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Socio de Anaford en València

Enrique Lucas: «La IA obligará a redefinir roles»

El especialista en reestructuración de empresas y operaciones de M&A advierte que los despachos deben adaptarse a las nuevas herramientas para sobrevivir a la ola tecnológica sin dejar de apostar por el talento joven

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Vivir intensamente podría ser el título de una novela (de hecho, lo es, de una autobiográfica), pero también es el leitmotiv sobre el que pivota el día a día de Enrique Lucas (1984). Nieto e hijo de abogados, la herencia familiar puso en él la vocación en derecho fiscal corporativo. Tras haberse licenciado en Derecho y ADE en la Universitat de València, Lucas se ha convertido en un referente asesorando en reestructuraciones empresariales y operaciones de fusiones y adquisiciones (M&A).Varios reconocimientos respaldan su trayectoria, construida a base de muchas horas en el despacho y de trato con clientes. «Yo siempre digo que hay que vivir intensamente; trabajar intensamente, disfrutar intensamente con tu familia, disfrutar de tus aficiones intensamente, de tus amigos…Yo creo que se puede con mucha organización», asevera. 

Esa misma intensidad es la que ha marcado su hoja de ruta desde que comenzó su andadura en Uría Menéndez tras acabar su máster como número uno de su promoción en Madrid. «Iba a hacer prácticas durante dos semanas y, al final, estuve ocho años. Tuve una escuela maravillosa en el mundo de la abogacía», señala. Sin embargo, un pensamiento rondaba la mente de Enrique durante todos esos años: volver a València para montarse «algo propio». «El asesoramiento que yo hacía en Madrid estaba más enfocado en grandes corporaciones y yo buscaba algo más centrado en la empresa familiar y la pyme, que es el 99% del tejido empresarial», comenta. Aquel paso no fue improvisado. Según explica, había crecido viendo una relación con el cliente casi íntima, de confianza total, mientras que en su etapa en grandes despachos descubrió un nivel de excelencia técnica y profesionalización difícilmente igualable. De esa combinación surgió la idea de construir un proyecto propio que integrara ambas visiones.

El salto a Anaford

Así, en 2015, coincidiendo con un momento personal clave, decidió dar el salto. Fue entonces cuando retomó el contacto con el equipo de Anaford, a quienes había conocido tiempo atrás. La firma, de carácter internacional pero sin presencia en España, buscaba precisamente dar ese paso, y Lucas asumió el reto de liderar su implantación. Aunque la idea inicial pasaba por Madrid, él lo tenía claro: su proyecto vital y profesional estaba en València.

El arranque fue modesto, pero con una base muy definida. Junto a él se incorporaron perfiles de máxima confianza, muchos procedentes de grandes firmas, lo que permitió trasladar una metodología de trabajo ya contrastada. Con el tiempo, ese núcleo inicial fue creciendo con talento procedente de despachos de primer nivel, consolidando un equipo que combinaba experiencia y exigencia técnica con una cultura propia. De hecho, Lucas destaca que hoy ya han desarrollado su propia «cantera». Esa apuesta por el talento se produce en un contexto que el propio socio define como complejo. El sector vive un cambio generacional, no tanto por falta de capacidad, sino por una transformación en la mentalidad respecto al esfuerzo y al desarrollo profesional. 

Frente a ese escenario, en Anaford han optado por un modelo basado en la flexibilidad y la responsabilidad individual. «No existen horarios rígidos, sino una gestión del tiempo orientada a resultados, donde cada profesional organiza su jornada en función de sus necesidades, siempre bajo la premisa de que el compromiso con el cliente no se negocia», explica. Esta fórmula, según Lucas, permite compatibilizar la exigencia del sector con una mayor conciliación, sin renunciar a la excelencia.

En paralelo, el despacho ha experimentado un crecimiento sostenido desde su fundación. Una década después es una firma consolidada con varias decenas de profesionales y presencia en operaciones a nivel nacional e internacional. Lucas insiste en que ese desarrollo responde a la consecuencia natural de hacer bien el trabajo y poner el foco en el cliente.

Un mercado de M&A dinámico

En cuanto al mercado, especialmente en el ámbito de fusiones y adquisiciones, detecta un entorno todavía dinámico. Los fondos de inversión siguen teniendo liquidez y mantienen su interés en sectores como la salud, el agroalimentario o el ocio. A ello se suma el relevo generacional en muchas empresas, que continúa generando oportunidades de operación.

A su juicio, un factor que marcará el futuro inmediato del sector es la irrupción de la inteligencia artificial. «La IA te podrá generar un contrato de arrendamiento, hacer una due diligence, revisar contratos, pero no gestionar la parte emocional y de voluntades que implica una fusión o adquisición empresarial», sostiene. Además, en operaciones complejas, especialmente en M&A, la dimensión emocional y estratégica sigue siendo clave, y es ahí donde el abogado aporta un valor difícilmente sustituible. Por eso, más que una amenaza, entiende la tecnología como una herramienta que obligará a evolucionar y adaptarse. De hecho, Lucas advierte que su impacto será profundo y transformará la manera de prestar servicios jurídicos en un plazo relativamente corto.

En su visión más personal, Lucas insiste en la idea que atraviesa toda su trayectoria: el éxito no se mide únicamente en términos profesionales, sino en la capacidad de construir una vida equilibrada. Para él, disfrutar del trabajo, de la familia y del tiempo libre con la misma intensidad es la verdadera referencia. Una filosofía que, asegura, intenta aplicar cada día tanto dentro como fuera del despacho.

Formación & hobbies

 

Formación: Licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia, 2007. Máster en Asesoría Fiscal a Empresas (MAF). IE Law School, 2008. Graduado con honores.  

Hobbies: Lucas es un apasionado de la naturaleza y de los deportes que se pueden practicar en ese entorno. La caza y la pesca son dos de sus actividades favoritas, pero también saca tiempo para esquiar y montar a caballo. Fuera del ámbito deportivo, al que le dedica su tiempo de fin de semana, trata de disfrutar al máximo el tiempo con los suyos. Por ello, tiene la tradición de juntarse todos los días que puede con sus amigos para desayunar, ya que es el mejor momento del día (cuando los niños están en el colegio y antes de entrar a trabajar) para pasar un rato juntos. Las tardes las dedica a la familia una vez sale del despacho

 

* Este artículo se publicó originalmente en el número 136 (mayo 2026) de la revista Plaza

 

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