CASTELLÓ. Los representantes del sector cerámico español e italiano presentes en Coverings lanzan una firme advertencia sobre las posibles consecuencias de una nueva propuesta regulatoria de la Comisión Europea en el marco del ETS (Sistema de Comercio de Emisiones), relativa a la definición de los parámetros para el periodo 2026–2030. Desde la feria que se celebra estos días en Las Vegas, el sector agota el último cartucho para conseguir una respuesta de la Unión Europea ante sus reivindicaciones, aunque por ahora Bruselas guarda silencio.
Según Ascer, el mecanismo en revisión representa “de nuevo una decisión desconectada de la realidad industrial”, que podría generar efectos altamente penalizadores para una industria que ya se encuentra sometida a una enorme presión de costes, especialmente en materia energética.
Los nuevos benchmarks para la asignación de derechos gratuitos —diseñados para las instalaciones expuestas al riesgo de fuga de carbono— se calculan, de hecho, sobre la base del rendimiento de instalaciones de otros sectores industriales, incluidos aquellos que pueden utilizar biomasa como fuente de energía, recuerdan desde la patronal cerámica española. “Se trata de un enfoque profundamente erróneo”, señalan desde la patronal italiana Confindustria Ceramica, “porque el sector cerámico, por razones tecnológicas y limitaciones objetivas en la disponibilidad de recursos, no puede utilizar la biomasa como combustible alternativo”.
La aplicación de estos parámetros supondría una nueva y drástica reducción de las asignaciones gratuitas, con el consiguiente aumento de los costes asociados al ETS por emisiones que, en la actualidad, no pueden reducirse más debido a la falta de tecnologías disponibles en el mercado, advierten.
“Nos veríamos obligados a pagar un precio extremadamente alto por una transición que no estamos en condiciones técnicas de llevar a cabo en los plazos propuestos”, continúan fuentes de Ascer. “Es un mecanismo que penaliza a las empresas cerámicas más eficientes y avanzadas”.
Las consecuencias podrían ser graves: pérdida de competitividad, un riesgo real de deslocalización de la producción y la salida progresiva de las empresas europeas de los mercados internacionales, que ya son altamente competitivos y en los que operan actores no comunitarios, a menudo bajo prácticas de dumping medioambiental y social.
“En este contexto”, añaden ambas asociaciones, “desde una feria en Las Vegas es difícil creer que podamos seguir siendo competitivos frente a los productores locales en el mercado norteamericano. Sin un cambio de rumbo, el riesgo es que muchas empresas dejen de poder sostener sus exportaciones desde fábricas europeas”.
Ambos sectores instan, por tanto, con urgencia a la Comisión Europea a revisar el enfoque de esta medida, adoptando criterios realistas, tecnológicamente neutros y coherentes con las características específicas de los distintos sectores industriales.
Este es también el mensaje trasladado por las regiones de la Comunidad Valenciana y Emilia-Romaña, que la pasada semana presentaron en Bruselas el manifiesto titulado “Por el futuro de la cerámica europea”, un documento que recibió un amplio respaldo por parte de los principales grupos del Parlamento Europeo (S&D, PPE, ECR, Renew y Verdes).
Los sectores italiano y español concluyen que "seguiremos trabajando con las instituciones para salvaguardar nuestra industria, nuestros trabajadores y nuestros territorios”.
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