con los amigos. Su argumento aquí también es sorprendente y cuenta que él piensa que Warren Buffett, “el mayor inversor de la historia”, seguro que no se va de copas todas las semanas, así que él tampoco. O cuando le proponen ir a un evento, él se hace otra pregunta: “¿Iría Juan Roig a este evento? ¿No? Pues yo tampoco”.

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