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La IA llega a la empresa, pero de aquella manera

Cada vez son más las empresas españolas que están dispuestas a invertir en inteligencia artificial. Otra cosa es que se estén tomando la molestia de formar a sus equipos o de rediseñar los puestos de trabajo y la estructura empresarial conforme a la nueva capacitación

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El Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad señala que en torno al 11% de las empresas españolas de diez o más empleados utiliza ya inteligencia artificial (IA). En las grandes compañías, el porcentaje asciende al 44%. Las cifras evidencian la progresiva consolidación de esta tecnología en el tejido empresarial nacional. 

Automatizar procesos, ganar en eficiencia operativa o aumentar la productividad para mantener la competitividad están entre las principales razones que empujan a las empresas a adoptar la IA. Sin embargo, numerosos estudios apuntan que la mayoría de las empresas españolas carece todavía de una estrategia nítida a la hora de aplicarla para integrarla en el modelo operativo y la toma de decisiones, más allá de la mera exploración. 

IA, ¿para todo?

Llama la atención que las empresas, siempre quejosas, se aventuren a hacer un desembolso tecnológico sin haber medido antes el impacto en la organización. El mediometraje documental de la Fundación Cotec para la Innovación Mis Derechos, Mi Futuro, realizado en colaboración con la Oficina de Agitación Cultural, recuerda quién está detrás de toda esta euforia por la IA: «Son programas de ordenador vendidos por empresas, no inteligencia, y no empresas cualquiera». 

Se refiere a compañías como OpenAI, Anthropic, Microsoft, Google o IBM. Existen dos características que comparten estas corporaciones: su tamaño descomunal y la prisa. Concentradas, mayoritariamente, en Estados Unidos y China, señala el documental que, por el momento, estas empresas siguen gastando más en el desarrollo de la IA de lo que están ingresando: «Están todavía en fase de quemar dinero y lo necesitan recuperar. Para eso tienen que meter la IA hasta en la sopa». 

Y eso es lo que está sucediendo. IA en las empresas, pero también IA en las aulas, para ver si los niños están atentos a las explicaciones del profesor; IA en los hospitales, para prevenir suicidios o apoyar un diagnóstico; IA en la cárcel, para conceder o denegar permisos penitenciarios, e IA en los aeropuertos, los coches, las casas, los electrodomésticos… Un lema que rige en Silicon Valley es el de La mejor manera de predecir el futuro es crearlo, y en ello están, diseñando el tablero y estableciendo las normas del juego, aun sabiendo que la IA es todavía un producto en fase beta y que comete errores.

El mercado de los prompts

La diferencia de la IA generativa de otras tecnologías es que trabajar con ella resulta fácil. Se basa en aprender a hablar con ella, hacerle preguntas y que te las formule a ti. En la jerga se conocen como prompts las indicaciones manuales o entradas de texto que introducimos los humanos a los sistemas de IA para obtener un resultado determinado: que nos escriba un texto, que genere una imagen, que nos haga la prospección de un producto antes de lanzarlo al mercado… «Puede ser una frase corta o algo muy detallado, pero siempre es la llave que determina la calidad del resultado», asegura José Luis Gallardo, autor del libro El poder del prompt.

En torno a esta especialidad, ha surgido un nuevo perfil profesional: el ingeniero de prompt, que es aquella persona que diseña, prueba y perfecciona las instrucciones para optimizar el rendimiento de los modelos de IA generativa.  

Pero también han encontrado su oportunidad de negocio distintas empresas. El mismo Gallardo fundó Promptea. La empresa la crea, en noviembre de 2023, como un simple repositorio de venta de prompts para ChatGPT. La plataforma ha ido evolucionando hasta convertirse en «un sistema que utiliza IA para crear prompts altamente efectivos: el usuario solo tiene que explicar con sus palabras qué quiere conseguir y Promptea lo traduce en una instrucción profesional y optimizada», explica el fundador.

Por su parte, el joven Javier Manzano creó Visionarius Agency. La misión, dicen, es democratizar el acceso a la IA empresarial y crear soluciones que funcionen e impulsen el crecimiento sostenible de sus clientes.

Más allá de nuestras fronteras, se han consolidado plataformas online especializadas en la venta e intercambio de prompts, donde los usuarios pueden encontrar indicaciones prediseñadas para diversas tareas y modelos de IA. PromptBase, PromptHero o Prompt Attack son algunos ejemplos. 

La formación del talento

Por otro lado, una de las razones que encuentran muchas empresas para eludir el uso de la IA es la falta de talento, carencia que, en algunos casos, intentan resolver las mismas organizaciones formando a sus equipos. Un ejemplo lo encontramos en la Comunitat Valenciana, donde se lleva a cabo un programa intensivo de formación en IA dirigido a los profesionales del Sistema Valenciano de Salud, que incluye a los principales hospitales de València y su provincia. Detrás del audiovisual y el educativo, el sanitario sería el tercer sector que lidera la adopción de esta tecnología, según el Observatorio de Recursos Humanos.

  • José Luis Gallardo, fundador de Promptea. 

 

Gran parte de la formación que están recibiendo los equipos laborales se centra en promptear. «Para los profesionales y empresas que usan IA de forma habitual (y cada día son más), la diferencia entre dominar el prompting o no hacerlo es enorme: marca un antes y un después en productividad, calidad de resultados y capacidad de innovación. Un buen prompting convierte la IA en un colaborador especializado; uno malo, en una caja de respuestas genéricas», es el argumentario de emprendedores como Gallardo.

Sin embargo, algunos especialistas consideran este entrenamiento demasiado superficial. «Reducir la formación en IA a aprender a hacer prompts es un error de base. Es como pensar que saber usar Excel es simplemente saber sumar. El prompt es solo la interfaz, la punta del iceberg. Lo verdaderamente crítico ocurre antes de teclear», sostiene Adrián Aira, CEO de Elev8.

Otro riesgo que conlleva el uso masivo de la inteligencia artificial  en la empresa es la custodia de la privacidad de los datos, muchas veces sensibles. De aquí que las sesiones formativas del Sistema Valenciano de Salud contemplen también aspectos éticos y legales en el uso de esta tecnología.

¿Solo para determinados perfiles y departamentos?

Para ISDI, escuela de negocios digital,  en poco tiempo la diferencia ya no estará entre quienes tienen acceso a la IA y quienes no, sino entre las organizaciones que saben incorporarla de forma integral a su modelo de negocio y las que la usan de forma aislada, táctica o superficial. Es verdad que estas tecnologías tienen un impacto real en la productividad, pero, como observan en esta escuela, «más velocidad no siempre significa más valor».

Señalan también en ISDI que el 35% de los perfiles que formaron en esta institución el año pasado correspondía a séniors y ejecutivos, mientras que el 40% eran profesionales con experiencia media. Solo el 25% eran perfiles júnior o recién graduados. Estas diferencias abren el debate sobre si la enseñanza de estas tecnologías debería permear en toda la organización empresarial o quedarse solo en algunos departamentos y perfiles concretos. 

  • Adrián Aira, CEO de Elev8. 

Adrián Aira lo tiene claro: «Si formas solo a un equipo, creas una isla de eficiencia que acabará chocando con la burocracia del resto de la empresa. La IA no es una tecnología de departamento, es una capa transversal, como lo fue internet en su día. Afecta a todo: desde operaciones hasta recursos humanos o finanzas. Evidentemente, la profundidad varía, pero la base debe ser común. Las empresas que realmente ganan con esto no solo forman empleados, están transformando su cultura operativa».

Y una vez formados, ¿qué?

Otra cuestión que se plantean muchos es qué hacer con los equipos una vez instruidos en el manejo adecuado de la IA. Lo suyo sería rediseñar los puestos de trabajo conforme a las nuevas capacidades y cambiar la estructura corporativa, un esfuerzo que parecen no estar haciendo las empresas. 

La situación la compara Aira con «darle a un empleado un Ferrari, pero obligarle a conducir por un camino de cabras lleno de procesos antiguos y KPI obsoletos». En la misma línea afirma que «la IA no es un ‘parche’ de productividad, es la oportunidad para rediseñar cómo funciona tu empresa».

Claro que, en esa reestructuración, podrían quedar fuera algunos perfiles, como está sucediendo ya a escala global y como demuestra la estadística de ISDI, con esos júniors y becarios que se dedicaban a hacer las tareas más rutinarias. Para que todo fluya y evitar ese país de subsidiados que algunos temen, habrá que actuar con cautela y pedir a las empresas un ejercicio de reflexión para que, más allá de la productividad, busquen el equilibrio y ejerzan como agentes de cambio y transformen sus procesos tradicionales en modelos eficientes con los que todos, o la mayoría, salgamos ganando. 

Aquí jugarán un papel clave los process architect, o los AI adoption manager, otros neonatos de la IA, «porque el principal cuello de botella de la IA no será la tecnología, serán los procesos de los equipos inadaptados», concluye Aira.   

* Este artículo se publicó originalmente en el número 137 (junio 2026) de la revista Plaza

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